Esta página "PARA NIÑOS" recoge, a partir de ahora, los poemas y relatos infantiles que formaron parte del blog que abrí el 15 de abril de 2013 pero al que, por falta de tiempo, no doy la importancia que debiera. Es por ello que me he decidido a compartir estos trabajos en "Perlas de Luna" siendo éste un modo de allanarme el "camino" de las publicaciones.
Os dejo con la imagen de fondo que alegraba ese blog que, en breve, cerraré.
![]() |
Ariel, la Sirenita - Imagen de Internet |
Bien venidos al blog
Hola, amiguitos, bien venidos a este blog en el que publicaré, siempre que pueda, poemas, cuentos y relatos infantiles de mi autoría. Puede ser que venga de tarde en tarde, mi intención es que, cada entrada lleve una imagen inédita, ilustrada por mí...
RAÚL
O,
LAS COSAS DE CASA, SON COSA DE TODOS
- No, mamá, todavía no. Estaba -titubea antes de responder
pues, al fin y al cabo, será una mentirijilla lo que diga-..., estaba leyendo
un libro.
Ana se asoma al quicio de la puerta, Raúl está tumbado boca abajo sobre su cama jugando a "los marcianitos". Cuando ve a su madre observándole se incorpora, "ya me ha pillado".
- Esto, ejem, ha sido una tontería de respuesta ¿verdad, mamita querida? Bueno, ahora ya sabes que estaba con la game-boy.
- Mira, no me des coba pequeño embustero -le dice haciéndole cosquillas-. ¿Sabes lo que me decía mi tía abuela cuando me inventaba una "historia increíble" como la tuya?
- No, no tengo ni idea.
- Pues me decía: "antes se coge a un mentiroso que a un cojo". Y ahora, ¿puedo saber por qué no estabas arreglando tu habitación?
- Jo, mamá... Es que no tengo ganas.
- ¿Por qué? Hoy es sábado y, como no hay cole, te toca. Es tu cometido, aquí todo el mundo hace algo.
- Es que, mamá, has de saber que yo soy un hombre y los hombres no hacen las cosas de la casa. ¡Mis amigos no las hacen! ¡He dicho! -y, poniéndose en pie, se cruza de brazos a la vez que da una patada contra el suelo, con tan mala fortuna que se da en la pata de la cama y se hace un poquito de daño en el pie. Llora.
- ¿No me decías que eres todo un hombre? ¿Esas lágrimas?
- Me he hecho daño en el pie, mamita, snif.
- Tampoco es para tanto, las tripas (que yo vea) no se te están saliendo y tú eres un chico fuerte. ¿O, no? Si tanto te duele, cuando venga a buscarte Aníbal, le diré que no puedes ir con él a jugar al fútbol porque estás "lesionado".
- No, no. Ya se me está pasando. Pero, para que se me pase del todo, ¿por qué no recoge Susi mi habitación? Ella es una chica y, además, es mayor que yo.
- ¡Tendrás cara dura! Eres un pequeño monstruo sinvergonzón. Susi lleva tiempo levantada, ya ha recogido su cuarto y está en la ducha. En esta casa, ya te he dicho, todo el mundo tiene su cometido. ¡Hasta tú "gran hombre"! Además, Susi tiene que estudiar.
- Jovar, mamá, los chicos se ríen de mí cuando les cuento que me obligas a que haga mi cama los sábados, y a que recoja mis juguetes y mis cosas. Me llaman mariquita y cosas por ese estilo, y a mí éso no me gusta.
- Mira, Raúl,te lo he explicado cientos de veces, pero parece que no entiendes lo que te digo. Todo lo que aprendas hoy será en beneficio tuyo, bueno para tu futuro. Imagina que te quedas solo, sin nadie que lave tu ropa, ni la planche, ni la cosa, ni cocine para tí.... ¿Qué harás entonces?
- Me buscaré a alguien que me lo haga -responde testarudo.
- Tendrás que pagar, es decir, trabajar y ganar el dinero suficiente para tí y para poder mantener a alguien que te cuide, que esté a tu lado. Así serás un inútil, quizá buenísimo en tu trabajo, pero completamente nulo para lo demás.
