martes, 27 de enero de 2015

Hay que ponerse en el lugar del otro... ¡Tenemos que aprender a convivir!

Artículo - Domingo, 11 de enero de 2015 – El pasado día 8 de enero, tras los lamentables sucesos acaecidos en París, escribí tres frases-reflexiones que tenían que ver con el atentado. Una de ellas: “Las palabras y los dibujos, si no insultan, incitan a la xenofobia o a la guerra, no hacen daño. Las armas, sí”, la compartí el día 9 en mi blog “Perlas de Luna”, también en Facebook. Ni me desdigo ni retracto de ella porque así es como pienso pero, quiero matizar algo o, dar a conocer lo que pienso “globalmente”, si es que esta es la palabra que mejor viene al caso.

Punto 1 – Lo primero de todo, lo principal, es que estoy en desacuerdo con todo tipo de violencia ya sea verbal, de género o la que se ejerce con las armas frente a personas indefensas.

Punto 2 – Todos los hombres somos libres e iguales ¡pero! Nuestra libertad acaba donde empieza la de la persona a la que tenemos frente a nosotros.

Punto 3 – La humanidad tiene que acabar con estos enfrentamientos caínicos que solo nos llevan a la destrucción, el odio, el miedo y el malestar mundial.

Ahora trataré de explicar más ampliamente estos “puntos” que son mis opiniones (quizás erróneas, tal vez no).
No aplaudo la matanza llevada a cabo en la revista satírica Charlie Hebdo, ni las que vinieron después en el súper mercado, ni las que vivimos con anterioridad: 11-S, 11-M, metro de Londres…, ni las que se suceden a lo largo de los últimos años en el mundo. Los radicalismos, sean del tipo que sean, tan solo aportan muerte y dolor.
Si los diseñadores gráficos, los cómicos, los autores de todo tipo saben que hay ciertos temas que son tabú, o que pueden herir sensibilidades e incitar a la violencia, o que en una determinada religión no está permitido representar el rostro y la figura humana y, menos aún, la de su Dios y la de su Profeta, ¿por qué redundar en ello? ¿Acaso no existen otros temas sobre los que hablar o criticar?
Hay veces en las que no solo se mofan de Mahoma, sino de Jesús, del Papa –o los Papas- así como de las más altas instancias ya sean del poder, personajes famosos, etc. Con esto no sé si lo que quieren es conseguir la risa fácil o una gran venta de ejemplares –en el caso de las revistas satíricas-. Pienso que, en muchas ocasiones, logran –tal vez sin mala intención- crear un malestar entre las personas que lo leen, lo ven o lo escuchan, que no es tan sencillo de borrar como puede ser un trazo a lápiz (que, en el fondo, siempre deja también una pequeña huella) y, ya no digamos cómo deberán sentirse los caricaturizados, imagino que con muy pocas ganas de salir de casa para exponerse a la risa ajena. ¡Es un atentado contra la honorabilidad y la reputación de las personas e instituciones que son objeto de esas mofas!
Me pregunto, en el caso que nos incumbe, si estos magos del cómic, de la sátira, son conscientes del posible daño que pueden llegar a causar; de hecho –y lo deploro, y lo condeno- ese daño se ha vuelto, en esta ocasión, en su contra en forma de muerte. ¡No tenían por qué morir, menos aún por unas viñetas y unos chistes poco afortunados…! Pero, su libertad de expresión, chocó de frente contra la libertad radical de otros que consideraron su trabajo ofensivo al dibujar a Mahoma, algo prohibido en el Corán (lo peor de todo es que, el nuevo número que salió ayer –día 14-I-2015- o anteayer, publica en portada una nueva imagen de Mahoma, en este caso doliéndose por el atentado. ¿No hubiera sido mejor obviar al personaje, su caricatura que, en el fondo y, a pesar de lo que opina, tiene cara de enfado –no se sabe bien si por las matanzas en sí o por qué- y poner en su lugar un nombre, u otra cosa, que nos confirmara de quién se trata pero sin dibujarlo? A eso yo lo llamo incitar de nuevo a la violencia. Es más, deja de ser libertad de expresión, por mucho que lo quieran vender como tal. Ahora, hasta los musulmanes moderados lo consideran una afrenta; de hecho, el periódico, con la nueva carátula, no se vendió en muchos países cuya religión principal es el Islam porque se han sentido agredidos, pero no son radicales, no toman metralletas para decir: “Eso está mal. No nos gusta que Mahoma aparezca en esas viñetas”. Sin embargo, los de Charlie Hebdo han hecho su agosto al sacar este número, que se lo han quitado de las manos en el resto del mundo y, ahora, considero que se organiza una polvareda que no sé a quién cegará ni hasta dónde va a llegar.
¡Tenemos que aprender a convivir!
¡Tenemos que respetar al otro!
¿Acaso no hay cristianos que no se sienten dañados y dolidos por viñetas en las que se toma a Cristo, al Papa –cualquiera de ellos- o a la iglesia (a pesar de sus graves y grandes errores) como protagonistas? ¿Existe algún católico, incluso que no sea practicante, al que le pareciese bien ver al papa emérito, Benedicto XVI abrazado al capitán de la guardia suiza con la frase que sobrevuela sus cabezas: “Por fin solos”, y el guardia suizo con dos corazones pintados en sus pupilas? ¿Eso es respeto? NO. Y lo digo, lo pienso y lo escribo con mayúsculas a pesar de que se trata de una persona que no es que me caiga bien, pero la respeto: por ser quien es, por la institución que representa y por su edad. La diferencia está en que en este caso, y en otros parecidos –imágenes del mismo Cristo, o de la Virgen, en situaciones nada delicadas-, como digo, en estos casos nadie ha tomado, ni falta que hace, una metralleta para vengarse de los maledicentes acallando para siempre su voz o sus pinceles y plumas. Pero ESO NO ES LIBERTAD DE EXPRESIÓN, porque infringe dolor, vergüenza, desazón… a millones de creyentes, de cristianos ortodoxos, católicos, luteranos, evangélicos, etc. Etc.
Desde que era niña en casa siempre oí: “Si no se quiere tener problemas cuando se está en comunidad, lo mejor es que no se toquen temas como la religión, la política o el fútbol; esas charlas suelen acabar mal”, es cierto, siempre hay alguien que opina todo lo contrario a lo que se haya podido exponer. Por mi parte lo tengo claro, me aplico el viejo refrán castellano: “Dos no se pegan si uno no quiere” y, por mi parte, como no me gusta pegarme, ni discutir –porque no sé, porque no me enseñaron, porque siempre suelo llevar las de perder, porque me pone tan nerviosa que acabo por enfermar- es por lo que prefiero dar la razón a mi oponente, aunque considere que no la tiene, cambio de tema ¡y tan amigos! Así debería de ser, al menos lo creo a pie juntillas.
Como final (que es redundar sobre lo expuesto más arriba): ¡dejemos de enfrentarnos! ¡Nadie tiene toda la razón! ¡Hay que dejar de dar mal ejemplo a los niños! ¿Qué estamos haciendo? ¿Es posible que no seamos conscientes de que, con este modelo de sociedad, inculcamos a los más pequeños, desde la cuna, desde el mismísimo vientre de sus madres, toneladas de odio y violencia? Muchos de esos niños fueron, incluso, concebidos a la fuerza porque a ellas, a sus madres, las reclutaron las guerrillas para eso, servir de paridoras de nuevos soldados, de autómatas entrenados para morir y matar; otros niños se destetaron entre bombas y odio; otros viven –malviven-, entre inmundicias, faltos de todo: comida, escuelas, ropa, medicamentos, incluso padres… Muchos de ellos trabajan desde su más tierna infancia o llevan colgado al hombro un fusil más grande y pesado que ellos mismos, son enviados a matar sin conocer el por qué.
Occidente, el mal llamado mundo civilizado, debiera ayudar. En lugar de proporcionar armas –cuya venta engrosa las arcas de los estados o de particulares-, en vez de azuzar estas guerras de guerrillas –que es una guerra a gran escala enmascarada y que, al final, acabará por llegar hasta nuestras puertas si no le ponemos freno a tiempo-, debería proporcionar los medios y enseñar cómo pueden mejorar: los cultivos, reconstruir las aldeas y ciudades asoladas por las guerras, curar las enfermedades… ¡Claro que, si se diseña una enfermedad y esta se deja “caer” en, por ejemplo, el corazón de África y el continente, de este modo, se despuebla poco a poco, siempre quedará libre para que en él se expandan los halcones que aguardan para hacerse con una presa tan preciada!
Entre todos tenemos que construir la Paz. Una Paz duradera. No sirven las palabras, las manifestaciones multitudinarias que, una vez disueltas, cada cual regresa a su casa y se olvida de lo sucedido pocos minutos antes, a no ser que seas uno de los afectados por la masacre y la sinrazón. Ese dolor te acompañará de por vida.
Sí, occidente debe reflexionar. En sus pecados lleva su penitencia. No podemos, ni debemos presumir frente a los países depauperados de lo “bien” que vivimos –unos más que otros-, porque más tarde, o más temprano, pagaremos nuestra osadía.
PAZ para los muertos, para todos ellos, incluidos los asesinos. Es preciso que nos pongamos en la piel del otro. ¡A saber qué pudo llevarles a tomar ese mal camino! ¿Quizás vieron demasiada sangre durante su niñez? Quiero pensar que no eran malos porque sí, maldad pura… Supongo que, en algún momento, pensarían en sus madres, en su familia, en que quisieron a alguien o eran queridos. ¡No puedo creer, ni quiero, que son simple y llanamente robots que están instruidos para matar!
Y no gritaré solo “Yo soy Charlie”, no.

