martes, 31 de marzo de 2015

Recital poético en el "Hogar Extremeño" de Móstoles

Madrid, 29-III-2015 – Domingo de Ramos – Ayer sábado, 28-III-2015, en Móstoles, asistí acompañada por mi marido a un nuevo recital poético dado en esta localidad por el “Grupo Jara”. Dicha agrupación, compuesta por ocho recitadoras, algunas de ellas de origen extremeño pero afincadas en este municipio situado al suroeste de Madrid, dedican su tiempo y su esfuerzo a compartir poemas, a recitarlos de memoria, o leerlos ante un público, debo manifestarlo bien alto, rendido a su buen hacer.

Una vez más fuimos invitados por Vanesa Fraile, componente de este grupo de rapsodas que, dicen tan bien el verso, que con su sola voz son capaces de transportarte, en esta ocasión, a la Judea del siglo I. Y, Vanesa, créanme, sabe decir el verso: pone el alma en ello.

Ayer sábado, como preludio a la Semana Santa, los poemas que se leyeron estaban inspirados, gran parte de ellos, en el prendimiento de Jesús. Poemas dedicados al Jueves Santo sobre todo, a versar la figura del Redentor caminando por las calles y los pueblos de nuestra geografía, de un caminar en procesión, llevado en andas, sobre los hombros de esforzados costaleros que lo cargan con orgullo. A pesar del dolor que les produce la imagen y las andas son conscientes del hecho que, al Ser que cargan con tanto orgullo, sufrió un dolor aún mayor, un dolor que acabó en muerte: eso es lo que nos contaron los poemas elegidos...

Antonio canta una saeta
Y, entre poema y poema, Antonio, vecino de Móstoles, pero de origen andaluz, donde regresa –tal y como nos contó desde el escenario- cada primavera “para cantarle a ese Jesús clavado en la cruz”, tuvo el detalle de posponer su viaje a la tierra que lo vio nacer para dar mayor importancia… No, importancia no, sino para que el público que abarrotábamos la sala pudiéramos vibrar y sentir con mayor percepción lo que se representaba sobre el escenario: nuestra Semana Santa, una semana compartida a través de poemas de diferentes autores pero que, todos ellos, dejaron su impronta, su alma, en esas palabras valientes, doloridas, repletas de amor y de fe de autores como: José María Gabriel y Galán, Luis Chamizo, el anónimo autor de “No me mueve, mi Dios…”, o el poema “Nazareno” de la Cofraría Sant Crist de l´Agonía entre muchos otros y que no recuerdo bien. 

Isabel Serrano

Isabel Serrano, directora del grupo, incluyó un poema de su autoría que leyó con su voz rota, como si estuviera afónica, pero que es la suya, una voz que te hace sentir con mayor dolor el dolor que dejó plasmado en su poema y que, casi le hizo llorar al recordar en una de las estrofas al esposo muerto pero, su gran maestría al decir el verso, la llevó a sobreponerse de inmediato e, imagino, este pequeño bache pasó desapercibido para el resto del auditorio.



Josefina cantando una saeta
Antonio no fue el único que nos deleitó con sus saetas. Josefina, otra de las recitadoras y que es un primor escucharla, tanto en el momento de decir el verso, como cuando canta, puso voz y garra en una tarde cálida, de primavera casi de verano prematuro… Me pareció sentir en la cara la brisa cuando corretea por las esquinas de las callejuelas abarrotadas de gente, ver el chisporroteo de los hachones encendidos, el humo del incienso subir en finas volutas hasta el cielo, oler su inconfundible aroma, oír los pasos silenciosos de los cofrades al caminar tras la imagen del Cristo o de la Dolorosa, otros pasos, no tan silenciosos, marciales, al ritmo de tambores y cornetas, el silencio del pueblo: unos rezan, otros lloran, otros miran con asombro la belleza de las tallas que marchan en procesión, otros las fotografían o graban y, otros, como es el caso de Josefina, se dirigen a ellas con ese canto tan popular y difícil como lo es la saeta, ese dardo que se clava en el alma, que canta al dolor y que no todo el mundo es capaz de cantar por su dificultad pero quedó bien claro que Josefina se atreve con todo, nos lo demostró en septiembre al cantar las coplas de Rafael de León y, ayer, al dejar bien alto y claro el pabellón de la “saeta”.

