Un espacio para soñar en el que intentaré que la música, las imágenes, las palabras, se conviertan en puro arte y den de lleno en el corazón
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viernes, 31 de diciembre de 2010
miércoles, 29 de diciembre de 2010
¡FELIZ NAVIDAD!
domingo, 19 de diciembre de 2010
Me publican en "ORIZONT LITERAR"

jueves, 21 de octubre de 2010
Para no olvidar los cálidos días del verano

Juana Castillo Escobar ®
En cuanto la vio, sola, sentada en una de las mesas del local, opinó que ya era el momento de empezar de nuevo el juego de la seducción. Amaranta, cuarenta y ocho horas antes, decidió dejarle. Estaba libre de nuevo. ¿A qué esperar más tiempo? Además, no podía permitir que cualquier pipiolo le robara aquella preciosidad que, según él, estaba pidiendo guerra con todo su ser.
Apuró la copa de bourbon que sostenía en su mano izquierda, la dejó sobre la barra y deslizó un billete en el bolsillo de la camisa del camarero a la vez que le decía algo en voz baja. Luego, después de atusarse los aladares, ya entrecanos, se rehizo el nudo de la corbata de seda que poco antes se deshizo a causa del calor sofocante que se respiraba en el local. Caminó con paso elástico a través de la pista, sorteando a parejas que bailaban o, simplemente, permanecían abrazadas, como estatuas siamesas que, de vez en cuando, respiraban para poder continuar con vida. Cuando llegó junto a la mesa esbozó una sonrisa lobuna. Sus blancos y bien delineados dientes brillaron bajo las luces de los láseres de colores que ambientaban el local.
- ¿Espera a alguien? -Le preguntó tratándole de usted, para que ella viera que, quien estaba a su lado, era un caballero, por tanto alguien de quien se pudiera fiar.
- Puedes sentarte. Es lo que estás deseando desde hace un buen rato.
La respuesta de ella lo dejó, por un momento, sin palabras. Pero él no se amilanaba así como así. ¿Qué ella quería guerra? Pues la tendrían.
- Gracias… ¿cómo te llamas?
- Bel.
- Precioso, nunca conocí a nadie con ese nombre.
Hubo unos momentos de silencio. Él aguardaba la pregunta de ella. Pensó que, como era lógico, también querría saber el suyo, pero Bel no abrió los labios, sólo esbozó una sonrisa que a él le pareció astuta, incluso algo maliciosa. Entonces llegó el camarero con una hielera en la que se enfriaba una botella de champán francés. El más caro. El que solía pedir en ocasiones especiales y ésta lo era. Mientras que el camarero abría la botella y llenaba las copas, él contempló a la mujer: era hermosa, muy hermosa. El cabello rojo, largo y ensortijado, le caía suelto por la espalda hasta más allá de unos hombros redondos, apetitosos; los ojos eran dos carbones apagados pero que destellaban en medio de una cara ovalada, de rasgos perfectos y piel casi transparente; la boca, un corazón que sonreía sin parar. El vestido rojo, escotado, de satén, se le pegaba al cuerpo resaltando unas formas perfectas...
- ¿Algo más?
La pregunta del camarero le sacó de su nube.
- No, Tony, todo está bien. Gracias.
El joven regresó a su puesto detrás de la barra.
Él, después de mirarle a ella a los ojos durante unos instantes, tomó una de las copas y se la alargó. Sus dedos se rozaron y él sintió como si las burbujas del espumoso se le hubieran colado ya por la nariz bajándole hasta el estómago revolucionándoselo.
- Yo me llamo Ernesto. Ernesto Palacios –le dijo mientras asía su copa por el tallo de la peana-. Soy el dueño de este club y de una veintena más. Todos ellos abiertos a lo largo de la costa.
- Lo sé –fue la única respuesta: escueta y algo seca.
- ¿Ya me conocías?
- No. Sólo lo sé.
- Seguro que me habrás visto en las mil y una revista del corazón… Por eso lo sabes.
- No. Yo ya sabía de ti.
- ¿Quién te habló de mí? ¿Tenemos algún conocido en común?
- ¿Por qué no dejas las preguntas para más tarde y me sacas a bailar?
- Sí, sí, claro… -en su fuero interno su mente se recriminaba: Pero, ¿qué me pasa? ¿Acaso no soy yo el conquistador? ¿No soy yo quien lleva la voz cantante en este juego? ¿Me estaré volviendo viejo? No, de eso nada, mis “facultades” continúan despiertas y en muy buen estado…
Ella se puso en pie. Era más alta de lo habitual. Casi tanto como él que medía algo más de 1,80. A Ernesto se le escapó un silbido de admiración. No se podía creer tan afortunado.
Es una perita en dulce –se dijo-, dios, creo que la tengo en el bote. Y, de viejo, nada. Siento el corazón que bombea desbocado. ¡Será una noche de infarto! Amaranta, ¡ya tienes sustituta! Tus amenazas cayeron en saco roto. ¿No decías que iba a terminar mal? Que me vería solo. Anda, y púdrete, Bel te da mil vueltas. ¡Qué digo mil! Millones de vueltas a todas las que me habéis conocido…
Ernesto y Bel no pararon de bailar, de beber, de reír, de besarse en toda la noche. El calor era sofocante, los ritmos frenéticos, las ansias insaciables…
Le pareció escuchar a Ernesto el sonido seco de tres golpes de tambor, como si aquellos redobles los hubieran marcado contra su pecho. Recordó que era verano. ¡Ah, y acababa de enamorarse de la chica más hermosa del club! Notó la boca pastosa y la cabeza embotada. Los párpados no querían abrirse porque sólo deseaban retener la imagen de Bel.