También he de gritar: yo soy los otros muertos que cayeron con frialdad, como el policía del que casi no se habla, fui “11-S”, “11-M”, “7-J”, Palestina, Pakistán, Siria, Egipto, Congo… Y los fallecidos por el atentado que el grupo terrorista Boko Haram llevó a cabo la semana pasada en Nigeria. Atentado en el que fueron masacradas 2.000 personas. Atentado al que prácticamente no se le dio importancia, a pesar de que utilizaron como detonador de la bomba a una niña de 10 años, tampoco importó el número de víctimas: no eran conocidas, el mundo occidental no les lloró, los políticos de los países civilizados no se unieron para ir al frente de una marcha convocada ad hoc… ¡¡Hipócritas!!

¡Todos los muertos son iguales: víctimas de la barbarie!

Debemos recordar que NO todos los musulmanes son fanáticos, ni asesinos, son pacíficos; seres, en muchos casos, amedrentados por sus propios parientes, es preciso que esa minoría silenciosa levante su voz, que entre todos, reconvertidos en Gandhis del siglo XXI, gritemos contra esta barbarie, hombro con hombro, junto a los hermanos musulmanes.
¡Juntos, sin violencia, con la fuerza de la palabra, será posible desterrar la violencia!


Juana Castillo Escobar
Domingo, 11-I-2015 – 13,19 p.m.
Jueves, 15-I-2015 – 14,12 p.m.
Lunes, 19-I-2015 – 20,53 p.m.

Viernes, 23-I-2015 – 13,00 p.m.

Nota.- Este artículo, como se puede comprobar, fue escrito en distintas fases. Nació  como reacción al atentado que llevaron a cabo en la revista pero, a ese, le siguieron alguno más. Atentados que la prensa obvió... No tengo palabras para calificar "esa desmemoria". Como escribo casi al final : ¡Todos los muertos son iguales: víctimas de la barbarie!

Añado unas imágenes de otras portadas de Charlie Hebdo. 
Quizá a ateos y/o agnósticos, no les parezcan mal o supongan ningún problema ni ético ni moral.  
A mí me causan vergüenza ajena, además de resultarme soeces y maleducadas. 



lunes, 19 de enero de 2015

Incendios invernales

Artículo - Incendios invernales

Madrid, 19 de enero de 2015 – Juana Castillo Escobar.

Las últimas semanas se suceden, por diferentes puntos de la geografía española, una serie de incendios en edificios, en viviendas unifamiliares y/o en otras de pequeña altura que, según nos venden en las noticias, deben de ser causados por el frío. Un frío que lleva a las familias a mantener encendidos calefactores, estufas, braseros…, durante demasiado tiempo.
También comentan que esos aparatos, bien eléctricos, bien de gas, son los causantes de hacer que se prendan y aviven esos fuegos debido a una mala combustión. En ocasiones achacan la causa del incendio a cigarrillos mal apagados…
Quizás estén en lo cierto y no exista nada más... Pero, ¿no resulta muy extraño? Tan extraño como los incendios veraniegos que son el pan nuestro de cada día cuando llega el calor.

Me explicaré: doy paso primero a los últimos, bonito juego de palabras. Con los incendios veraniegos llegué a la conclusión –tal vez errónea- que no es posible, por muy altas que sean las temperaturas, por muy seco que esté el monte, que se formen esos graves incendios por generación espontánea. Temo que, tras esas catástrofes, se esconde la mano del hombre:

* por maldad –pirómanos-,

* por la mala praxis de los gobiernos que no cuidan las masas forestales –no las limpian, ni riegan, ni retiran las malas hierbas ya secas, ni la pinocha caída durante el otoño…, así, ni mantienen personal, ni han de pagar sueldos-,

* por insensatez –dejar caer una colilla aún encendida desde un vehículo en marcha-,

* por descuido –quema de rastrojos por parte de los agricultores-…
¡Por tantas cosas! Cosas que nos están dejando sin bosques, sin pulmones, sin vida.