Sólo me faltó el hecho de que en la sala el silencio fuera completo pero, al estar a rebosar, al haber muchos niños, era algo casi imposible de conseguir. Los murmullos de los muchachos, supongo que alguno de ellos más aburrido de lo habitual, no le dejaba permanecer ni quieto ni callado. Aun así disfruté con los cinco sentidos de unos poemas que me transportaron, a veces, a un pasado muy lejano y no vivido y, otras veces, a un futuro que, un año más, está a la vuelta de la esquina.

Y, acabó el recital –con ganas, por mi parte, de que continuara un poco más- entre ovaciones, regalos, abrazos, parabienes, fotos, saludos… y, al final, una hermosa torrija para que la Semana Santa fuera total y absolutamente real aunque la hubiéramos vivido dentro de una sala del “Hogar Extremeño" de Móstoles.

Domingo de Ramos, 29-III-2015 – 21,08 p.m.
Juana Castillo Escobar




Fin del recital, las componentes del "Grupo Jara" y Antonio




Algunos de los poemas que recitaron:


ANÓNIMO

NO ME MUEVE MI DIOS…

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.



Recita Vanesa Fraile

Cofraría Sant Crist de l´Agonía - Cofradía del Santo Cristo de la Agonía

NAZARENO

¿Quién viene?…
¿El Jesús?…

La noche se está poniendo
un traje de terciopelo,
mientras las calles se invaden
entre discreto silencio
con un perfume de rosas
al paso del Nazareno…
Vanesa Fraile
-¿De dónde vienes, Jesús?
-¿A dónde vas, Nazareno,
junto a la noche sombría?…
-Voy a morir en la Cruz,
en esta Cruz que suspira,
por los caminos que llevan
mi luz a “Santa María”…
Me encontraré con mi Madre,
que está esperando allá arriba,
frente al reflejo que estrena
el lucero que más brilla…
-Voy a morir en la Cruz;
voy a entregaros mi vida…
y no tengo más amor
que el amor que se eterniza
con cada gota de sangre
que vierto de mis heridas…
Escucha cómo mis hijos,
con “saetas” peregrinas,
buscan sobre el alto cielo
besar mis sienes divinas
y después… cierran los ojos
mientras doblando la esquina,
sienten que dejo con ellos
una nueva y suave brisa…
Mira cómo están llevando
ramas en flor, bendecidas
de romero y de tomillo,
y cómo las acarician
rezando a “su Nazareno”
hasta que despunta el día.

Esto os dejo: El corazón…
Esto os entrego: La vida.

No lloréis por mí; rezad
y recoger las semillas
que entre las alas del viento
-aún cuando el viento dormía-,
vinieron a pasear
por esta ciudad bendita…

-La noche se está alejando;
está temblando la brisa
y las calles se han quedado
por amor a Dios, prendidas
junto al dulce Nazareno
que adora su Cofradía.



Recita Nieves

"Semana Santa en Guareña"
Luis Chamizo.
I

Eja que lo cuente
como sé de maña,
qu´en jamás jue´l muchacho pal pueblo
po Semana Santa.
y endispués que lo iga, ya puedes
endigale en las cosas cristianas
y enseñale bien el Catecismo
pa que no barbarice a sus anchas.
Cuéntalo, muchacho; ¿qué pasa pol pueblo
por Semana Santa?

- Pos verá osté, padre, pasan muchas cosas;
yo no sé si sabré yo explicalas:
anti to, lo qu´a mí más me gusta
son las pruseciones: ¡qué cosa más maja!:
unas parigüelas mu grandes, mu finas,
mu bien jatiadas,
y en lo arto una Virgen mu moza,
mu güena, mu santa,
qu´asín me lo ician tós los que pol pueblo
la prusecionaban.