- Pues, entonces, me casaré y así no pago a nadie. ¡Dinero que me ahorro!
- Hummm, ¿a quién habrás salido, hijo? Pareces del siglo pasado, eres un pequeño gran machista. Bueno, pongamos que te casas, si tu mujer trabaja ¿es que no vas a ayudarla?
- Pues ... -titubea-, no sé. ¡Ya está, no la dejaré trabajar, así me cuidará siempre a mí!
- Hijo, esto sólo demuestra un gran egoísmo. Tienes que cambiar. Fíjate en tu padre: él ayuda en casa, y mucho. ¿Piensas que ha dejado de ser "un hombre", como tú dices, por el simple hecho de pasar el aspirador o de ir a la compra? Por ejemplo.
- No, claro que no.
- Pues, si puede hacerlo él, tú también puedes. Mira, te voy a contar una breve historia, siéntate a mi lado; tengo aún bastantes cosas que hacer en la cocina, pero pueden esperar porque considero que es necesario que tú y yo hablemos. Últimamente estás muy reacio.
- ¿Va a ser un cuento?
- Puedes tomártelo así.
- ¿Y, cómo se titula?
- Pues..., ¿cómo podría titularle? -piensa Ana-. Espera que se me vengan las ideas, es que en este momento parece que se han ido de paseo.
Raúl se ríe con la chanza de su madre, en realidad le encanta que ella le cuente historias, al fin y al cabo tan sólo es un niño de siete años "recién cumplidos" -como suele apostillar cada vez que le preguntan-. Es simpático, dicharachero, juguetón, vamos "un rabo de lagartija".
- Ya lo tengo, la historia se titula "LAS COSAS DE CASA SON COSA DE TODOS".
- Puagh, vaya cosa. ¿Crees que me gustará? ¿Hay fantasmas, indios, bucaneros, fútbolistas y cosas así?
- En realidad no había pensado en ello, pero todo se andará.
- Bueno, cuenta. ¡Ya te diré cuando acabes si me gusta o no!
Ana se sienta en la cama, Raúl en el suelo junto a las piernas de su madre, se acoda en el borde de la misma apoyando la barbilla en sus manos: "Pues verás, érase una vez un niño llamado Miguel que vivía muy feliz, como tú, junto con sus padres y hermanas, era el más pequeño de los tres. La mamá de Miguel, que no trabajaba (aunque bastante tenía con las cosas de la casa y con sus tres hijos), tenía siempre el empeño de enseñar a sus hijas, Gloria y Andrea, todos los quehaceres del hogar, tal y como se los había enseñado a ella su madre, y a su madre la madre de su madre y, así, durante generaciones. Andaba siempre tras de ellas: "debéis saber planchar, barrer, cocinar, fregar.... Así, cuando os caséis seréis unas buenas amas de casa". Pero Gloria y Andrea tenían otras ilusiones.
Gloria soñaba con ser peluquera, tener su propio negocio y mantenerse por sí misma. Si llegaba algún novio, pues... bueno, pero si no llegaba ella quería ser autosuficiente. Andrea quería ser azafata, ver mundo, viajar y las cosas de la casa no le interesaban demasiado. Miguel, que tenía tres años, sólo pensaba -por aquel entonces- en juguetear, correr, sentirse querido y mimado.
En cuanto al padre de Miguel, no opinaba, lo que hiciera su mujer estaba bien. Él pensaba que, "con acudir todos los días a la oficina de ocho a cinco, llevar el dinero a casa y sacar de paseo a su familia ya tenía todas sus obligaciones cubiertas".
Niñas -decía la madre- mirad: "para preparar un buen cocido tenéis que comprar carne de....", o "mira, Andrea, la tela para hacer un dobladillo ha de estar de esta forma", o "Gloria, para que la cama quede mullida hay que mover bien el colchón". Miguel era un pequeño cocinilla, quien más interés ponía en las explicaciones que daba su madre a sus hermanas mayores, ellas casi ni se daban cuenta que siempre estaba revoloteando a su alrededor quedándose con todo, guardando en su pequeño cerebro todo lo que oía y veía.