Ahora me ceñiré al meollo de este artículo: los incendios invernales. Este año, que no se puede decir que es uno de los más crudos –los hemos sufrido bastante peores-, no hay día en el que no se escuche en las noticias, ya sea a través de la radio o en televisión, que en Bilbao ha ardido un piso en el centro de la ciudad, en Sevilla, en Madrid, en Barcelona, en Murcia, en Huelva…, en pueblos de los alrededores, en casi todas las provincias. ¿No es extraño? ¿Algo no huele a chamusquina? Porque, lo peor de todo son las pérdidas de vida, es que siempre hay muertos o heridos muy graves.
¿En todos los lugares en los que ardieron esas viviendas, esparcidos a lo largo y ancho del país, estaban en tan mal estado las estufas, braseros, chimeneas…? ¿Tan despistados son los fumadores que, por culpa de un cigarrillo mal apagado, solo quedan visibles los muelles del colchón sobre el que dormían?
Las víctimas han muerto: unas, asfixiadas al inhalar los humos; otras, calcinadas. Entre ellas no se puede decir –como nos relatan- que eran solo personas mayores, más proclives a olvidarse de las cosas como apagar un brasero, fijarse si las faldas de una mesita están demasiado cerca de una llama o, si una estufa de gas está en pleno rendimiento o presenta problemas. No. Han fallecido familias enteras, madres con sus niños, jóvenes, bebés, ancianos… Un amplio abanico de personas que hace que me pregunte: ¿seguro que las causas de tantos incendios caseros son debidas al mal funcionamiento de los aparatos? O, por el contrario, ¿no será que las malas condiciones económicas les llevaron a suicidarse en grupo, en familia? Porque, lo que no cuentan los informativos, es cómo vivían esas personas, cuáles eran sus medios de subsistencia. Tal vez en algún caso la pareja se encontraba en paro, sin poder dar de comer a sus hijos, sin ver un horizonte claro; quizás, otros, iban a ser expropiados, echados de su hogar por un banco que les hizo firmar una hipoteca impagable debido a la mala situación económica, los echarían a la calle dejándoles hundidos en la miseria, porque no es nada fácil el no tener con qué pagar una barra de pan para que coman tus hijos o, lo que es peor, sacarles de casa y vivir en una chabola o de la caridad de algún pariente, en general de los abuelos que, con sus humildes pensiones, ayudan a sacar a flote una familia que se desquebraja.
¿Quién no supone, entonces, que más de uno tome el camino, nada fácil, de acabar con todos los problemas de ese modo tan radical?
Aquí les dejo la pregunta. Respóndase en conciencia. ¡Quién sabe lo que sucede en la casa del vecino!

Juana Castillo Escobar
Madrid, 19 de enero de 2015


sábado, 17 de enero de 2015

PERSPECTIVAS ÍNTER CULTURALES: "Bibliotheca Universalis"





CLH - UN PROYECTO MEGALÍTICO ENTRE HOY Y MAÑANA

Por Daniel Dragomirescu
Editor general de CLH

Como siempre, en estos tiempos especiales, estamos pensando en ustedes, nuestros queridos amigos, con gratitud. Por su presencia, la solidaridad y la participación activa, nuestro equipo editorial fue capaz, este año, para continuar su tarea más importante y compleja en mejores condiciones y para tener mejores resultados. En general, 2014 significó para CLH: 6 temas nuevos (desde no 39 a 44.); nuevos colaboradores y lectores de todo el mundo; el cuarto "Intercultural Primavera", un evento literario, artístico y editorial anual, organizado por CLH en Bucarest desde 2010; y una relación más estrecha entre la revista y de la Universidad de Bucarest, representada por la Prof. Lidia Vianu y su MTCN, por un lado, y por Monica Manolachi y sus colegas, estudiantes y traductores, por otro lado. Un logro importante del año que ahora termina comenzaba el proyecto "Bibliotheca Universalis", una colección de libros bilingües y multilingües (poesía, prosa, ensayos) por autores y colaboradores de todo el mundo de nuestra revista internacional. En "Aula Magna" y "ex aequo", las dos series de "Bibliotheca Universalis", se incluyen más de 50 poetas, novelistas y ensayistas:

- Neil Leadbeater, Douglas Lipton, Martin Bates, Katherine Gallagher, Mike Bannister, Paul Sutherland, Sally Evans, Morelle Smith, Peter Thabit Jones (Reino Unido)
- Alex Kudera, Burt Rashbaum, Peggy Landsman, Donald Riggs, John Tischer, Stephanie Branson (Estados Unidos)
- Donald Adamson (Finlandia)
- Sonia Kilvington (Chipre)
- Raymond Walden (Alemania)
- Luís Ángel Marín Ibáñez, María Isabel Guerra García, Antonio Arroyo Silva, Aquiles García Brito, Félix Martín Arencibia, Juana Castillo Escobar, Anna Rossell, Rocío Espinosa Herrera, Rosario Valcárcel (España)
- Edith Lomovasky (Israel)
- Calogero Restivo, Ettore Fobo, Claudio Sottocornola (Italia)
- Jean Taillabresse (Francia)
- Natalia Canais Nuno (Portugal)
- Pedro de Rijk, Albert Hagenaars (Holanda)
- Marina Centeno (México)
- Luis Benítez, Martín Sosa Cameron (Argentina)
- Andrés Morales, Theodoro Elssaca, Astrid Fugellie, Carmen Troncoso (Chile)
- Dante Gatto, Oziella Inocêncio, Gilvaldo Quinzeiro (Brasil)
- Masud Khan (Bangladesh-Canadá)
- Abiola Olatunde (Nigeria)
- Chokri Omri (Túnez)
- Mihai Cantuniari (Rumania)
- Trajano Vasilcău (República Moldova), y otros.

Aproximadamente 20 de estos autores ya están publicados en la serie, o están listos para ser publicado pronto. En Reino Unido, España, Finlandia o Uruguay, se recibieron estos libros bilingües con interés y consideración. Si el objetivo de erudito medieval, Conrad Gessner, iniciador y autor de un "Bibliotheca Universalis" (1545 - 1549), fue una bibliografía alfabético "que aparece todos los libros conocidos impresas en latín, griego o hebreo" (cf. Wikipedia), nuestro proyecto es más completo desde todos los puntos de vista.
En 2015, el equipo editorial de CLH continuará creciendo, y para agregar nuevos y positivos logros de su reputación intercultural. No fue fácil, en el período 2008-2009, que empezar de cero tal obra megalítica, y no es fácil, incluso ahora, pero con la solidaridad de nuestros colaboradores y amigos, y constantemente dirigida por nuestra creencia de que lo que tenemos que hacer juntos Es una buena y útil contribución a la cultura contemporánea local y global, tenemos una oportunidad real de ser siempre más valioso y más apreciado por lo que hemos hecho - así como para lo que vamos a hacer. En este nuevo año, queremos ofrecer a nuestros lectores nuevos y mejores temas de CLH. Vamos a seguir para promover autores interesantes de diferentes países del mundo con el fin de confirmar y sostener nuestro objetivo con respecto a una unidad cultural en la diversidad. Nuestras versiones multilingües serán más precisas. Del mismo modo, la editorial y el diseño gráfico de la revista serán mejores. En abril de 2015, habrá una nueva "primavera Intercultural", organizado por CLH en colaboración con el Museo Nacional de Literatura Rumana en Bucarest. Si esto va según lo previsto, será una buena oportunidad para presentar una serie de libros de "Bibliotheca Universalis", con la participación directa de algunos de los autores. Sin duda hay libros valiosos y talentosos escritores, que deben darse a conocer por nuestro público, nuestras instituciones culturales y editoriales.
No podemos concluir esta breve presentación, sin expresar una vez más nuestro agradecimiento a nuestros colaboradores y amigos de la Unión Europea, Estados Unidos, América, la India y África - estos valientes promotores de nuestro proyecto intercultural. ¡Un agradecimiento especial a nuestros traductores de la Universidad de Bucarest y de todo el mundo! De razones editoriales, sus nombres no se mencionan aquí, pero se han incluido, por orden alfabético, en CLH 6 (44) / 2014, en un lugar de honor. Para todos nuestros amigos, colaboradores, autores y lectores, tenemos este cordial y muy especial saludo: ¡Feliz Año Nuevo Intercultural 2015! Juntos somos una fuerza capaz de traer al mundo entero juntos en una revista, en una biblioteca, en un proyecto intercultural global. Bucarest, 2014
Correctores: John Tischer (México),