Iba mucha gente,
con velas mu largas,
en dos carrefilas po los enceraos
pa dale compaña;
y en medio curas y tamién ceviles
con las escopetas a la funeraria,
por si alguno de mala nacencia
juera osao en llegar a insultala.

¡Qué Virgen más güena, qué Virgen más moza,
qué Virgen más santa!...

Al pasá po la casa e los ricos,
¡pumba!, s´encendían toás las luminarias,
y cantaban los mozos cantares,
esos cantarcinos que pol pueblo andan,
que agora es la möa,
que hacen gorgoritos y hacen mojigangas
como los triníos de las golondrinas
que mus espabilan cuando viene´l alba,
y al pasá po la casa e los probes,
tamién había luces dando luminaria:
luces de pitrolio qu´apagab el aire;
quinqueses, candiles en tóas las ventanas,
que paecían relamiase de gusto
al pasá la Virgen elante e su casa.

Y pa mí qu´a Ella no debía gustale
la lus elertrina pa que l´alumbrara:
¡la lus elertrina, tan seria, tan fosca,
con sus alambraos y sus maquinarias,
y con sus celipas y con sus tornillos
que d´un gorpe encienden y d´un gorpe apagan!

¡La Virgen, la Virgen!... Ella dende arriba
de las parigüelas que la porteaban,
lo mesmo a los ricos, lo mesmo a los probes,
a tós los miraba con la mesma cara;
y.., ¡qué corci! a mí me paecía
qu´a nusotrso mejó nos miraba,
paeciendo icirnos
con aquellos ojos cuajaos e lágrimas:
"¡Peirme, muchachos,
peirme con gana,
pa que Dios sus conceda a vusotros
lo que os jaga falta!"

Y yo l´he peïo
a esa Virgen tan güena y tan santa,
a esa Virgen que ya no m´acuerdo
cómo la mentaban,
qu´aremate mu pronto esta guerra
y que pare e llover, porque´l agua,
que mus quita trebajo a los probes,
está jorobando toita la senara.

¡Yo no sé que será de nusotros
como siga metio´l tiempo en agua,
y en Melilla sigan los hombres mandones
trillando la granacias!...

Y el pan n´ha subio, gracias al alcarde,
qu´a los panaëros ha tenío a raya,
qu´es presona de mucha concencia,
que mus dio trebajo a tós en la praza.

¡Ay, padre; qué güenos que son los señores
cuando icen a seglo con gana!

Tós los del casino de nuestro partío
le daron limosna a to´l que llegaba,
y sin destinciones, y sin miramientos,
juera gente suya o juera contraria.

II

Yo tamién me gusta
la Semana Santa,
por sus comilonas
llenas de durzainas.
Muchos platos, muchos,
ca uno de su casta,
porque pa estos días,
agüela Tomasa,
ha mercao unos peces mu grandes,
más grandes que carpas,
que se pescan mu lejos, mu lejos,
más allá e Zafra,
y que saben d´un modo más rico
que los que se pescan en el Guadiana.
¡Chacho!, qué potingues, y cuántos guisotes,
y cuántas cosinas, y cuántas durzainas
pa ponerse jartete y pa dirse
a los morumentos pa vé las muchachas.

¡Chacho!, qué jorgorio hay en las tinieblas
en cuanto las últimas candelas s´apagan.
Yo di matracazos
con la mi matraca,
y arrimé silbíos
que naide arrimaba.
Y no era yo solo; que tós los muchachos
jacían lo mesmo metiendo bullanga;
porque mus dijera la señá Colasa
qu´hay que meter bulla
pa que los diablillos del Santo se salgan,
porque tienen töavía la querencia
d´hacer perrerías con la gente santa
y atizá zurriagazos al Cristo
qu´en aquellos tiempos le crucificaran.