Bel. Bel… ¡Qué nombre más hermoso!, se dijo entre las telarañas del sueño.
- ¡Aún estoy soñando! –Exclamó.
La voz le sonó como salida de un pozo profundo. No la reconoció como suya. Tampoco estaba en el club en el que pasó la noche bailando con ella, en aquel antro en el que las luces buscaban los techos dejando los rincones a oscuras para que las parejas tuvieran sus momentos de intimidad, donde la bruma artificial y perfumada hacía el ambiente erótico y recargado. Ahora resplandores rojos, destellos de luz incandescente, calor, un calor grande lo envolvía. Miró a su alrededor con unos ojos que sintió prestados, intentó ponerse en pie sobre unas piernas que casi no lo sostenían… Ella estaba frente a él. Hermosa, hermosísima, aureolada de rojo. Le pareció formular una pregunta pero su boca ya no era su boca. Bel, sin mover los labios, le respondió:
- Sí Ernesto, te conozco de siempre, de toda tu vida. He sido la encargada de seguir tu trayectoria desde el momento mismo de nacer…
Ernesto aún fue capaz de poner una última mueca. Frunció el ceño que sintió apergaminado.
Pero, ¿qué me estás contando? ¡Si yo podría ser tu padre! ¿Cómo me vas a conocer desde el momento en el que nací? ¿Qué me está pasando?, intentó preguntarle, pero su voz ya no estaba con él. Ella le replicó nada más ver la duda en sus ojos, unos ojos verdes que iban perdiendo su color por momentos:
- ¡Por supuesto que te conozco desde tu nacimiento! Muy bien, además. He seguido tu trayectoria con gran interés. Desde siempre te quise mío. Lo cierto es que me has dado muy poco trabajo, siempre hice contigo lo que me vino en gana. Por otro lado, y con ánimo de tranquilizarte, te cuento que lo único que te está pasando es que moriste anoche, de un infarto, en medio del “Tártaro Club”. Ahora eres y serás mi huésped por toda la eternidad. ¡Ah, quizá te interese saberlo!, mi nombre completo es BEL, BEL…CEBÚ.
Madrid, 19 de Marzo de 2006 - Relato registrado en el Registro de la Propiedad Intelectual de Madrid (España) - ®
*Tártaro.- Infierno, averno, abismo,
perdición, tormento, condenación, pira…

miércoles, 13 de octubre de 2010
jueves, 7 de octubre de 2010
El árbol de Anne Frank
En noviembre de 2007, la Fundación Anne Frank ganó el litigio interpuesto en los tribunales contra la ciudad de Ámsterdam, que había ordenado echar abajo el castaño de indias que Anne Frank observaba desde su casa refugio, debido a su notorio deterioro. Las autoridades sostenían que si no se talaba, el árbol acabaría desmoronándose con sus enormes ramas sobre la Casa-Museo de Anne Frank, que recibe un millón de visitas al año y que se ha convertido en un centro de peregrinación para amantes de la libertad procedentes de todo el mundo.

Esto lo leí y, más tarde, copié porque me pareció digno de ser compartido, lo encontraréis en el blog "El museo de la luna".
http://moon-museum.blogspot.com/2010/06/el-arbol-de-anne-frank.html
Yo ya colgué hace más o menos tres meses mi hoja en el árbol: http://www.annefranktree.com/
viernes, 3 de septiembre de 2010
Para empezar el mes

Juana Castillo Escobar ®
- Desde lo más profundo del infierno, surge una llamarada de amor que, lógicamente, ni te la esperas –asevera la mujer con gesto serio y voz suave-. Yo que lo he vivido, que vengo de allí, puedo confirmarlo.
Se remueve en el sillón de fibra sintética y madera de teca como si miles de agujas se le clavaran en la piel. Observa con curiosidad al joven que, magnetófono en mano, aguarda sus palabras con verdadera impaciencia. Más que observarlo lo estudia como el científico que busca en el microscopio el origen de la vida. Es de baja estatura, tez morena, pelo largo y ondulado; los ojos, de un color miel transparente, son acariciadores, tranquilos, dignos de confianza. Y esa confianza es la que le ayuda a ella a abrir su corazón a un desconocido.
- ¿Para qué publicación me dijo que es la entrevista?
- “Mujeres al límite” –responde el chico que acaba la frase con una amplia sonrisa.
- Mujeres al límite. Mujeres al límite –repite ella en un tono casi inaudible-. Sí, yo sé de eso: de vivir al límite, hundida hasta las pestañas en la mugre pestilente de este mundo. En un infierno que tenemos ahí al lado y nadie quiere ver… ¿Esto lo estás grabando?
- Es mi tarea, hacer un buen reportaje. Pero, si usted estima que hay algo que no desea que se sepa, yo lo suprimiré. Confíe en mí…
- Eso es lo que hago, confiar en usted. Pero, ya sabe: nada de fotos, nada de nombres y apellidos, ninguna descripción de mi imagen –pide ella frotándose las manos, unas manos en las que aún están frescas las huellas de quemaduras y pequeños cortes visibles a pesar de las filigranas de henna pintadas en sus dedos y en el dorso de sus manos, pequeñas y nerviosas.
- ¿Cómo puedo llamarle? –Pregunta él después de haber apagado el magnetófono- ¿Fátima? ¿Zoraida? ¿Yasmín?