Douglas Lipton (Reino Unido), Adela Catană (Rumanía)

jueves, 8 de enero de 2015

Frase-Reflexión nacida de la más negra actualidad


Imagen cedida por su autor: Velayudhan Bhuvanan del estado de Kerala, India, para su difusión

Título TERRORISM IN FRANCE

Las palabras, y los dibujos, si no insultan, incitan a la xenofobia o a la guerra, no hacen daño. Las armas, sí.

Juana Castillo Escobar - 8-I-2015
(Frase - Reflexión nacida tras los asesinatos ayer en París de varios ilustradores de la revista satírica Charlie Hebdo, de un policía y de los heridos tras el atentado)


miércoles, 24 de diciembre de 2014

Un relato para Fin de Año - Feliz Año Nuevo 2015

LAS BUENAS INTENCIONES


Juana Castillo Escobar

¡Cómo pasa el tiempo! ¡Cuán rápido vuelan los años! De nuevo llega otra Navidad y otra Nochevieja. Recuerdo las Nocheviejas en casa de mis padres: todo eran risas, jarana y buenos deseos. Mi madre acostumbraba, desde tiempo inmemorial (pues se lo veía hacer a su abuela), a darnos una hojitas de papel en blanco, en ellas anotábamos todos y cada uno de nosotros nuestras "buenas intenciones" para el año que pronto iba a comenzar. Después, doblábamos el papel y poníamos nuestro nombre bien visible. Cuando la última campanada de la media noche había sonado, tras descorchar las botellas de sidra y haber acabado de tragarnos los restos de uvas, darnos los tradicionales besos y abrazos, mamá sacaba la bombonera de las buenas intenciones. Volcaba sobre la mesa los papelitos del año anterior y, con gesto solemne, íbamos depositando en el vacío recipiente las propuestas para el nuevo año. Después nos repartía las hojas atrasadas, las leíamos y comprobábamos si todo lo que nos propusimos el año anterior lo habíamos llevado a cabo. Para finalizar, lo quemaba en un cenicero de cristal.
También recuerdo cómo un año, ya en mi adolescencia, no devolví la hoja y la guardé en mi diario. ¿Por qué quemarla? En ella, con letra pequeña, redonda, aún infantil había escrito: "Este año debo esforzarme más en todo: en estudiar, arreglar mi habitación, no gritar al hablar, no tener tan alto el volumen de la cadena musical..."
¡Qué chorradas! ¡Se nota que era pequeña! De todo lo que me propuse, aunque parezca mentira, creo que tan sólo cumplí con lo de estudiar. La habitación estuvo arreglada uno o dos días (tenía que hacer sitio para lo que llegara por Reyes), después volvió a ser la leonera que tanto disgustaba a mi madre. Creo que continué hablando a gritos con mis hermanos, eso no lo recuerdo bien; lo que sí recuerdo es que los discos que les cogía a mis hermanos de "Los Bravos", "Fórmula V" o "Los Pekenikes" continuaban atronando desde los altavoces.
Hoy en día, ya casada, continúo con la ancestral costumbre de mamá: guardar las buenas intenciones, de un año para otro, en una bombonera de cristal y quemar, con fuego purificador, las pasadas.

Y, de nuevo, Nochevieja. Todo el día metida en la cocina, guisando y buscando platos nuevos para dar gusto a todos los comensales. Trajinamos en ella, mi marido y yo, casi sin parar. El tiempo vuela, la familia está a punto de llegar y el niño pronto a levantarse de su larga siesta. Hoy es su primera Nochevieja en familia. Nos arreglamos, después al niño y, antes de que el bullicio no nos deje hacerlo, anotamos nuestras intenciones para el año próximo y las dejamos, provisionalmente, en un cajón.

"Yo quisiera -escribo- que todo salga bien. Que los deseos de paz, amor y felicidad que tanto manejamos en estas fechas se cumplan. Pienso que debo ser más paciente con mi familia política. También me gustaría que mi cuñada no fuera tan plasta, ni mi suegra tan exigente..." Pensándolo bien, la verdad es que han variado poco con respecto a las del año pasado.