III

Yo tamién lo qu´a mí más me gusta
es cuando se juntan dambos en la praza,
la Virgen aquella y el Resucitao.
¡Chaco, qué estrumpicio cuando me la estapan!...
Al bori sin bori, prencipian los curas,
y tlon, tlon, tolón, tolón, toitas las campanas,
y tachinda, chinda, tós los del Pulío,
y las escopetas jarriando descargas,
y... estas cosas padre, no son pa contao,
no son pa explicalas,
tié osté qu´ir otro año pa velas,
tié osté qu´ir con mi madre y mi hermana,
pa enterase de toas las cosinas
que pasan pol pueblo por Semana Santa.


Nota.- Escrito y recitado en castúo: modalidad de habla de Extremadura.




Recitan: Josefina y Vanesa Fraile

LA PEDRADA

José María Gabriel y Galán

I

Cuando pasa el Nazareno
de la túnica morada,
con la frente ensangrentada,
la mirada del Dios bueno
y la soga al cuello echada,
el pecado me tortura,
las entrañas se me anegan
en torrentes de amargura,
y las lágrimas me ciegan,
y me hiere la ternura...
Yo he nacido en esos llanos
de la estepa castellana,
cuando había unos cristianos
que vivían como hermanos
en república cristiana.
Me enseñaron a rezar,
enseñáronme a sentir
y me enseñaron a amar;
y como amar es sufrir,
también aprendí a llorar.
Cuando esta fecha caía
sobre los pobres lugares,
la vida se entristecía,
Josefina y Vanesa Fraile
cerrábanse los hogares
y el pobre templo se abría.
Y detrás del Nazareno
de la frente coronada,
por aquel de espigas lleno
campo dulce, campo ameno
de la aldea sosegada,
los clamores escuchando
de dolientes Misereres,
iban los hombres rezando,
sollozando las mujeres
y los niños observando...
¡Oh, qué dulce, qué sereno
caminaba el Nazareno
por el campo solitario,
de verdura menos lleno
que de abrojos el Calvario!
¡Cuán suave, cuán paciente
caminaba y cuán doliente,
con la cruz al hombro echada,
el dolor sobre la frente
y el amor en la mirada!
Y los hombres, abstraídos,
en hileras extendidos,
iban todos encapados,
con hachones encendidos
y semblantes apagados.
Y enlutadas, apiñadas,
doloridas, angustiadas,
enjugando en las mantillas
las pupilas empañadas
y las húmedas mejillas,
viejecitas y doncellas,
de la imagen por las huellas
santo llanto iban vertiendo...
¡Como aquellas, como aquellas
que a Jesús iban siguiendo!
Y los niños, admirados,
silenciosos, apenados,
presintiendo vagamente
dramas hondos no alcanzados
por el vuelo de la mente,
caminábamos sombríos
junto al dulce Nazareno,
maldiciendo a los judíos,
¡que eran Judas y unos tíos
que mataron al Dios bueno!.

II

¡Cuántas veces he llorado
recordando la grandeza
de aquel echo inusitado
que una sublime nobleza
inspiróle a un pecho honrado!
La procesión se movía
con honda calma doliente,
¡Qué triste el sol se ponía!
¡Cómo lloraba la gente!
¡Cómo Jesús se afligía!...
¡Qué voces tan plañideras
el Miserere cantaban!
¡Qué luces, que no alumbraban,
tras las verdes vidrieras
de los faroles brillaban!
Y aquél sayón inhumano,
que al dulce Jesús seguía
con el látigo en la mano,
¡qué feroz cara tenía!
¡qué corazón tan villano!
¡La escena a un tigre ablandara!
Iba a caer el Cordero,
y aquel negro monstruo fiero
iba a cruzarle la cara
con un látigo de acero...
Mas un travieso aldeano,
una precoz criatura
de corazón noble y sano
y alma tan grande y tan pura
como el cielo castellano,
rapazuelo generoso
que al mirarla, silencioso,
sintió la trágica escena,
que le dejó el alma llena
de hondo rencor doloroso,
se sublimó de repente,
se separó de la gente,
cogió un guijarro redondo,
miróle al sayón la frente
con ojos de odio muy hondo,
paróse ante la escultura,
apretó la dentadura,
aseguróse en los pies,
midió con tino la altura,
tendió el brazo de través,
zumbó el proyectil terrible,
sonó un golpe indefinible,
y del infame sayón
cayó botando la horrible
cabezota de cartón.
Los fieles, alborotados
por el terrible suceso,
cercaron al niño airados,
preguntándole admirados:
-¿Por qué, por qué has hecho eso?...
Y él contestaba, agresivo,
con voz de aquellas que llegan
de un alma justa a lo vivo:
-¡Porque sí; porque le pegan
sin haber ningún motivo!

