martes, 16 de junio de 2015

Recital poético en Madrid de Theodoro Elssaca

ENCUENTRO LITERARIO CON THEODORO ELSSACA 
EN EL “CAFÉ DE RUIZ” – C/ RUIZ, nº 11 - MADRID




Theodoro  en plena lectura-actuación
atrás el poeta complutense Juan José Pejó
Juana Castillo Escobar. Madrid. 23-Mayo-2015.

Sábado, tarde radiante de encuentro literario… De lectura poética en el viejo Madrid, en un bar situado en el castizo barrio de Malasaña, junto a la Plaza del Dos de Mayo, zona cargada de historia, de sonidos que recuerdan a batallas antiguas, batallas cuyo anhelo era la libertad, los madrileños de comienzos del siglo XIX lucharon en este lugar contra las tropas napoleónicas, querían sacudirse el yugo de la última de las invasiones llevadas a cabo en la Península.


Mas la tertulia nada tenía que ver con esta historia, sino con la del invitado –o, mejor dicho, el anfitrión- de la misma: Theodoro Elssaca. Pero, quizás alguno de ustedes se pregunte: ¿quién Theodoro Elssaca? Por eso, antes de entrar en materia hay que hacer un breve esbozo biográfico del personaje.



Theodoro Elssaca, poeta, narrador, ensayista, artista visual y fotógrafo antropologista, nació en Santiago de Chile. Viajero impenitente, ha trabajado por años en Europa. Es autor, entre otras obras, de Aprender a morir (1983), Viento sin memoria (1984), Isla de Pascua. Hombre-Arte-Entorno (1988), Aramí (1992), El espejo humeante-Amazonas (2005), Travesía del relámpago, antología poética (Madrid, 2013), Fuego contra hielo (Madrid, 2014) y Santiago bajo cero (Bucarest, 2015). Es presidente de la Fundación Íbero Americana. Ha recibido homenajes y reconocimiento de sus pares, como el premio Mihai Eminescu, por la prosa, y el Primer Premio Poetas de Otros Mundos, otorgado por el Fondo Poético Internacional. (Biografía obtenida en la plaquette titulada “Orígenes”, obra bilingüe: español y árabe, regalada por el autor a quien esto escribe, tras el encuentro literario que nos ocupa).
En uno de los instantes de "descanso" mientras
busca un nuevo poema que compartir.
Manuel Quiroga Clérigo (de blanco),
  Juan José Pejó 
 a la izquierda.

De regreso a la tertulia: una veintena larga de invitados. Oídos atentos escuchan al poeta. ¿Poeta? Decir Theodoro no es hablar tan solo de un “poeta” como hemos podido leer en su biografía, pudiera decirse de él que se trata de un Ilustrado del siglo XXI, un hombre que convierte la palabra en música, en imágenes, en sentido y sentimiento, en vida…, porque vive esa poesía que lee con amor, porque este ciudadano universal contempla los lugares más recónditos para, luego, hablar de ellos en sus poemas.

Es así, Theodoro, leyó y leyó sus versos, casi sin descanso (solo el que se tomaba para buscar uno nuevo, dar un ligero reposo a su garganta o a tomar un sorbo de agua para aclarar la voz). No solo leyó; no, no era declamar simple y llanamente, con él fue entrar de lleno y de su mano en el poema, los da voz, consigue investirlos de alma, ¡¡los hace vivir!!
Aquello no era una simple lectura, no, fue una auténtica representación: una puesta en escena sin escenario previo. Una puesta en escena en la que el autor modulaba la voz según el énfasis que el poema necesitara, hizo pausas, silencios, si en la obra se hablaba de besos, Theodoro besaba su mano, y dejaba volar el sonido arrancado de sus labios para que pudiéramos escucharlo, vivirlo, casi sentirlo en nuestras mejillas. Se mesó la barba o el cabello cuando la duda era la protagonista, o con sus manos los acarició cuando el poema así lo requería…

Deberán perdonarme si olvido, si dejo atrás esta narración en tercera persona. Me es imposible continuar como un narrador cámara que solo ve, transmite lo que ve, pero ni siente ni padece. No puedo continuar siendo tan aséptica. Necesito que afloren los sentidos y los sentimientos, los míos, que son o están hermanados con los descritos en las lecturas.

Theodoro, cuando no lee, en los breves instantes de silencio, te observa. Mira directo a los ojos, es como si te fotografiara, quizás como si quisiera dibujar la imagen del observado en su retina para mantenerla allí guardada y dibujarla, después, con palabras. En algún momento llegué a sentirme como un ser unicelular que, colocado sobre la platina del microscopio, está listo para ser estudiado por el científico que, más tarde, podrá dar una conferencia o, descubrir la cura para una enfermedad rara o el remedio más eficaz para llamar a la Musa y aparezca revestida de inspiración. Es, también, como si buscara en el fondo de la pupila del observado la fuente primigenia; el origen de la vida, o del pensamiento de quien tiene frente a sí. Su mirada es reflexiva y, a la vez, te hace sentir que desnuda tu alma y la desmenuza hasta encontrar los secretos más ocultos.