La familia ha llegado. Todos traen cara de júbilo.
- ¡A cenar, que es gratis! -dice uno de los invitados. El resto ríe la broma.
Ya sentados en torno a la mesa, da comienzo la ceremonia de la cena: sirvo caldo gallego para los más frioleros, salpicón de marisco para los más atrevidos, bacalao con tomate para los amantes del pescado... Una serie de platos distintos para que puedan elegir. Se oye la voz de mi suegra, como siempre agria, entre el bullicio general:
- Este caldo está frío.
- No se preocupe, abuela, ahora mismo se lo caliento -y corro solícita hasta la cocina.
Cuando regreso es mi cuñada la que habla:
- ¿Son congelados estos langostinos? -Nadie responde, ella continúa-: Es que, por el tamaño que tienen..., os han debido costar caros.
Mi marido la mira y mira a su hermano quien, por debajo de la mesa, da un empellón con la rodilla a su mujer para que se calle.
El ambiente se está caldeando. ¿Es que siempre va a ocurrir lo mismo? Al cabo parece que todo se calma y cenamos en paz (por el momento). Quedan pocos minutos para que den las doce de la noche, la familia ríe: unos cuentan las uvas, no vaya a ser que les haya caído alguna de más; otros las pelan; otros cambian impresiones... En esto se escucha nítidamente:
- Mamá, caca.
Todos callan y miran hacia la esquina de la mesa. Mi hijo repite:
- Mami, caquita. El culete tene caquita.
- Por favor, cariño, ¿no puedes esperar sólo un poquitín?
Pero el olor me dice que no puede esperar, y él también. Insiste. Tira de mis mangas, de la falda. Me estoy levantando cuando mi cuñada ataca de nuevo, con voz avinagrada exclama a los cuatro vientos para que se le oiga bien:
- ¡Qué niños! ¡Pero qué mal educados que están!
La miro, me callo y, con el niño casi en volandas, salgo del comedor. Voy echando chispas y deseando que todo acabe y se marchen a sus casas porque, creo, no voy a poder aguantarme ni un sólo minuto más.
Cambio al niño de pañal y regresamos al salón. Mi hijo está excitado porque es el primer año, de sus dos de vida, que se queda levantado hasta tan tarde, ríe y da palmas. Cuando todos estamos comiendo las uvas nos mira embobado; supongo pensará que todos estamos chiflados porque a uno se le atraviesa un hollejo y hace unas muecas horribles; otro trata de no ahogarse; otros, como yo, estamos al borde del ataque de risa y nervios y, a otros, les rezuma el caldo por las comisuras de los labios.
Ha sonado la última campanada. Se descorchan las botellas de cava. Todo son risas, besos, entrechocar de copas y, según parece, felicidad. Mi cuñada coge en volandas al niño y lo estruja, a él no le gusta y con su sonajero de colores le arrea un golpe en la cabeza. Casi me lo tira al suelo al soltarlo, de tan mala leche lo hace que se tambalea y la que se cae es ella.
¡Para qué contar ni decir lo que salió por su boca!
Yo quería aguantarme la risa, lo conseguí parapetándome tras el niño. Los demás reían abiertamente. Mi suegra, sentada en el sillón, la mira y con voz temblona dice:
- ¡Pobrecita, con lo mayor que es y qué forma más idiota de caerse!
Después soltó una sonora carcajada. Se ve que no le tiene mucho aprecio. ¡La que se lió fue de campeonato! ¡Menos mal que se marcharon pronto y nos dejaron en paz; sino, no sé cómo habría acabado todo! Lo que sí sé es que, para el próximo año, procuraré no pasar la Nochevieja en casa.
Acostamos al niño, que no quería dormirse por la excitación del día. Por fin cayó rendido después de cantarle unas cuantas nanas. Mi marido y yo regresamos al salón. Parecía que había pasado un huracán por él. Saqué la bombonera y, de ella, las buenas intenciones del año anterior. Sin leerlas las quemé. Mi marido me miró y me hizo un guiño:
- ¿Qué has puesto para este próximo año?
- Lo mismo que el anterior -le respondí-, pero creo que voy a variar el texto que había redactado antes.
- ¿Y, se puede saber qué se te ha ocurrido? Porque, si me gusta, te plagio. Tampoco yo he conseguido todo lo que me propuse hacer.
- Pues te diré que mis buenas intenciones serán: hacer un largo viaje hasta Orión o las Pléyades. Y, tal vez, con un poco de suerte, nos trague un agujero negro y no regresemos en muchos, muchos años. ¡Ah, y ojala al otro lado las cosas sean mejores o, como mucho, distintas!

Madrid, 2005



Nota.- Este relato está publicado en la antología: "En femenino plural... (relatos de mujeres para todos los púbicos)", creo que, para estas fechas, es la historia más apropiada para compartir.
¡¡Felices Pascuas, Feliz Año Nuevo 2015 y feliz lectura!!

Nota 2.- El relato me lo publican también, el 12-I-2015, en el blog de ASOLAPO-ARGENTINA, en el siguiente enlace: http://elblogdeasolapoargentina.blogspot.com/2015/01/las-buenas-intenciones-juana-castillo.html


¡¡FELIZ NAVIDAD!!