- Yasmín. Me gusta. Me trae recuerdos de una amiga…, ella murió. Nada pudo salvarla de aquel mundo angustioso y horrible. De hecho, si he consentido en contestar a sus preguntas, es por ella: para que el orbe todo conozca aquel infierno, un lugar en que la mujer vale menos que un camello, ¿qué digo?, que una cabra sarnosa.
- Bien, Yasmín, cuando usted guste puede comenzar a contarme su historia, o la de su amiga… O la de ambas.
La mujer se aclara la garganta. Se levanta. Alarga su brazo derecho y toma un par de vasos que hay sobre la mesa de mármol y hierro, vierte en ellos, con maestría, un aromático té con hierbabuena. Ofrece uno a su invitado. Con parsimonia vuelve a su asiento, cruza las piernas, se coloca los pantalones bombachos, de algodón blanco, sobre las rodillas, toma su vaso entre las dos manos, cierra los ojos mientras bebe un sorbo de té. Lo paladea con fruición. Al abrir los ojos encuentra los del joven clavados en su cara, le sonríe con timidez pero en el fondo con audacia, con la audacia que le da el ser una superviviente. Mira el jardín desde lo alto del porche. La tarde empieza a decaer y rosas, boj, claveles, petunias, celindas y madreselvas emiten sus mejores aromas. Carraspea de nuevo. Con un movimiento de mano le indica al reportero que puede comenzar a grabar su testimonio. Entonces ella da comienzo a su historia:
- Nací en un pueblo del más profundo Afg… Esto olvídelo. Nada de lugares.
- No tema. Es como si no lo hubiera oído, ni grabado.
- Bien. Sigamos. Soy la séptima hija de una familia compuesta casi toda por hombres: tengo diez hermanos varones. Nada más nacer fui prometida a un comerciante de la aldea. Él era por entonces un hombre todavía joven, de casi cuarenta años. Me casaron con él cuando cumplí los dieciséis. Tardaron tanto en desposarnos porque mi madre ocultó a mi padre y mis hermanos que, desde los once años, había dejado de ser una niña. Ella se apiadó de mí tratando de retrasar mi matrimonio, pero era algo imposible de detener por mucho tiempo. Todo estaba convenido muchos años atrás.
“Las fiestas de nuestros esponsales duraron una semana. Todo el pueblo celebraba la boda del hombre más rico de la aldea con risas, cánticos y alabanzas pues no escatimó sus dádivas a la hora de darlos de comer. Todos fueron felices menos yo. Mi esposo, un hombre ya cercano a la vejez, con olor a rancio, seboso, falto de dientes, entró en mí desde la primera noche como los bandidos que aguardan agazapados y asaltan a las caravanas en el desierto: sin ningún escrúpulo, sin ningún atisbo de ternura…
“Bien sabe dios que, si al menos hubiera mostrado conmigo alguna inclinación amorosa, algún respeto, quizá con los años yo habría podido amarle. Así ocurre y así ocurrirá siempre entre nuestras mujeres: que al final acabamos amando al hombre al que fuimos vendidas. Pero yo, como decía él, “salí respondona, con criterio propio, algo “impropio” entre las “de mi clase”. Y es cierto, muchas cosas de nuestra cultura me asquean: el no poder decir “No” o “Basta ya” cuando algo no me gusta o apetece.
“Mi amiga abrió la brecha. También a ella la casaron con un anciano. Su esposo era mayor que el mío. Tendría 61 ó 62 años, pero aún no había perdido sus fuerzas y, cada noche, la forzaba a mantener relaciones de todo tipo. Entre otras cosas porque necesitaba un heredero. Ella empezó a negarse, a gritar cada vez que no deseaba yacer con él, cada vez que era azotada, cada vez que era vilipendiada. Sus lamentos se escucharon por toda la aldea. Llegó a inventarse la figura de un amante…
- Pero, ¿aquélla mujer tuvo un amante?
- No. Todo lo inventó. Quería salir de aquel infierno de cualquier manera. No le importaba cómo.
- ¿Qué le pasó?
- Al final murió lapidada. Su propio padre tiró la primera piedra. No se le ocurrió que todo pudiera ser una farsa, un invento para huir de tales vejaciones y tanto dolor. Entre tanto también yo aguantaba. Fueron diez años horribles. Una vez intenté quitarme la vida, pero las heridas no eran lo suficientemente profundas como para causarme la muerte –Yasmin enseña al joven sus muñecas, tiene la piel arrugada por los cortes, luego las esconde en las mangas de la blusa-… Mi esposo buscaba a toda costa, al igual que el de mi amiga, tener un hijo pero éstos no llegaban. Unos porque yo no quise, otros porque no llegaron a cuajar. Se volvió iracundo, malvado…
“Un día llegó a casa con Raschid, el hijo mayor de una de sus hermanas. Lo trajo para que le ayudase en la tienda y él poder ociar y dedicarse a sus visitas placenteras y de negocios. Lo trataba mejor que a mí, pasó a ser el hijo tan deseado, pero eso no le hizo desistir en sus violencias conmigo.
“La gente es cruel, te ve llorar, arrancarte los cabellos porque tu esposo te maltrata y mira hacia otro lado: es lo que se espera de él.
“Intenté quitarme de nuevo la vida después de una paliza que me dejó medio muerta. Él, sin apiadarse de mí, salió a sus quehaceres. Nos quedamos solos en casa Raschid y yo. Lo cierto es que jamás, en al menos dos años, cruzamos una sola palabra pero mi corazón supo desde el principio, desde que se cruzaron nuestras miradas por primera vez, que el amor nos tomaba en volandas llevándonos sobre sus alas. Raschid curó mis heridas, no sólo con ungüentos y vendajes, sino con palabras y hechos.
