miércoles, 23 de abril de 2014

DÍA DEL LIBRO

¡23 de abril, día del libro! 
Lo celebraremos, cómo no, leyendo. 
¿Y, qué es lo más adecuado o recomendable en esta fecha?
 Pues, lógicamente, el comienzo del capítulo I de la Primera Parte del "Ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha" del insigne don Miguel de Cervantes Saavedra, fallecido en este día junto con otro grande de las letras: William Shakespeare.


Este primer capítulo dice así:

"En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda. El resto della concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas con sus pantuflos de lo mismo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino.
Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera.
Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años, era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro; gran madrugador y amigo de la caza.
Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada, o Quesada, que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben; aunque por conjeturas verosímiles se deja entender que se llama Quijana. Pero esto importa poco a nuestro cuento: basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad.
Es, pues, de saber, que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso (que eran los más del año) se daba a leer libros de caballerías con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la administración de su hacienda; y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer; y así llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos; y de todos, ningunos le parecían tan bien como los que compuso el famoso Feliciano de Silva; porque la claridad de su prosa y aquellas intrincadas razones suyas le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y cartas de desafíos, donde en muchas partes hallaba escrito: "la razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura". Y también cuando leía: "...los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican, y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza".
Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mismo Aristóteles, si resucitara para sólo ello..." .

Monumento a Cervantes y su obra
en la Plaza de España - Madrid
Foto tomada por L. M. Cuesta 2001


viernes, 18 de abril de 2014

¡Noticia reciente, poema reciente!

Imagen obtenida en Internet
Gabo en 2009

CANCIÓN DE DESPEDIDA

Juana Castillo Escobar

A Gabriel García Márquez

Las letras quedaron suspendidas,
olvidadas en un ángulo oscuro de la sala,
donde lloran al hacedor de historias,
que ya no podrá jugar con ellas,
tampoco pronunciarlas.

Vivió cien años de soledad entre fantasmas,
amó en los tiempos del cólera,
cuando los frutos del amor amargan.
Consideró que, si al morir te aman,
el morir poco importaba.

Te fuiste, Gabo, en abril
-en mi país, muy de mañana-,
con la luz primera de un viernes
que era santo por ser Pascua.
¡Nos quedamos huérfanos de ti,
mas no de tus palabras!

Madrid, 18-IV-2014 – 11,39 a.m.


jueves, 10 de abril de 2014

Una historia real, o una noticia relatada


Hace tanto que no escribo que, en este tiempo, casi perdí la costumbre, las ganas, los temas y el estilo.
Supongo que, aquel que no me conozca, habrá pensado, al pasarse por mis blogs, que me desilusioné, que los he olvidado, que ya no tengo nada que decir ni qué contar…
¡En absoluto, todo lo contrario! Mi silencio se ha debido a mi falta de vista (a la mala vista, o lo que fue peor: a la escasa visibilidad que me ensombreció estos últimos años causada por unas cataratas que, al final, se convirtieron en tupidos cortinones). Una vez operada, y sin poder cantar victoria de forma completa, porque aún estoy a la espera de tener mis nuevas gafas de cerca, parece que saco mi cabeza de ese pozo de oscuridad en el que me encontré recluida.
Durante estos casi tres años, en los que noté cómo mi vista se difuminaba lentamente, me sentí mal. Muy mal. Traté de llevar a buen puerto todas mis actividades literarias: taller, radio, revista, mis escritos –poemas, relatos, novelas- pero nadie sabe, ni se imagina a qué precio. Puedo añadir que, desde finales de enero, hasta finales de marzo, me sentí como en la foto que comparto con todos vosotros: tan apagada, tan cerrada, como mi cuaderno, mi portátil, o mi pluma. Adminículos inservibles sin la mano amiga que los haga funcionar. Y yo me sentí igual.
Eso sí, escribir no escribí, no me era posible porque al operarme primero de un ojo, y luego de otro, la dificultad visual aumentó… Pero pensar… ¡No he parado de pensar en todo este tiempo! He pensado en todo y en todos. En la vida, en la muerte, en los acontecimientos acaecidos en este mundo al que no sé si llamar de Dios (como decían o dicen nuestros mayores) porque, últimamente, parece más del diablo. Me da que los dioses se han ido todos de vacaciones y nos han dejado al albur de lo que acontezca, es decir, de lo que nosotros dejemos que suceda porque, salvo las catástrofes naturales (que también las ha habido, muchas, y de las que me apeno profundamente), los levantamientos, separatismos, odios de todo tipo: raciales, de religión, de pensamiento…, las pseudo-guerras o pre-guerras que nadie para, los enfrentamientos que traen consigo las llamadas movilizaciones de paz, pero que acaban con heridos, destrozos que no deberían suceder, y más, y más enfrentamientos. ¿Es que no hay nadie con la suficiente autoridad que diga ¡BASTA, YA ESTÁ BIEN!? ¿Acaso no nos damos cuenta de que si continuamos de este modo nos iremos todos, TODOS, discúlpenme por esto, a la mierda, al infierno, al carajo o donde cada uno de ustedes que me leen imaginen?
Ya les comenté más arriba, ver aún veo mal: necesito mis gafas de cerca, hasta que las tengan me tengo que apañar con unas “prefabricadas” y que venden en las farmacias, no debo llevarlas puestas demasiado tiempo, pero el poco que consigo “arañar” lo dedico a lo que me gusta: escribir y, hoy, después de meses en silencio, los pensamientos me han salido a borbotones.
No es un cuento, es un relato tremendamente real.

Madrid, 10 de abril de 2014