III

Yo, que con los hombres voy,
viendo a Jesús padecer,
interrogándome estoy:
¿Somos los hombres de hoy
aquellos niños de ayer?




Mi marido, Vanesa y yo (con el clavel que le regalaron a ella pero, ella me lo entregó a mí).





sábado, 14 de marzo de 2015

Viernes de presentación: "La exclusiva del asesino" de Salvador Robles Miras

Sábado, 14 de marzo de 2015 – Ayer, viernes 13 –fecha fatídica para algunos supersticiosos, como lo es la del martes 13-, tuvo lugar en Madrid, en la librería Burma, a las 19,30 horas de la tarde, la presentación de la nueva novela de Salvador Robles Miras titulada: “La exclusiva del asesino”. ¡Y no sucedió nada fuera de lo común!, salvo que, a mi modo de ver, fue un encuentro de lo más agradable, distendido y, parafraseando al autor, “TRIUNFO ARROLLADOR” […] en Madrid (memorable éxito cuantitativo y cualitativo)…”. Doy fe de ello porque tuve el placer de encontrarme entre los asistentes.
El amplio espacio de la librería, supongo que dedicado a eventos, se llenó por completo. Permitidme un término taurino: hasta la bandera.
La presentación, primero a cargo del editor, Miguel Ángel de Rus, en ese instante más que editor, maestro de ceremonias, dio paso a la persona que, en realidad, llevó a cabo la “carga” de dicha presentación: Elena Nebreda, psicóloga y directora del Centro de Menores de Madrid.
Elena nos leyó las sensaciones que la obra de Salvador le produjo. Utilizó una prosa bien cuidada, una dicción impecable, con un sentimiento que, al autor –y me temo que también a quienes la escuchábamos con deleite-, le dejó sin poder hablar durante unos segundos cuando tuvo que tomar él la palabra. Elena, en ese “prólogo” oral, ahondó en los personajes, en su acertada descripción, en sus motivaciones, en su fuero interno… Perfiló de tal modo la novela y todo lo referente a ella que, en ese estudio tan pormenorizado, dejó al “desnudo” al literato, le tiró un guante que Salvador recogió con valentía después de darle un par de besos y las gracias más emotivas; creedme, sin voz, y al borde del llanto. Me atrevo a añadir que con el corazón bombeando a un ritmo mayor de lo habitual.
Cuando Salvador, ya repuesto, tomó la palabra nos habló, en primer lugar de él, de sus orígenes humildes, de su amor por la lectura, de sus primeros años que, ¡me recordaron tanto a los míos!
Luego, pasó a hablar de la novela, de su obra, de ese nuevo hijo recién nacido –porque cada libro es un hijo más, esta reflexión es mía, pero creo que Salvador lo siente igual-. Un hijo por el que se le vio satisfecho, orgulloso, feliz.
No sólo habló de la novela, sino de literatura, de Literatura con mayúsculas, de la lectura, nos exhortó a ello, a que hay que leer… También habló sobre la escritura. Su pasión por este arte le lleva a levantarse cada día entre las cinco menos diez y las cinco y diez de la mañana; también nos contó que siempre lleva a mano un bolígrafo y un cuadernillo para recoger notas y, si lo olvidó, busca una papelería o cualquier establecimiento en el que lo pueda comprar –otra cosa que tenemos en común-, finalizó con una frase en la que dijo, poco más o menos “que si no escribimos todos los días, que si nos olvidamos por un tiempo –aunque sea breve- de la escritura, ella acabará por olvidarse de nosotros”. Algo que subrayo y corroboro al cien por ciento.
Entre reflexión y reflexión, nos regaló la lectura de un micro relato y un relato de su autoría, así como una serie de frases, pensamientos, recomendaciones, fábulas de otros autores. Como digo, se habló de la novela, sí, pero también de moral, de la búsqueda interior, de mirarnos a nosotros sin tapujos y tratar de vernos reflejados en el prójimo.
Fue una larga charla y, aun así, me pareció muy breve. La disfruté al máximo, como cuando era niña y escuchaba con total embeleso las historias que me narraban mis tías abuelas… Creo que la disfrutamos todos los asistentes y puede ser que también ellos se quedaran con ganas de más.
Una vez Salvador dio por finalizada su alocución, Miguel Ángel, como buen maestro de ceremonias, agradeció las palabras de ambos oradores y dio paso a las preguntas que se nos pudieran ocurrir a los asistentes.
Hubo varias. Yo le hice dos, más que preguntas fueron dos reflexiones:
- Una: la novela la presentaron como policíaca, negra, psicológica… Pero, y ese fue mi argumento, también tiene un gran trasfondo filosófico y, ese trasfondo filosófico se da cuando, el autor, te lleva a la reflexión de la mano de una serie de frases que, a pesar de ser parecidas, no dicen lo mismo y es preciso que dejes la lectura y pongas las neuronas a cavilar. Son frases como:
“La reflexión y la lectura / la lectura y, de ahí, la reflexión”
“La belleza de la fama o la fama de la belleza”
“La pasión del deseo o el amor deseado… El deseo de amor apasionado o la pasión del amor deseado”
“Evidencias demasiado evidentes”
Estas frases no las pude compartir durante la reunión, porque no me las sabía de memoria y, porque ni me planteé el preguntar nada pero, creí oportuno hacerlo. Quise transmitir otra visión de la obra que, he de decir, tuve el placer de leer antes incluso de que el libro saliera de la imprenta; Salvador me la hizo llegar en pdf. Honor que ni se imagina cómo y cuánto aprecio. Tras la lectura de ese pdf hice un comentario en realidad somero frente a como suelo hacerlos, más extensos, pero si en esta ocasión no me explayé cuanto hubiera deseado fue debido a eso, a que aún no estaba a la venta, ni tan siquiera en formato papel, por lo que no me extendí demasiado para no revelar más de la cuenta.