domingo, 26 de octubre de 2014

ÉBOLA

Virus del ébola - Imagen obtenida en Internet 

Madrid, 26 oct. 2014 – ÉBOLA - Nombrar la palabra ébola en nuestro primer mundo, hoy día, es como señalar otros demonios tales como el cáncer o el sida. Eso ocurre hoy. Hace apenas medio año, el ébola era una enfermedad endémica de una zona determinada de África, nada más. Y, un par de años atrás, ni se hablaba de él, ¿para qué? Solo diezmaba a poblaciones del interior del continente africano, poblaciones a las que nadie iba, de las que nadie salía, olvidadas para el resto del mundo; más que olvidadas, en algunos casos ni tan siquiera conocíamos su situación en el mapamundi. En el fondo, cuanto más espacio quedase libre en ese gran continente, cuantos más “negritos” murieran, mayor provecho sacaría el poderoso hombre blanco de ese edén casi virgen.
Pero, y siempre hay uno, el mundo se globalizó tanto para lo bueno como para lo malo. En esta ocasión el virus del ébola está atacando, tal vez, con mayor virulencia de lo habitual o, tal vez no. Lo que sucede es que tocó con sus nudillos de muerte sobre nuestras puertas blindadas de nuevos ricos.
Ya no solo eran los “negritos” de África los afectados –hombres en la flor de la edad, ancianos, mujeres, niños…-, también sucumbieron a su estrago cooperantes –en el caso de España misioneros, uno de ellos médico, que debió de llevar a cabo su labor con el cuerpo y las manos vacías de la protección más idónea, pero llenas de amor por su prójimo enfermo-. Y, sin darnos cuenta, el virus saltó las fronteras. Primeros casos en España, donde estamos en pañales para encarar la enfermedad pero siempre, como buenos o tontos Quijotes, saliendo al paso para ser más que nadie.
Poco más tarde, muy poco, llegó a los U.S.A. Parece mentira, también los pilló por sorpresa… Voló a algún que otro país rico del primer mundo.
¡Era de esperar! Las personas se mueven ahora con mayor libertad que hace cinco o diez años. Esos “negritos” del África profunda, ya están cansados de ser quienes paguen las deudas de los ricos del Norte o del Sur, es igual y, en cuanto pueden, salen de sus aldeas y se mueven por el orbe, a veces con las manos vacías, o con cuatro bártulos a cuestas y, aunque no lo quieran, con las enfermedades endémicas de su entorno. Al igual que nosotros llevamos al viajar en nuestras mochilas el mejor kit de viaje, también nos acompañan enfermedades que no existen –o existían- en los lugares exóticos que nos gusta visitar: hasta las enfermedades se globalizan y expanden.
El problema está en que, mientras se trató –en el caso del ébola-, de un mal endémico, sin aparente salida al exterior, a nadie le importó la muerte de cientos y cientos de personas. ¿A qué gastar millones en estudiar la enfermedad? ¿En buscar una vacuna para cortar de raíz los posibles futuros brotes de la misma? ¿Qué importan unos cientos, o miles de “negritos”, perdidos en medio de una selva a la que los circuitos de los tours operadores no llegan? Debí decir: no llegaban. La intrepidez de los jóvenes mochileros les hace salir de esos circuitos ya trillados que solo enseñan lo que quieren las grandes agencias de viajes, ellos prefieren vivir en directo lo que es habitual en la zona; otros, no solo viajan, sino que se van de cooperantes, o forman parte de O. N. G.`s que no están preparadas para estas epidemias.
Ahora, las farmacéuticas –disculpen la expresión-, pierden el culo para hallar cuanto antes un remedio eficaz. Para esas industrias farmacéuticas no es de recibo que los “blanquitos” del mundo “rico” se contagien. ¡No, ahora hay que correr y encontrar la vacuna que erradique el mal, cuando llevan más de 40 años sabiendo de la enfermedad, y sin mover un dedo para arreglar el problema!
De regreso a nuestro país, el caso de la enfermera Teresa Romero contagiada tras cuidar, de manera voluntaria, al misionero fallecido Manuel García Viejo levantó y levanta ampollas. Fue vergonzoso la forma en que la trataron las autoridades, como si ella hubiera sido la causante de tener la enfermedad, vamos, como si se hubiera querido contagiar cuando aún no existía un protocolo previo para atender a los enfermos, algo que la administración puso en marcha cuando esta mujer dio positivo en las pruebas que se le efectuaron. Una serie de personas de su entorno (unas 10) tuvieron que ser ingresadas de manera preventiva. Ni la ministra de sanidad, ni el consejero de la Comunidad de Madrid estuvieron a la altura de tamaño problema que a punto estuvo de írsele de las manos. Parece ser que Teresa mejora, con lentitud, pero creen que el virus remite y podrá dejar la sala especial en la que se encuentra aislada. Supongo que los “jerifaltes” de este país respiran ya más tranquilos –si es que en algún momento se pusieron nerviosos-.
La guinda de este pastel de despropósitos sucedió la pasada semana, en un vuelo llegado de París a Madrid, según las noticias, uno de sus pasajeros de origen africano, llegaba con fiebre, lo increíble del caso: dejan al enfermo retenido dentro del avión para observarlo, hasta que llegue la ambulancia y las autoridades médicas… Al resto de los viajeros, no recuerdo el número de ellos, los dejaron marcharse, así, sin más. ¿No deberían de haberles realizado alguna prueba a esos pasajeros? Si alguno de ellos estuvo en contacto directo con él, sus vecinos de asiento, por ejemplo, ¿no son posibles enfermos? ¡Mejor no pensarlo!
Para acabar, no sé cómo enfocar este apartado. Diré que no me gusta el maltrato animal, ningún tipo de maltrato. Opino que, si se tiene una mascota, es para aceptarla y quererla como a uno más. ¿A qué viene esto?, se preguntarán, ¿qué tiene que ver con el ébola? Para las personas que no sean de nuestro país, y no conozcan todo lo acaecido con el contagio de Teresa, la reflexión con la que quiero terminar este artículo es un recuerdo, un… Lo cierto es que no sé cómo llamarlo.
Quiero hablar de la mascota de Teresa, un perro llamado Excalibur y que copó las noticias de los telediarios y páginas de los periódicos cuando fue sacrificado. Como ya he dicho antes, no me gusta el maltrato animal, pero en este caso tengo muchas dudas y preguntas que dejo volar y que, cada uno de los que lean esto, se responda en conciencia:
- Sabiendo que la dueña de Excalibur estaba enferma de ébola, su marido era un supuesto contagiado, así como algunas personas de su entorno: ¿quién se hubiera hecho cargo de Excalibur? ¿Deberían de haberlo dejado solo en el entorno familiar, sin nadie que lo cuidara? ¿Lo llevarías a tu casa, con tu familia?
- Si no hay infraestructuras hospitalarias para hacer frente al ébola, si no hay suficientes trajes para poder atender a los contagiados… ¿Existe algún veterinario en la capital que hubiera podido hacerse cargo de él? ¿A qué clínica lo hubieran llevado? ¿Con qué medios de transporte se contaba?
- Si no lo llegan a sacrificar, es seguro que Excalibur acabaría en manos de la ciencia para estudiar en él: si estaba afectado, evolución de la enfermedad, modos de transmisión en el caso de acariciarlo, de que mordiera, etc.
Y, por último y lo más doloroso de compartir, aunque me tachen de cruel:
- ¿Es lógico, o normal, ver a cientos y cientos de personas manifestándose delante de la casa de la enferma para que no mataran al perro? ¿Era lícito dejarlo vivir?
- ¿Es lógico que los ciudadanos se enfrenten a la policía para pedir “el indulto” del animalito? ¿Es lógico que algunos de estos ciudadanos acabaran incluso contusionados al “amotinarse” por la muerte de un perro, muy querido, sí, pero una mascota que puede ser que estuviera contagiada? ¿Es lógico que se manifiesten por un perro y NO SE MANIFIESTEN POR LAS MILES Y MILES DE MUERTES QUE EL ÉBOLA ESTÁ CAUSANDO ENTRE LOS ENFERMOS QUE LO PADECEN EN ÁFRICA? ¡ESTOS ÚLTIMOS, SEÑORES, SON PERSONAS Y, HASTA AHORA, NADIE HA SALIDO A LA CALLE A APIADARSE DE ELLOS!


Madrid, 26 de octubre de 2014 – 20,37 p. m.

Juana Castillo Escobar


Nota.- Este artículo también me lo han publicado en: 
* El blog de Asolapo España
2014-X-30Artículo: ÉBOLA

sábado, 18 de octubre de 2014

Diego Vadillo López, en AZAY-ART MAGAZINE habla de "EN FEMENINO PLURAL"

EN FEMENINO PLURAL, DE JUANA CASTILLO ESCOBAR, UNA SUGERENTE Y POLIFÓNICA LLAMADA DE ATENCIÓN

10 OCT 2014 - PUBLICADO POR ADMIN.


Por Diego Vadillo López – Escritor y crítico literario

En femenino plural (Editorial Niram Art) es un simpatiquísimo y ameno compendio de relatos que tienen como hilo conductor a la mujer, una y diversa.
Nos muestra Juana Castillo Escobar un abanico de situaciones que poseen como protagonistas a diferentes mujeres en las más inimaginables tesituras de la cotidianidad, y es que uno de los principales atractivos del libro es la manera, entrañable y audaz a un tiempo, de presentarnos enfoques conocidos de la realidad si bien trascendidos por serles aplicado el zoom estilístico-literario.
Uno de los elementos que más gracia me hizo fue el símbolo de “la faja”, como elemento opresivo —psíquica y físicamente—; aparece más de diez veces enunciado el susodicho vocablo. Juana se hace eco de todos los condicionantes que flanquean los pasos de la mujer en la actualidad.
Sin ánimo de incursionar ni mucho menos en fenómeno tan heteróclito y complejo como es el feminismo, sí es cierto que —aparte de ser hondamente femenino— el libro que nos ocupa posee ciertos tintes feministas; de fondo hay un cierto reproche a la mujer por asumir determinados roles que contribuyen a subyugarlas más si cabe en una sociedad ya de por sí tiránica en términos generales.
“La faja, o: ‘A cada cerdo le llega su San Martín’” es el primer relato del conjunto y ya anticipa el tonillo macabro que irá apareciendo guadianamente por muchos de los capítulos, no en vano nuestra autora juega mucho con lo luctuoso; en este primer capítulo hace cumplido uso de la sinonimia cuando emplea las más inusuales formas de referirse a un muerto: finado, occiso…
El escepticismo es otra de las características archipresentes en esta obra, buen ejemplo es “Las buenas intenciones”, que viene a ser un compendio de tópicos navideños con macabra tintura —como no podía ser de otra forma—.
“Esta silla es mía” emparenta con otros relatos en lo certero de la traslación de atmósferas angustiosas. El itinerario femenino que se nos muestra agota incluso al lector más pintado, viniéndosenos a la cabeza aquel título de Carmen Rico Godoy, Cómo ser mujer y no morir en el intento.
En “Cuando Ángel se fue” reaparece lo luctuoso en lo que se me antoja un tributo a Cinco horas con Mario.
“Una visita intempestiva” supone la entrada de Castillo Escobar en los territorios del psico-thriller, campando lo lóbrego, que anticipábamos, a sus anchas y de qué manera… Uno quiere desear que Laura —la protagonista— no exista en la realidad, el lector, sobre todo masculino, entenderá por qué.
“Estrellas estrelladas”, último de los relatos, me gustó especialmente. En él se da cuenta del mutuo escrutinio que se hacen dos jóvenes esbeltas y una mujer madura mientras esperan para una entrevista en una agencia. Especialmente simpática me pareció la descripción que de sí misma hacía la última, comparándose con la madre Gea: “achatada por los polos y ensanchada por el ecuador”. No quiero anticipar mucho más sobre este último capítulo, solo diré que acaba bien, lo que vendría a suponer un guiño de esperanza por parte de nuestra autora, quien se maneja ora con sarcasmo, ora con velada ironía, consciente, suponemos, del absurdo que caracteriza a nuestra civilización.