“No podía creer que un hombre pudiera ser tan tierno, tan amoroso, tan…
“El caso es que en lo más profundo del infierno aquel surgió el amor, llamaradas de amor que nos era imposible ocultar.
- ¿Su esposo la dejó marchar?
- ¿Marchar? No. Yo soy de su propiedad. Raschid y yo logramos huir. Mi madre nos ayudó, ella es una mujer instruida y rica pues heredó de su padre todo el patrimonio familiar. Gracias a ella, y a los trabajos de joyería fina de Raschid, hemos conseguido esta casita en este pueblo escondido… Cuanto más escondidos vivamos, mejor. Más difícil le será a él dar con nuestro paradero. Si nos encuentra nos matará por eso no quiero que se sepa quién soy…
- Pero su historia puede darle una pista.
- Estamos demasiado lejos. Confío en que, además de no saber leer, hay miles de historias como la mía. Lo que no hay son miles de mujeres que, al final, hayan encontrado el amor en el más profundo de los infiernos.
jueves, 29 de julio de 2010
Un relato corto para acabar el mes
Juana Castillo Escobar – Madrid (España)

Algunos meses más tarde, del exterior, le llegaba algún que otro sonido que, por supuesto, ella no lograba diferenciar.
A veces se trataba de música, una música suave que, quien la contenía, le dejaba escuchar. Otras era una voz que, junto con caricias, le hablaba, pero ella aún no entendía esas delicadezas. Otras era una presión contra la pared que le separaba del exterior, una presión que intentaba seguir sus correrías por su universo líquido. Y, en otras ocasiones, le llegaba un estruendo tal de motos, cláxones, escapes de coches…, que sobresaltaba a ambas mujeres: la contenida y la contenedora.
Pasó algún tiempo. Un día notó cómo aquel espacio, antes infinito, se le había ido achicando poco a poco. Ya no podía flotar con soltura, tampoco navegar de uno a otro lado de sus estrellas. El espacio le hizo enrollarse en torno a sí como un gusano. ¡Horror, ya no podía estirar sus piernas si no era topándose contra la pared flexible que le separaba del exterior! Tampoco lograba mover los brazos como antes, no podía expandirse con total libertad en el momento del bostezo, ahora sus bracitos permanecían pegados al tórax, flexionados; y los puños, siempre cerrados, estaban continuamente unidos a sus ojos.
De súbito, otro día, todo se puso del revés.
Sus piececitos empujaban, hacían fuerza contra algo, necesitaba salir. No sabía qué era la claustrofobia pero empezaba a conocerla. El cuerpo que le había contenido durante una eternidad también la rechazaba, hacía todo lo posible por hacerle un espacio que le ayudara en su camino hasta el exterior. Notó que todo se aceleraba. Hubo carreras. Sirenas de ambulancia. Gritos. Apremios. Espasmos. Respiraciones entrecortadas. Silencios. Llantos. Exploraciones... Y ella sufría boca abajo. Su cráneo quería romper la barrera que le separaba de aquel exterior que ahora entreveía luminoso. Un empujón. Respira. Otro empujón. Inspira. Otro empujón. Respira. Inspira.
El dolor es agudo, ambas mujeres lo sienten por igual. La de dentro quiere salir, la de fuera desea que lo haga.
Un esfuerzo. Respira.
Y aquel universo líquido se soltó como una catarata. La niña salió detrás.
La madre, dolorida, sonríe. Es feliz. A su pesar exclama:
- Contigo nace el dolor, pero éste, por suerte, lo olvidarás.
_____________________
Nota.- Este relato, remodelado para su edición, pertenece al cuaderno semi inédito titulado “Veintidós historias de mujer y un retrato”.
Premio Dardo y Blog de Oro
Dice: Como par

Como bien lo señala -continúa Mª Eugenia en su blog- Albert este premio no obliga a quienes lo reciben a insertar el logo ni a generar los enlaces. Saludo a cada uno de los autores de todos los blogs que sigo desde esta Aldea y la Sobremesa. Gracias por hacer de la blogosfera un lugar de conocimiento, encuentro y entendimiento.
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jueves, 24 de junio de 2010
Presentación en Madrid de la Antología de Cuento Breve "La Geniecilla de las historias" - 15-VI-2010
Empezaré con una frase de Groucho Marx que dejó escrita para que la pusieran, en su momento, como epitafio sobre su lápida: “Disculpen si no me levanto”. Veo caras de miedo. Interrogativas. Se dicen “Menudo comienzo”, o se preguntan: “¿Pero esto a que viene? ¿Acaso se habrá vuelto loca?” No, nada de eso, en un segundo me explico.
No seré tan macabra como Groucho. Si nos encontramos hoy aquí, no es por un hecho luctuoso, sino por un evento alegre como lo es la presentación de nuestro nuevo “niño”. Mi frase “lapidaria” para comenzar será: “Disculpen si no les hablo directamente, sin un folio de por medio” pero…, me justificaré ante los que no me conocen: soy incapaz de hablar en público, a no ser que ya traiga redactado de casa lo que tengo que exponer. Lo cierto es que, si trato de dirigirme a todos ustedes sin, como acabo de decir, un folio de por medio, las palabras se me olvidan, me resulta imposible formar frases, no cuajan, se convierten en pompas de jabón y se me caen, debería decir “se volatilizan” en la mente antes de llegar a los labios y, para que esto no pase, prefiero leer. Quizá sea más monótono, menos ágil, pero necesito el parapeto de la hoja de papel, aunque me sirva de poco y los nervios me jueguen, como siempre, una mala pasada y consigan que, en lugar de leer, me embale como un coche de carreras.