Un mal día, la mamá de Miguel enfermó y Gloria, la mayor, tuvo que hacerse cargo de la casa; como aún no había terminado sus estudios, se le vino encima una gran responsabilidad. Las cosas empezaron a marchar mal y todo eran gritos y malas caras. Cuando la madre murió, Gloria ya había encontrado un trabajo de peluquera así que convocó a su padre y hermanos y les dijo: "Como yo no puedo con todo, y como las cosas de la casa son de todos, tenemos que dividirnos el trabajo." El padre y Andrea fueron quienes más protestaron, pero tuvieron que ceder, Miguel estaba contento: ya era "gande", le habían dado "su pimer tabajo". Y su primer trabajo consistía en limpiar el polvo, no de cualquier manera, no: cogía el plumero y, unos días era el "Gan Todo Tentado" que estaba limpiando el bosque de malos. Otras veces, sentado sobre la escoba y con el plumero en la mano era un gran capitán al frente del ejército. Jugando, jugando, Miguel creció. Se hizo hombre y continuó asumiendo sus quehaceres: cuando estudiaba, era el encargado de ir a la compra después de salir del Instituto. Si tenía que preparar la comida o la cena, lo hacía. Siempre estaba dispuesto a ayudar.
Gloria consiguió, a través de los años, montar su propia peluquería. Se casó y tuvo dos niños a quienes enseñó -tal y como hizo su madre con ella- a valerse por sí solos, sin tener en cuenta su status de varones. Andrea se hizo azafata de vuelo, ha recorrido el mundo como quería y está viviendo con el padre, quien también -a la vejez- tuvo que aprender a apañárselas solo pues Andrea no está siempre con él. Sólo cuando su trabajo se lo permite. Miguel también se casó.
Ahora, ya casado, Miguel es un gran ingeniero y padre de dos hijos: un chico y una chica y les enseña, junto con su mujer, Ana, a ayudar en casa. Él lo hace.
Miguel y Ana trabajan fuera de casa, ella es una buena profesional con un puesto de responsabilidad, buena conocedora de su oficio y, además, le gusta. Al mismo tiempo procura ser una buena esposa y madre, pero necesita la ayuda de quienes la rodean.
Miguel está ahora en el mercado, haciendo la compra: "Hay que compartir todas las labores, las de dentro y las de fuera de casa -suele decir, predicando con su ejemplo....-".
- Ya, mami, no sigas contándome más la historia. Estás hablando de nosotros ¿verdad?
- Sí, hijo. Quiero que veas que todos tenemos nuestro cometido; yo amo mi trabajo y soy (según dicen mis compañeros) buena en él. Tú debes hacer tus quehaceres del colegio pero, a la vez, aprender a manejarte en la vida, nunca se sabe lo que ésta puede depararte.
- Pero los otros chicos se ríen de mí.
- Porque en su casa no ven el ejemplo que tú tienes aquí, ¡Mírate en tu padre y olvida un poco a los demás! Incluso puedes divertirte si te lo propones y haces por echarle imaginación al asunto.
Ana se levantó dejando al niño solo frente "a su destino": hacer su cama.
No muy convencido Raúl acabó arreglando su habitación, quitó las sábanas un poco garbosamente, de tal forma que una de ellas se le quedó enrollada en el cuello. "Vaya, ahora puedo decir que soy un espadachín y esta es mi capa. Zas, zas, saco mi espada y pronto, malvado, te irás. Zas, zas. No es tan malo como parece".
Una vez hecha la cama, recoge las cosas que estaban esparcidas por el suelo. "Vaya, me acabo de encontrar una moneda. Grita: ¡He hallado un tesoro en mi cuarto! ¡Mamá, un tesoro en mi cuarto!"
- ¡No me digas! -responde Ana con un gesto de extrañeza muy estudiado. ¿Ves la de cosas que se pueden encontrar y hacer?
- Mañana domingo también recogeré yo. Si me das el plumero limpiaré el polvo de la estantería.
- Toma, aquí lo tienes. Ahora parece que te ha dado la fiebre.
- Es divertido y encuentro cosas.
Regresa a su habitación. Canta:
"Soy el amo de este cuarto
¡responde, genio, a lo que te digo!