http://www.azayartmagazine.com/


martes, 14 de octubre de 2014

Presentación del libro: El eje de la vida, de Ana Giner Clemente en la biblioteca de Collado Villalba (Madrid)

Viernes, 10 de octubre de 2014.- Reunidos en la biblioteca municipal "Miguel Hernández", en Collado Villalba, Madrid, tuve el placer de presentar el nuevo libro de la escritora valenciana Ana Giner Clemente. Se trata de la y última parte de la trilogía formada por: Yo amé a William Shakespeare - Sin irme de tu lado y El eje de la vida

Mi alocución a los presentes fue la que sigue:

"Después de cuatro meses nos volvemos a encontrar en esta biblioteca, no sé si coincidimos con las mismas personas que nos acompañaron entonces, o con nuevos oyentes, por ello, aunque la autora: Ana Giner, no quiere que hable de ella, ni de su biografía, sino de su obra, no está demás decirles a los que no la conocen, y recordarles a los que ya estuvieron aquí, que la autora nació en Algemesí, Valencia y que, desde aquella querida tierra levantina, cuna de grandes pintores, cantantes y escritores, llega de nuevo, con fuerza, a Madrid en compañía de su nueva novela, la que cierra el ciclo de esta trilogía que empezó con: Yo amé a William Shakespeare, siguió con: Sin irme de tu lado y finaliza con esta que presenta hoy: El eje de la vida.
Ana quiere que les hable de “El eje de la vida”, que me vuelque en esta última novela, pero no puedo hacerlo si antes no conocen las dos obras anteriores, porque, al tratarse de una trilogía, las tres son como los trillizos a los que un invisible cordón los mantiene unidos. A estas obras les sucede lo mismo, tienen un eje que les es común, un cordón, una columna que las vertebra y las une.
En esta tercera parte conocemos la historia de Eric, un personaje que, en la primera novela, parecía apenas un extra. Alguien que estaba ahí, que ayudaba, pero del que casi se podía prescindir. En “Sin irme de tu lado”, la segunda novela, Eric es el encargado de revelar y reconstruir la historia de Albert, el marido de Helen, protagonista absoluta de la primera novela. Y, en la tercera entrega, Eric cuenta su propia historia y, a su vez, va rellenando los posibles huecos que quedaron vacíos en las historias de los otros personajes. Es globalizar una etapa, verla bajo varios puntos de vista.
En “El eje de la vida”, no solo conocemos más a Eric, sino a Carla, la escritora-autora encargada de recopilar estas historias para formar con ellas un libro. Toma más protagonismo, se conoce más cómo es, de dónde viene, sus formas de pensar, de reaccionar frente a ciertos avatares que la vida le pone delante… Carla es, en realidad, ese hilo conductor, ese “eje” que articula las novelas.
Ana me pidió también que, en esta ocasión, se leyera algo de esta obra para que ustedes se hagan un poco a la idea de su estilo. Resulta difícil elegir el fragmento más idóneo sin pillarse los dedos, con ello quiero decir que, al estar las obras tan imbricadas entre sí, parece que, según lo que leas, puedes dar más detalles de los debidos y, al tirar de ese hilo, deshacer todo este encaje de bolillos que compone la trilogía. No seré yo quien tire de ese hilo de Ariadna, las historias, como dije en junio, deben leerlas ustedes, conocerlas y sacar sus propias conclusiones.
Ahora, a dos voces, la autora y yo pasamos a leer el capítulo cuatro que es, por decirlo de algún modo, el más “inocuo” de todos. Dice así:

IV


Después de cenar, Carla y Héctor salieron a dar un paseo por la playa.
—Cariño —dijo ella— ¿sabes qué estoy pensando? Que no hemos vivido ni una semana seguida juntos.
—Llevamos muchos años…
—Sí, pero desde que decidimos vivir juntos, no he­mos tenido a penas tiempo.
—Es cierto. Tú has tenido obligaciones aquí y yo en Madrid. Tenemos que tomar una seria decisión. Esto no puede continuar así. De hecho, tu piso está cerrado desde hace más de un año y en nuestra casa vivo yo solo. ¿Estás segura de que quieres vivir conmigo?
—Sí. ¿Y tú? Piensa que en Madrid estás solo, libre, sin dar explicaciones a nadie.
—Es lo que más deseo en esta vida, lo sabes —respondió Héctor, mirándola a los ojos.
—Pues entonces hay que poner una solución, y si es posible este mismo verano. Eric no va a moverse de aquí. Le he dicho que se venga a Madrid con nosotros y no quiere, pero solo aquí no lo podemos dejar.
—Lo sé, pero hay que encontrar una solución. No podemos vivir separados más tiempo. Y cogidos por la cintura volvieron a casa, reflexionando los dos, sobre cómo podrían solucionar el problema.
Cuando se levantó Héctor, Carla y Eric estaban charlando en la terraza.
—Buenos días —dijo Héctor, poniéndose un vaso de zumo.
—Serán casi buenas tardes, dormilón —respondió Eric, con una sonrisa.
—Tengo un buen motivo para haberme levantado tarde.
—¿Sí? ¿Cuál? Anoche te notaba inquieto… —dijo Carla.
—Tengo la solución. Voy a venir a vivir a Roses.
—¡¿Qué?! —dijeron los dos con cara de asombro.
—Carla, ¿te acuerdas de que siempre hemos dicho de ampliar la editorial de noveles de Madrid? Pues lo vamos a hacer aquí, en Roses. Dejaré a Eduardo que definitivamente lleve la editorial de Madrid y yo me vendré aquí a poner ésta en marcha. A fin de cuentas, hoy en día todo va por internet y da igual donde esté la editorial físicamente. ¿Qué os parece?
Carla y Eric no salían de su asombro, aunque al mismo tiempo, estaban encantados de que hubiera tomado esa decisión.
—Si lo has hecho por mí… —dijo Eric, tímidamente.
—Lo he hecho por los tres. Debemos vivir todos juntos. Helen así lo quería al dejarnos esta casa. Ya es hora de que cumplamos su voluntad. Y yo también quiero vivir con vosotros dos. No quiero seguir solo.
Ninguno de los tres intentó disimular la alegría que sentían. Al fin los tres juntos. Carla con aquella sonrisa que la caracterizaba de risueña, dijo:
—Esta alegría bien merece que sea celebrada. ¿No os parece a los dos?
—¿En qué estás pensando? —preguntó Héctor
—Vamos a dar una fiesta, vamos a invitar a nuestros amigos. Ya va siendo hora de darle a la casa un toque de alegría, y a nosotros también.
Durante los días posteriores, Carla se encargó de avisar a todos los amigos, y también a Lupe su secretaria particular, para que le ayudara en lo referente a la fiesta. Sería una celebración por partida doble. Una, para celebrar la sucursal de la editorial y la otra, para despedir el verano. Casi todos los amigos de la pareja aceptaron, a excepción de Rubén, el mejor amigo de ella, que no sabía si podría ir.
—Rubén, ¿cómo que no sabes si vas a poder venir?
—No, no lo sé, Carla. Pero te prometo que haré lo posible por estar.
—Me alegraría mucho que así fuera, al menos no me quedará el mal sabor de boca de que siempre te llamo para cosas malas. Cosa que es cierta, por eso ahora que es para celebrar algo bueno, desearía de corazón que estuvieras a mi lado.
—Lo intentaré…
—¿Tan importante es lo que tienes que hacer, que no lo sabes?
—Carla, no te lo puedo decir ahora. Lo intentaré y es en lo único a lo que me puedo comprometer.
—Vale. No insisto más. Te quiero, Rubén Un beso.
—Y yo. Ya te digo algo. Un beso.