Después de esto, una breve clase de historia:
Hace veinte meses nos reunimos en este mismo espacio para presentar el primer libro publicado por el Taller Literario “Pluma y Tintero”. Hoy, nos vemos otra vez para dar la bienvenida al segundo de nuestros retoños, a quien bautizamos como “La Geniecilla de las historias”.
Creo que todos nos conocemos ya pero, por si alguno es nuevo, haré las presentaciones. Me acompañan: Isabel Fraile Hernando, Consuelo Gómez González, primeriza en estas lides, Nines de Andrés del Palacio… Y, en la distancia, aguardan escondidas: Pepi Núñez Pérez, en algún lugar de las Palmas de Gran Canaria y, un poquito más al sur, allá donde casi termina la tierra, Adriana-Cecilia Salcedo Jaramillo, en Chile. Mi nombre es Juana Castillo Escobar, soy escritora, al menos lo intento, y la autora de todo este tinglado del que espero salgáis satisfechos.
Antes de entrar en materia quiero agradecer a Enrique, y a los directivos del Centro Cultural “Pablo Picasso”, su amabilidad al permitirnos que nos reunamos aquí a celebrar la llegada del nuevo retoño al que podéis ver sonriente y alegre en la portada, parece decir “Venid conmigo, leamos”. Y eso es lo que haremos a continuación pero antes de dar comienzo a las lecturas os contaré el por qué de La Geniecilla. Está especificado en la Contraportada y en el Prólogo, algo que, en muchas ocasiones, no se toma en cuenta.
Ahora ya sí, cedo la palabra a mis compañeras, tal vez ellas también quieran añadir algo antes de compartir sus relatos.
Isabel Fraile leyó su relato: “Penélope” – Pág. 25.
Consuelo Gómez leyó su relato: “Nos vamos a Madrid” - Pág. 135.
Pepi Núñez, leyó Isabel Fraile en su nombre el relato: “El último sueño” - Pág. 118.
Nines de Andrés leyó su relato: “Un pacto de convivencia” – Pág. 55
Adriana-Cecilia Salcedo, leyó Susana simón en su nombre el relato: “Café Caribe” – Pág. 20.
Juana Castillo, acompañada por Javier Burgos, leyó su relato: “Entre puntos y en coma” - Pág. 82.
Para finalizar este acto primero quiero, no sólo yo, sino todas nosotras, daros las gracias de corazón por acompañarnos, si se tiene en cuenta en las fechas en las que estamos: final de curso. Para algunos de vosotros, días de exámenes, de recuperaciones, de corrección de los mismos… Para otros tardes de fútbol, de Mundial que, o bien, veréis en diferido, o tendréis que conformaros con las noticias bien sea por T.V. o a través de la prensa escrita.
En segundo lugar añado que nuestros deseos son que: La Geniecilla de las historias no se duerma en los laureles y tenga siempre a mano la pócima de la inspiración; escribir cada vez mejor; editar, a ser posible, con regularidad y podernos reunir, de vez en cuando, con todos nuestros amigos, los más antiguos y los más recientes, en actos como este y poder deciros: “¡De nuevo hemos sido madres, gracias por vuestra visita y hasta la próxima!”. Y…, si alguien desea añadir algo, hacer alguna pregunta, compartir alguna noticia, este es el momento oportuno, más tarde no queda tiempo. ¡Tenemos que firmar, como los consagrados, nuestros ejemplares de La Geniecilla de las historias, si es que os apiadáis de ella y os lleváis alguna a casa! Gracias.
Isabel Fraile lee su relato "Penélope"
y/o “El último sueño”, relato de Pepi Núñez, autora que publica con nosotras desde Las Palmas de Gran Canaria
Foto familiar de cuatro de las seis autoras:
sábado, 19 de junio de 2010
Presentación de la Antología "La geniecilla de las historias"
viernes, 18 de junio de 2010
27-IV-2010 - Presentación de la Antología: Entre gozos y rebozos. Memorias del campo
También te incluyo la presentación de la maestra Rosalinda Saavedra, que me ha enviado Linda en la cual nombran tu cuento. La otra presentadora no ha mandado su texto, en cuanto lo tenga lo compartiré contigo. Sé que te interesará pues nosotras que vemos todo desde el monitor de nuestro ordenador queremos saber y conocer un poco más de lo que se ha hecho allende los mares ya que nos interesa directamente."
Bien, pues, como en la entrada anterior publiqué la presentación de la Sra. Saavedra, ahora os dejo las fotos...
Lectura en el acto de presentación de la antología "Entre gozos y rebozos. Nostalgias del campo"

Esta nueva edición titulada Entre gozos y rebozos. Nostalgia del campo es una compilación de 40 cuentos en los que precisamente está presente el campo. Seguramente, cuando se convocó a los escritores, se les pidió que los hechos que se cuentan en la narración tuvieran ese escenario, y en casi todos, de una u otra forma, ya sea sólo como referencia, nos sentimos dentro de un paisaje rústico mexicano: milpas, mangales, el río, los cerros, flores silvestres, borregos, el granero, las cabras.
Es muy interesante leer las pequeñas notas que vienen en el libro acerca de los autores publicados en esta edición, porque nos damos cuenta de que no sólo aparecen autores mexicanos de diferentes lugares de la república, tenemos cuentos de cuatro españoles, dos ingleses, dos chilenos, dos argentinos. O de autores mexicanos que viven en algún país remoto. En cuanto al género de estos escritores llamó la atención lo equitativo de la selección, ya que tenemos composiciones de 20 mujeres y 18 hombres. Hacemos notar que a dos autores se les publican dos cuentos: Alberto Buzali y Diana Castilleja.