- Dos: añadí que, como ya se habló durante el coloquio, y tal y como desveló el propio autor, es una obra en la que el lector conoce desde los dos primeros capítulos lo que va a suceder: el asesinato de una modelo aparece en la primera frase del prólogo y del capítulo 1; también se conoce, desde el principio, quién es el asesino. Al lector le hace sentirse un personaje más de la trama, un personaje que lo sabe todo, lo ve todo desde fuera, como si se encontrase al otro lado de una ventana, ¡pero! aun conociendo los hechos, está atado de pies y manos, no puede ayudar a desenredar la trama... Y, como añadí, el verse inmerso en la obra, repito, atado de pies y manos, sin modo alguno de poder ayudar sientes como lector-personaje una gran desazón, un vértigo en el estómago, como el que produce la vista de la escalera de caracol que ilustra la portada.

Esta segunda cuestión, a la que Salvador dio pronta y amplia respuesta le llevó a hablar de Maibi Marisa Bilbao –con enorme cariño, profunda admiración y respeto por un trabajo que dijo “bien hecho”, todo esto lo noté cuando habló de ella, pues lo hizo con verdadero calor-, la persona que le proporcionó esa imagen. Creo que la más acertada que pudo elegir porque, cuando terminas de leer la novela, incluso mientras la lees, te sientes así: en lo alto de esa escalera, girando sobre un suelo que no existe, y con la certeza de que no existirá, al menos para ti, lector…
¿Los personajes sí que podrán asentarse sobre algo firme?
¿La luz de la justicia, de la verdad, brillará o todo irá al fondo de ese pozo que se estrecha, de esa espiral que te absorbe?
¿Será capaz la policía de entresacar lo real de lo falso?
Son preguntas que, de manera inconsciente, te las haces durante la lectura de “La exclusiva del asesino” y…

¡¡Para conocer todas esas respuestas hay que leer la novela!!