¿dónde está el tesoro escondido?
Mira que te daré con el plumero,
y te haré cosquillas bajo el pelo.
No te dejaré dormir
hasta que no me digas
si estás aquí,
o aquí, o aquí."
Moraleja
Y dando plumerazos
por ahí y por allá,
Raúl acabó limpiando el polvo,
barriendo, fregando...
En una palabra:
ayudando a su mamá
sin pensar en el qué dirán.
Ahora que ha terminado,
con Aníbal se va:
jugarán al fútbol
como cualquier chavala o chaval,
porque un equipo mixto
van a formar,
será divertido,
güay de verdad.
Juana Castillo Escobar ©
24-09-2003
Sin publicar en el antiguo blog
Sin publicar en el antiguo blog
Guerra
de nubes o el nacimiento de la nieve
(Cuento
de Navidad)
![]() |
2017-11-11 Imagen tomada desde el avión camino del Puerto de la Cruz - Tenerife Por Juana Castillo Escobar |
Una tarde, después de cumplir sus tareas
encomendadas, después de muchas actividades iguales, en un momento en el que el
tedio inundó sus cuerpos y sus corazones Gabriel propuso:
- ¡Juguemos!
- ¿Jugar? ¿A qué? –Preguntó Miguel-. Nosotros
nunca hemos jugado, no sabemos…
- Sí sabemos –le espetó Gabriel-, los hemos visto
juguetear y pasar el tiempo miles de millones de veces…
- Es cierto –cortó Rafael-, en nuestras andanzas
los vemos hacer de todo. Y jugar es una de sus actividades predilectas.
- A mí se me ocurre –añadió Ariel con su voz
seráfica-…, os parecerá una tontería… ¿Y si…?
- Si… ¿Qué? –Preguntaron los demás.
- Vamos desembucha –le apremió Gabriel-. Termina
de una buena vez. Siempre te ocurre lo mismo: empiezas a dar una idea y antes
de comenzar a hablar ya te has avergonzado y dejas de hacerlo. Vamos, vamos –le
instó de nuevo ayudándose de armónicas palmadas.
- Me gustaría… Podríamos… -Ariel se azora, traga
saliva antes de preguntar-: ¿Y si jugamos a hacer una guerra de nubes?
- ¿Una guerra de nubes? ¿Aquí una guerra?
–Pregunta Miguel con el ceño fruncido-. ¿Acaso te has vuelto loco? ¿Qué crees
que opinará Él?
- Sólo es un juego –arguye Ariel.
- Es cierto –le apoya Rafael-, sólo se trata de un
simple juego. Los niños son muy aficionados y disfrutan.
- Es la palabra la que no me gusta –insiste
Miguel-. Guerra. Guerra. Guerra. Conlleva violencia, dolor, destrucción…
- Vamos, vamos, haya paz –interviene Gabriel-.
Juguemos. Hagamos una guerra de nubes, pero una “guerra” con frialdad, sin
sentimientos de odio ni venganza. Sólo disfrutemos…
Mientras que en las alturas los ángeles dieron
paso a aquella pacífica batalla armados con nubes algodonosas y frías, en la
tierra el cielo se cubrió con otras acolchadas.
En las capas intermedias el frío se intensificó,
el cielo se volvió poco a poco en una masa compacta y las nubes, de tan llenas
como estaban con las plumas de las alas que los ángeles perdían al jugar,
decidieron abrirse: fue entonces cuando la nieve nació, lo único es que, las
plumas, al traspasar la barrera entre el cielo y la tierra convirtió las
blancas y sedosas plumas de los arcángeles en hermosos copos de agua blanca y
compacta que, a veces, por Navidad, viene a hacer las delicias de niños y
ancianos.
Madrid, 13 de Enero de 2009 – 13,11 p.m.
Después de ver nevar de nuevo.
3 comentarios:
Los cuentos de Raúl y el de Cuento de Navidad, son preciosos y tienen muy buena moraleja. Me ha gustado mucho.
Un saludo cordial.
Rafael Molero
Con muchísimo retraso: ¡¡GRACIAS por el comentario!!
Abrazos.
Quiero cancelar la suscripción. Gracias...
Publicar un comentario