Casi todos estos escritores son muy jóvenes, la edad promedio de todos ellos está en los 35 a 45 años de edad, los dos extremos corresponden a un escritor inglés, el Dr. Gurney, quien tiene mi edad (lo admiro muchísimo) y una bebé jalisciense de 16 años, Rocío Ramírez, que escribe cuentos fantásticos y está preparando ahora una trilogía y novelas para jóvenes.
Llama la atención que los casi 40 escritores que publican en esta edición, no todos son egresados de las carreras de Letras o de carreras afines como la de Comunicación. Figuran también quienes son egresados de la carrera de Arquitectura, Veterinaria, Medicina, Ingeniería química, Ciencias Políticas, un escultor, una pintora, una chelista. Esto me hace recordar la pregunta que le hice a una de mis alumnas cuando me enteré que era doctorante en Química ¿y tú, qué haces aquí?... Pues sí, el gusto por las letras y la vena de escritor no es exclusivo de quienes estudiamos Letras.
Muchos de ellos tienen altos grados académicos como maestría y doctorado. Algunos ejercen como profesores de materias como Literatura española e Iberoamericana, dirigen talleres literarios, participan en diversos proyectos de educación o en medios de comunicación como radio y televisión.
Muchos han ganado premios literarios nacionales e internacionales o han sido finalistas en concursos literarios y algunos de los que aquí encontraremos han publicado libros de poesía y teatro y ya publicaron otros cuentos en anteriores publicaciones de esta misma editorial, como Recuentos Urbanos.
Me dio mucho gusto encontrarme con producciones de alumnos del SUA y reconocer a tres que fueron mis alumnos como Mónica Pavón, Maribel Delgado, Rebeca Mata. No cabe duda de que en esta universidad y en el SUA, Linda y Susana han encontrado una cantera de escritores que, sin el apoyo de ellas, no habrían logrado que sus obras se publicaran, ambición muy legítima de todo escritor.
Pues bien, como decíamos en un principio, el escenario en estos cuentos es el campo, sobre todo el campo mexicano, pero también el campo inglés, el campo chileno. La temática es muy variada y los recursos estilísticos también lo son.
Hay cuentos que nos indignan porque lo que sucede ahí es indignante: que Gaudencio tenga que enfrentarse a un coronel que no sólo se queda con sus tierras sino con su hija de 12 años, en el cuento de Diana Castilleja Lo único que tienen es nuestro miedo. O el abuso del dueño de una hacienda que viola a una niña de 8 años en Finca La firmeza de José Alberto Rojas. Cuentos llenos de realismo, perfectamente escritos, que nos presentan la desgracia de los campesinos que por tratar de mejorar son explotados o violados.
Otros cuentos nos trasladan a esos lugares pequeñitos, sencillos, de personas ingenuas que nos muestran sus costumbres: en El tío Víctor de Walter Islas, gustamos del paisaje semiárido de una región de Guanajuato: mezquites, huizaches y un riquísimo desayuno que nos abre el apetito: carne asada con huevos y jamón, salsa verde y unas riquísimas tortillas, ¿quién no se ha deleitado con esto? O la simpática historia del chico capitalino que viaja a Pajacuarán y lo visten de judas: calzón de manta, paliacates, un chirrión, pero se le olvidaron los huaraches y todos se ríen de él porque llevaba unos tenis, en el cuento Con tenis de Alfredo Romo. Además de adentrarnos en las costumbres y ceremonias de estos pueblos recogemos muchas palabras del español de México.
Algunas narraciones están saturadas de simbolismo como Un ave fénix escrita por Diana Ferreyra, donde el fuego es como un símbolo de purificación. Y Mónica Pavón nos habla de Cortamortaja que es un pájaro que según la tradición preludia la llegada de la muerte. En Pasado de una imagen falsa de Rocío Ramírez, una mujer evoca su pasado en una casona de campo, se reconoce en ella pero su narración es un lamento,
Y la soledad que han tenido que vivir algunas mujeres por cumplir con la misión de cuidar a su madre y no casarse en La hija un cuento también muy bien logrado de Maribel Delgado. Y no hubo boda ni nietos para los padres que se quedaron en el pueblo, pero sí hijos ajenos que cuidaron y que, con gratitud, no se olvidan de la nana, en Desde entonces, de Rebeca Mata.
Pero también existe la queja del campesino que quisiera una vida diferente, venir a la ciudad, conocer el mar. Ahí tenemos Pío Pío escrita por Marcia Espinosa, con un lenguaje muy chileno y La milpa y el mar, de Araceli Ríos, que nos presenta el anhelo de muchos campesinos por pasar al otro lado, campesinos que no han salido nunca de sus lugares de origen y no conocen el mar.
También nos sorprenden los desenlaces trágicos como los que encontramos en los cuentos Esperanza y sus Joaquines de Sharyn Bistre, Cumpleaños de madre y Misericordia de Alberto Buzali, En busca del agua de Juana Castillo, El último vuelo de Miguel Peraza y de Miguel Schirripa El cazador. En ellos la muerte, por amor, por el vacío de vivir o por la maldad de algunos seres humanos, es el epílogo de estas narraciones.