Theodro y yo
Leer los poemas de Theodoro Elssaca es una cosa, escucharle a él declamarlos es otra muy diferente. Theodoro te hace vibrar como una copa de vidrio fino. A veces sientes la música de sus palabras en tus entrañas, te devuelven sensaciones olvidadas y, en algunas de sus obras, logra llevarte de la mano a través de la selva amazónica, intrincada, plena de misterio y de vida porque trae hasta los ojos del público los ojos del jaguar, el grito de los monos o los dialectos ignotos, olvidados o a punto de desaparecer, de pueblos aborígenes que aún subsisten en lo más recóndito de aquel corazón verde que tan bien conoce el autor y que, según él mismo contó, a punto estuvo de acabar con su vida. O, sientes el calor en la piel, la dureza del desierto, el paisaje en el que se asientan las grandes pirámides. Los poemas se hacen visuales, auditivos, casi táctiles, los transforma en una película en la que Theodoro es actor, autor y narrador.
Y, si no te lleva de la mano a la selva, o al desierto, con una sola palabra, y gracias a la retórica (anagrama), pone de nuevo ante los ojos una palabra: mora que bien puede tratarse de, una mujer bellísima, danzarina de las Mil y una noches; un sentimiento: amor; una ciudad: Roma, que –en mi caso- trajo recuerdos de un viaje, de la sensación de hallarme dentro de un joyero en el que se guardan la más exquisitas obras de arte; mora, de nuevo, el fruto de la zarzamora que también despertó viejos recuerdos, de la niñez, de veranos al aire libre, del tiempo de recolectar ese fruto de color morado intenso, de comerlo directamente de la mata y reírnos, mis hermanas y yo, al ver nuestros dientes y boca, amoratados por el tinte de ese fruto un tanto agridulce pero que tan gratos recuerdos trae a la memoria… Solo le faltó añadir mora, de “morar -habitar o residir-”; y, roma, algo chato, sin punta o, de nariz pequeña y poco puntiaguda-…

Plaquette "Orígenes" - Poemas en español
y árabe - Regalo autografiado del autor
Cuando te encuentras en estas cavilaciones, cuando más ensimismado estás, es el momento de la despedida.
Tal vez fueron dos horas, hora y media, ¿más? ¿Menos? ¿Acaso importa? Lo que importa es que me temo que a todos nos supo a poco, al menos a mí. Hubiera seguido escuchando horas y horas, como cuando era niña y no quería que dejasen de contarme más y más historias… Pero todo tiene siempre un final, en este caso un final feliz con fotos, abrazos, besos y la promesa de vernos, de re encontrarnos en un próximo viaje en el que espero –sé que no solo yo, sino, como apunto más arriba, todos los que le acompañamos- sea pronto y vuelva a deleitarnos con sus nuevos trabajos, con su presencia y con su voz.







¡Gracias, Theodoro, por acordarte de mí e invitarme a este recital poético! Tanto mi marido como yo disfrutamos grandemente de este encuentro literario.

Miércoles, 27-V-2015 – 20,36 p.m.
Juana Castillo Escobar



Theodoro y yo



Entre los invitados...



* Catedráticos:

 Manuel Quiroga ClérigoDoctor en Ciencias Políticas y Sociología y su esposa Pilar.

Luis Miguel Cuesta García, Catedrático y profesor emérito de enseñanza secundaria.

* Artistas plásticos:

Totte Mannes, pintora finlandesa.

Cinabrio Quijano, pintor y escultor español.

Dusica Nikolic, pintora serbia.

Mina Rashid, pintora persa.




* Poetas:


Raquel Viejobueno, que lo presentó.
 Juan José Pejó Vernis.
 Antonio Daganzo.
 Eero.
 Miguel Cabrera


* La escritora y periodista, Julia Sáez

* El músico, concertista de piano, Rubén Lorenzo, llegado de Barcelona única y exclusivamente para acompañar a Theodoro y salir de gira, al día siguiente, para dar sus conciertos en América.



* Fotográfos:

Vera Rodionova (fotógrafa y videasta).


Charo González.


José Francisco González.



Y otros..., de los que desconozco el nombre y que, en palabras del autor, "hubo otros presentes que no conocía".


Adjunto algunas imágenes-obras del autor
 de las Series de Grabados y Caligramas:


23-05-2015 - Theodoro Elssaca - Serigrafía: EL ÁRBOL DE LAS PALABRAS





23-05-2015 - Theodoro Elssaca - Grabado: POETANIA
  




23-05-2015 - Theodoro Elssaca - Litografía: PALIMPSESTO












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Presentación virtual de mi último libro: "Palabras de tinta y Alma"