A partir de aquí leo yo:

Carla quedó pensativa. ¿Qué puñetas era tan importante como para no asistir a la fiesta? Ella era consciente de que Rubén tenía su vida, pero le extrañó mucho aquella actitud. Fuera lo que fuera, ya se lo contaría, siempre terminaban contándoselo todo.
Los días sucesivos los dedicaron a preparar la fiesta. Héctor empezaría a mirar locales y contratar a gente en septiembre, pero era un momento propicio para dar la noticia en la reunión. Eric entendió perfectamente que Carla necesitaba un respiro, darse ese margen de tiempo para pasarlo bien después de tanta tristeza por la muerte de Helen. Así que hasta que no hubiera pasado la fiesta no charlarían más sobre su vida y decidió colaborar en todo cuanto necesitara Carla; ya no estaba para muchos trotes, pero lo haría porque se sentía bien y feliz, y ahora con la decisión de Héctor, más aún. Mientras Carla y Lupe compraban farolillos de papel adecuado para poner bombillas por todo el jardín, Ángela se encargó de las habitaciones para invitados, quedando todo listo para la llegada de sus amigos.
Carla, se iba de buena mañana a correr por la playa con Lucía, la dueña del chalé vecino, con la que había hecho buena amistad desde el primer momento que llegó a la casa. Lucía era mujer de cuarenta y siete años, muy simpática y amante de la jardinería, afición que compartía con Helen y que hacía que frecuentara la casa de esta. Lucía y su marido, habían llegado a ser buenos amigos y Carla quería asegurarse de que acudieran también a la fiesta. La verdad es que no podía expresar más felicidad en su rostro. Estaba pletórica, contenta del paso que iban a dar Héctor y ella. Los días pasaban y ninguno de los tres quiso dejar solo al otro, así que organizaban las comidas y las cenas para que los tres se sentaran a la mesa juntos. Eric era el que más expresaba lo animado y contento que estaba. Las conversaciones eran amenas y graciosas, que hacían tanto a Héctor cómo a Carla salirle las lágrimas de la risa, y animándose Héctor a contar algún que otro chiste. Carla no salía de su asombro al ver el cambio tan radical de actitud que habían experimentado los tres desde la noticia de Héctor de vivir con ellos, se le veía más predispuesto a todo; a Eric, con sus años, le veía más dicharachero, más jovial, si eso puede darse en un hombre de 89 años, pero aun así, le notaba con más ganas de hacer cosas que en las últimas semanas y meses; hasta ella misma se sentía cómo más unida a los dos y con ganas de dar el paso de formar un hogar. Tenía claro que Héctor era el hombre de su vida y más aún que quería envejecer a su lado.
La fiesta estaba programada para el 30 de agosto, pero como sabía que todos los amigos por esas fechas estaban de vacaciones, Carla les había dicho que fueran el día 29 y así pasarían todo el fin de semana juntos. Como casi todas sus fiestas finalizaban a altas horas de la madrugada, del 30 al 31 celebraría también el santo de su padre, San Ramón. Héctor le había comentado a Carla, que quería estar el día 1 ó 2 de septiembre en Madrid y así tener tiempo para preparar lo necesario y poder inaugurar la sucursal a mediados de noviembre. La visita a Escocia la pospondrían para después de dejar la sucursal funcionando, no importaba mucho si iban en verano o en invierno; aunque a Héctor le gustaba más ir en verano, ahora ya le daba igual pues iría con ella.


Tras la lectura, alguno de los presentes plantearon algunas preguntas. Al terminar, por mi parte, le pedí que respondiese a las siguientes cuestiones:

- Al tratarse de una trilogía, ¿cómo surge la historia? Es decir: ¿cuál de ellas nació primero?

- ¿Qué te llevó a elegir un entorno, aunque las obras transcurren en España, tan anglosajón para ambientar las novelas?

- ¿Cuáles son tus referentes literarios, tus escritores favoritos?

- Para acabar esta breve entrevista: ¿A la hora de escribir en qué te inspiras? ¿En el mundo real, en hechos pasados, en la imaginación?

Cierto es que respondió a todas ellas, pero no guardo sus respuestas. Lo lamento." 




Finalicé el acto con el siguiente poema de mi autoría dedicado a la autora:


Y SE VINO LA HUERTANA

A Ana Giner


Y se vino la huertana
de nuevo para Madrid
trayendo en su equipaje
aromas de toronjil,
la luz del Mediterráneo
de la Valencia del Cid.

Pisa fuerte la huertana,
que trae, como compaña,
una nueva historia que narra
-de personajes, que ni tienen vida,
ni son de verdad-,
temores, dolores, amores, audacias y valentías.

Trae la huertana en su equipaje
las aventuras de unos personajes
que crecen en las páginas
de su novela, mas no en edad.
De nuevo la magia de Ana
se explaya en una trilogía
que, sin darnos cuenta, llegó al final.


Juana Castillo Escobar
Lunes, 15-IX-2014 – 16,40 p.m. 




Presentación virtual de mi último libro: "Palabras de tinta y Alma"