En algún libro leí que admiramos a los escritores porque dicen lo que hubiéramos querido decir nosotros. Es lo que me pasó con el cuento María Luisa escrito por Marcela López Salgado, pues seguramente a muchos de nosotros nos ha pasado alguna vez que nos saluda un alumno y tenemos que hacer esfuerzos por recordar cómo se llama. En este cuento, la autora narra en primera persona lo sucedido a una maestra rural que llega después de mucho tiempo a un lugar y se presenta una alumna que la saluda con mucha deferencia. Ella intenta reconocerla, algo le dicen sus facciones, pero por más esfuerzo no logra ubicarla y ponerle nombre, hasta que la alumna se despide de ella y le dice que si no la recuerda, que sí hay esperanza, que ahora camina; entonces se hace la luz y la maestra abraza a su antigua alumna que conoció paralítica pero que ella le dio ánimos al decirle: Vas a caminar, vas a ser grande. Y efectivamente esas palabras de aliento lograron que la chica se esforzara por vencer su enfermedad.
Y por fin EL REBOZO. ¿Cómo iba a faltar una prenda tan mexicana, tan distintiva de la mujer, en estas narraciones con nostalgias del campo...? Si hasta en Pedro Páramo, Juan Preciado cuando llega a Comala nos cuenta “al cruzar una bocacalle vi una señora envuelta en su rebozo que desapareció como si no existiera”. En algunos cuentos de este libro, las señoras no desaparecen, se nos aparecen con esta prenda, que sirve de cuna y de mortaja a un recién nacido que no se logró, en Rebozo de esposa de Becky Rubinstein. Es también la prenda que se lleva la muchacha campesina que la emprende a la ciudad para trabajar al servicio de una casa: “metió en su maleta un vestido de domingo, un rebozo y unos zapatos nuevos” en el cuento de Rebeca Mata. Y aparece otro rebozo de la “muy indina, que ya estrenaba el par de aretes, que ya el rebozo, que ya la enagua floreada” en La traición, de Martha Madrigal, un mini cuento narrado en estilo directo, coloquial, que nos enternece. O el rebozo de hilo blanco de la tía de Pedacito de corazón en el cuento ya mencionado de Maribel Delgado, que da pie a que la sobrina rememore su vida de solterona.
Están por otro lado también los cuentos que tratan de recuperar escenas y paisajes de la infancia: El granero y el templo, El viejo y solitario banco de madera, El oro de San Agustín, cuentos muy bien escritos por Raúl H. Fierros, José Ma. López Brene y Beatriz Ramírez, respectivamente, en los que además se oye el lamento de tiempos idos.
Y así podríamos seguir señalando características en cuanto al fondo, al asunto, de algunas más de estas producciones, también muy valiosas, pero el tiempo no nos permite reseñar cada una de ellas, por esto sólo hemos querido poner de relieve la temática que en lo general se maneja en los cuentos de esta compilación.
Para hablar de la forma literaria de estas obras, me gustaría recordar algunos conceptos acerca de las características del cuento, tomados de Cortázar y de algunos otros autores. Ellos nos dicen:
Un cuento tiene una estructura de hechos entrelazados; todos los elementos que lo forman están relacionados en una estructura centrípeta; poseen una unidad de efecto, característica que comparten con la poesía; están escritos para ser leídos de principio a fin, o como diría Edgar Allan Poe: de una sentada.
Sin embargo, la brevedad del cuento no implica superficialidad. Y aquí vienen las paradojas:
- El cuento es una síntesis viviente y a la vez una vida sintetizada, una fugacidad en una permanencia, dado que el género se mueve en un plano donde se desencadena una batalla entre la vida misma y la expresión escrita.
- Los personajes se muestran por medio de la acción y la acción es controlada por medio de los personajes.
- Un cuento breve debe ser extenso en profundidad y debe darnos la experiencia de un significado.
- La ficción es un arte que demanda la más estricta atención a lo real.
El cuento parte de la noción de límite, del límite físico en primer lugar. El cuentista se ve precisado a escoger y limitar una imagen o un hecho que sea significativo. El personaje debe estar dotado de una personalidad; en los buenos cuentos la personalidad de los personajes es lo que crea la acción de la historia y existe cierta tensión en su desarrollo que debe manifestarse desde las primeras palabras. Pero lo más importante: no hay leyes para escribir cuentos, sólo se deben tener en cuenta ciertas constantes que le dan estructura.
¿Se sujetan los cuentos de esta edición a los cánones anteriormente señalados...? Por supuesto que sí. En esta selección tenemos muchos personajes perfectamente dibujados. La acción se desarrolla en un espacio físico que en este caso es el campo. El lenguaje es coloquial, en muchos casos utilizando giros propios del habla rústica de la gente sencilla del campo. En todos ellos se nota una prosa bien cuidada y el tema concentrado al máximo que pone a prueba nuestra manera rutinaria de leer pues, en algunos casos, tenemos que seguir buscando el sentido.
Sólo me resta felicitar a todos los escritores que han participado en esta antología, deben sentirse muy orgullosos de haber sido seleccionados para aparecer en esta publicación. Estoy segura de que para muchos el ver publicada su obra les servirá de estímulo para crear muchas más y seguir deleitando a muchos lectores.
También quiero agradecer a Linda el que me haya concedido el honor inmerecido de estar este día en esta presentación. Fue para mí un gusto enorme leer cada uno de los cuentos que forman esta antología, adentrarme en cada uno de los hechos que ahí se narran, sentirme testigo de muchas desventuras, de amores realizados, de desesperanzas y de hechos ingenuos y divertidos. Que su editorial, su trabajo y su entusiasmo, siga sirviendo de canal por el que muchas personas, en especial nuestros alumnos de la Facultad y del SUA, encuentren la oportunidad de ver realizados sus esfuerzos como escritores.
domingo, 16 de mayo de 2010
Un hiperbreve para leer en dos segundos

Juana Castillo Escobar ®
En la pesadez de la tarde, el rumor de las hojas movidas por la brisa trae y lleva los susurros de los viandantes. El calor es pegajoso y muy molesto. Busco un lugar en el que cobijarme. El resol es tan insoportable...