Nota.- Si alguien quiere bucear en la novela, como pongo más arriba, tuve el placer de leerla y comentarla “en exclusiva”. Este comentario lo encontraréis en el blog que titulé “Mis lecturas”,


O, en el siguiente enlace:

* 2015-02-28 – La exclusiva del asesino, Salvador Robles Miras


Aquí encontraréis mi opinión, que es una, espero que Salvador tenga miles de lectores y, por lo tanto, miles de opiniones.
Ahora, retomaré el libro, en este caso en su formato de papel y volveré a deleitarme con esa prosa fluida, casi poética a pesar del tema porque, cuando se sabe escribir, cuando se es escritor de verdad, por muy desagradable que pueda ser el argumento, si el estilo es elegante, la prosa amena, la redacción correcta... el tema será lo de menos porque el lector caerá en las redes y leerá y releerá la obra hasta el aburrimiento, lo prometo.
Quiero terminar este artículo agradeciendo a Salvador el que me encontrara ya hace tiempo, el que, incluso en la distancia, compartiese conmigo alguna de sus obras –conmigo y con los lectores de “Pluma y Tintero”-, y sobre todo añadir que es tal y como le imaginé. Leer a alguien, en profundidad, te lleva a conocerlo bien. Es cierto que, a veces, te puedes llevar una gran decepción, porque no es oro todo lo que reluce, pero ayer pude sentir la gran catadura moral de Salvador Robles Miras, un escritor y un amigo.
Juana Castillo Escobar

Madrid, 14-III-2015


Salvador Robles y yo

miércoles, 4 de marzo de 2015

"Zarzuela literaria", el por qué de este título - Copio el "Preámbulo" que aparece en la obra

Preámbulo
 
Poema "El tiempo", en español y su versión en rumano

Breve explicación de dónde procede la palabra zarzuela, y el por qué de haberla elegido como parte del título de esta obra.

*Zarzuela.- Según el diccionario de la RAE (Real Academia de la Lengua Española) procede de Zarzuela**, nombre del real sitio donde por primera vez se representaron estas obras dramáticas y musicales.
1. f. Obra dramática y musical en que alternativamente se declama y se canta.
2. f. Letra de la obra de esta clase.
3. f. Música de la misma obra.
4. f. Plato consistente en varias clases de pescados y marisco condimentado con una salsa.

He querido titular así este libro porque, al igual que en la zarzuela encontramos: música, canto operístico, diálogos, gags cómicos, baile… En él pretendo reflejar la variedad de temas que trato de poner en conocimiento del lector. Solo me faltaría, para que mi trayectoria literaria quede completa, compartir algún capítulo de cualquiera de mis novelas inéditas.
En este libro encontrarán:

- ARTÍCULO
- ENSAYO
- HAIKUS
- POEMAS
- PROSA: Epístola - Micro relato - Relato
- PROSA POÉTICA
- RINCÓN INFANTIL: un poema y un relato

**La Zarzuela.- La pequeña ópera española, mal llamada opereta, también se le conoce como “género chico”, vino a llamarse zarzuela por ser La Zarzuela (palacio mandado construir por Felipe IV en 1627 como pabellón de caza) el lugar donde se celebraba. Algunos apuntan a que fue allí donde se celebraron los primeros recitales con música, como el trasunto o correlato de lo que luego sería divulgado y elaborado desde Italia como ópera.
De ahí derivan también los nombres de: el Hipódromo de la Zarzuela, construido en el siglo XX, debido a la proximidad al palacio.
En 1856 se inauguraría el Teatro de la Zarzuela, que debe su nombre a la representación de este género musical.
Y, todos ellos se supone que se llaman así, porque el nombre, posiblemente, alude a la abundancia de zarzas que existen en el entorno del monte de El Pardo donde se encuentran situados el palacio y el hipódromo.


Madrid, 1º de septiembre de 2014
La autora




Presentación virtual de mi último libro: "Palabras de tinta y Alma"