¡Ah, ya lo tengo! Vuelo hasta un banco a la sombra con la alegría de quien ha encontrado un lugar donde descansar. Me acomodo pero, cuando más tranquila me encuentro, aparece uno de estos gigantes de dos patas y, con una hoja de las que llevan bajo el brazo, la levanta con fuerza y la descarga sobre el asiento. Me deja totalmente aplastada en el banco.
Antes de expirar le oigo decir:
- ¡Maldita mosca, mira que estaba pesada!
Y yo le hubiera replicado de haber tenido tiempo para hacerlo:
- ¡Yo lo vi primero!
Domingo, 16-V-2010 – 21,20 p.m.
Re-corregido en esta fecha para ser publicado en Perlas de Luna
sábado, 15 de mayo de 2010
domingo, 2 de mayo de 2010
Un poema por el "Día de la Madre"
a ti que eres capaz,
con un beso,
de curar esa herida abierta.
Madre,
a ti que, con una mirada,
conoces el dolor
que produce una llaga de amor.
Madre,
a ti que te desvelas
noches enteras
si la enfermedad se cebó en mí.
Madre,
a ti que aguardas
la llegada del hijo
con temor y esperanzas mil.
Madre,
a ti que todo lo das,
que todo lo entregas
con amor sin fin.
Madre,
este canto es hoy
por ti y para ti.
Sábado 9-V-09 – Acabado el Viernes 4-IX-09 – 12,31 p.m.
viernes, 2 de abril de 2010
Un poema por Pascua Florida

Juana Castillo Escobar ®
coincidiendo con la Pascua Florida,
las callejas del Madrid antiguo se animan
al son de trompetas y tambores
que anuncian el paso
de la Esperanza Macarena.
Y
en Madrid, como en Sevilla,
la gente enfervorecida
grita y grita:
¡Macarena, guapa, guapa,
guapa, guapa y guapa!
¡Macarena, guapa, guapa,
guapa, guapa y guapa!
Y,
quien tiene buena voz,
cantando saetas termina
al paso de la Virgen
que tras su Hijo camina.
Y
en Madrid, como en Sevilla,
en la tibia noche de Marzo
quién más, quién menos,
se santigua y reza,
medita,
al cadencioso paso
de la Macarena bendita.
"Madre Dolorosa,
hermosa como no hay otra igual,
va despacio, llorosa,
dejando rodar una lágrima
por su pálida mejilla,
como suspirando,
lacerada, entristecida,
pensando en el horrible fin
que ha su Hijo le han marcado.
Con Él llegará hasta el final,
subiendo al Gólgota va,
consigo lleva la esperanza
de que aquélla muerte no en vano será,
y se verá redimida
por la Resurrección y la Vida."
Y
en Madrid, como en Sevilla,
la Macarena camina
al son de una marcha fúnebre
marcada por trompetas y tambores,
entre vapores de incienso y velas.
Y,
hace mucho tiempo ya,
la Macarena va
por Madrid y por Sevilla
oliendo a primavera
por Pascua Florida.
Miércoles 13-IV-88
miércoles, 31 de marzo de 2010
Presentación de la Antología de Cuento Breve "Entre gozos y rebozos - Nostalgias del campo"

La entrada es libre.
Presentación en Madrid de la Antología de Cuento Breve "Recuentos urbanos" - 15-III-2010
Susana Simón Cortijo, cuentista madrileña y buena amiga,
acudió al acto y leyó el prólogo del Dr.
José María Villarías Zugazagoitia
Susana Arroyo Furphy lee su relato: "En lo que cabe"
Tania Furphy lee el relato de su esposo: "Micos de Armani"
Blanca del Cerro, escritora madrileña y también buena amiga, acudió al acto y leyó el relato titulado "Mía", de la autora mejicana Sofía Cruz Castañeda
Juana Castillo Escobar (yo), leí una breve presentación del acto, mi relato: "El nacimiento del dolor"
Y un relato más de otra autora: "Fábula urbana" de Roser García.
domingo, 21 de marzo de 2010
21 de marzo, Día Internacional de la Poesía.

(Seguidilla)
Que no me quieres
Porque mi piel es morena.
Me han dicho
Que no me quieres
Por ser mi sangre agarena.
Me han dicho
Que no te quiera
Porque, mujer, no eres buena.
Me han dicho
Que no te busque
Porque estás, para mí, muerta.
Me han dicho
Que no me quieres
Porque voy de feria en feria.
Me han dicho
Que no me quieres
Porque no soy como esperas.
Me han dicho
Que no te quiera
Porque estás comprometida.
Me han dicho
Que no te busque
Porque amargarías mi vida.
Me han dicho
Que no me quieres
Porque en mí tú no confías.
Me han dicho
Que no me quieres
Porque eres muy fría.
¡Tantas cosas me han dicho
Que recordarlas no puedo!
¡Tanto y tanto han hablado
Que por ti yo me muero!
Sólo han dicho mentiras
Porque, lo que ellos no saben,
Es que juntos, a hurtadillas,
Vivimos. Nos amamos.
Somos amantes
Aunque, por la calle,
Al cruzarnos,
Nos demos sólo desplantes.
