martes, 31 de julio de 2012

Indignados 2012

Asamblea en Sol - Movimiento 15-M - Foto EFE año 2011

ARTÍCULO – INDIGNADOS 2012 – 1er. ANIVERSARIO


Juana Castillo Escobar – Madrid - España


Hace poco más de dos semanas se cumplió el primer aniversario del 15-M, el movimiento multitudinario que tomó las calles y las plazas españolas durante la pasada primavera de 2011 en las que se dieron cita los llamados INDIGNADOS, personas de todas las edades e ideologías pero con una serie de preocupaciones comunes que, de una u otra forma, hicieron llegar al gobierno que por esas fechas guiaba este barco que parece hacer aguas llamado España o Península Ibérica (porque, mal que les pese, en esta debacle mundial se pueden añadir Portugal y el Peñón de Gibraltar, esa marca inglesa en suelo español y que la metrópoli, Inglaterra, tampoco está libre de este mal que nos hunde a todos: el fin de la era capitalista, la especulación draconiana y una recesión que nos lleva a todos a una debacle).
El pasado año, al menos en Madrid, los indignados acamparon en la céntrica Puerta del Sol durante muchos días. Llegaron a ser casi meses porque las primeras protestas comenzaron en el mes de marzo y en agosto aún continuaban, así como las reuniones en las plazas de los barrios… -no tengo muy fresco el recuerdo-. Lo que sí sé es que, entre los acampados y las fuerzas de orden público, en Madrid –en otros lugares como en Barcelona sí que hubo palos- no hubo ni demasiados, ni grandes ni graves enfrentamientos (a pesar de que, como en todas partes, siempre aparece un exaltado al que hay que “reducir” o un agente que se extralimita en su “celo” por salvaguardar el orden). Los últimos días de la acampada, las quejas más sonoras, eran las protagonizadas por algunos comerciantes de la plaza que se quejaban por las pérdidas que estaban sufriendo pues los turistas, que son los que más pululan por la zona y los que compran sus artículos, casi desaparecieron en esos días. Es lo que tiene que, a veces, lo que es bueno para unos (el poder reivindicar una serie de derechos -deberes olvidados por parte de la administración-), es malo para otros. Unos pedían un trabajo y un sueldo digno para poder comer, vivir, mantener una casa…, los otros que les dejaran trabajar, ganar ese dinero diario para poder, a su vez, proseguir con sus negocios, pagar los sueldos a sus empleados y hacer frente a los gastos.
Es lo que tiene cuando uno no es rico, ni vive de las rentas: que todos se quejan y, al final, acaban indignándose los unos con los otros.
El pasado año, en la capital, Madrid, que es donde vivo y así me pareció, el partido de la oposición, el mayor de todos ellos, creo que se frotaba las manos. Incluso me atrevo a poner este pensamiento mío en sus cabezas: “¡Menudo marrón el que les ha caído a estos!”, traducido para que se me entienda: se alegraban por este desafío, por este reto tan enorme y directo lanzado al poder. Es más, y sigo con mi sospecha, se alegraban pensando que esto les beneficiaría más pronto que tarde en el momento de unas elecciones que se adelantaron. El gobierno anterior estaba ya acabado, boqueaba como un pez fuera del agua, sabían lo que se les venía encima y decidió el presidente poner tierra de por medio. Creo que, quienes hoy nos gobiernan, no se daban cuenta –o no quisieron dársela porque su prioridad era alcanzar el “trono”, las riendas del poder- es que aquellas reivindicaciones, aquellos gritos de los indignados, aquellos silencios clamorosos, aquellas pancartas, también iban contra ellos, les concernían (un ejemplo de una que me llamó muchísimo la atención: “Más pan y menos chorizo”, por tanto ladrón gobernando en comunidades, bancos y alcaldías). ¡Por supuesto que les concernían! Esa oposición gobernaba en algunas comunidades autónomas, como la de Madrid, como en Valencia, en tantas otras en las que las noticias no eran, precisamente, de bienestar social, sino de bienestar personal en las que el latrocinio de sus dirigentes era una vergüenza, donde de sus tramas de corrupción se podría hacer una espectacular película del mejor cine negro hollywoodiense, con una serie de hilos entretejidos entre distintas autonomías que más parece el laberinto de Creta en el que es preciso tirar del hilo de Ariadna porque si no, no se encuentra la salida por lo enmarañado que está todo. El dinero, siempre el dinero, los regalos, los favores, el amiguismo…
Bien, pues se acabó el año y con él el gobierno anterior: el Partido Socialista.
Llegaron los que ahora nos dirigen: el Partido Popular. Llevaban años, al menos el Sr. Rajoy, deseando tomar de nuevo las riendas y, de nuevo, como sucedió hace ya bastantes años –cuando se “quitaron de encima” a Felipe González-, cada vez que dan un paso en falso: “La culpa es de los anteriores, dejaron esto demasiado mal”. Yo les digo, pues señores, pónganse las pilas y hagan algo. Dejen de mirar al pasado y bríndennos un futuro mejor, al menos eso nos prometieron: que con ustedes se acabaría el paro, que no habría tanta recesión, necesitamos ver que son tan buenos como se postulan. Pero…, en el fondo son todos los políticos iguales, solo les importa llegar, cobrar sus buenos sueldos y lo demás, lo demás es como dijo el que hoy nos preside: “Nada de importancia, unos ligeros hilillos de plastilina” –refiriéndose al Prestige que se hundía y, en ese hundimiento dejaba salir de sus tripas de barco encallado, litros y litros de crudo que enfangaron las playas gallegas-. Existe un refrán castellano, algo feo, pero que viene aquí que ni pintiparado: “Prometer hasta meter y después de haber metido nada de lo prometido”, vamos que, nos lo estamos tragando hasta el fondo.
Al nuevo gobierno le llegó su 15-M particular. Debieron pensar que todo estaba olvidado, que contra ellos no iban los tiros pero, mira tú por dónde, llegó la fecha y la gente se movilizó de nuevo. En esta ocasión tuvieron que pedir permisos para concentrarse. No les dieron nada más que unas pocas horas. Si se excedían del tiempo estipulado la guardia de asalto estaba preparada para desalojarlos. Y esta vez, en Madrid, hubo desalojos, algunos violentos e, incluso, una persona acabó en la cárcel. ¡Ahora el gobierno, antes oposición, no quiere saber nada del movimiento 15-M! ¡Ahora les molesta las consignas, las pancartas, la sentada en la Puerta del Sol…! También, desde mi casa, estoy indignada por todo lo que veo:

- no concibo que unos señores que ganan sueldos por encima de los 40/60.000.- euros, o más, al mes pidan al resto de la ciudadanía que se apriete el cinturón cuando algunos no llegan ni a 600.- euros siendo, a veces, el único dinero que entra en una casa compuesta por varios miembros, otros incluso están en el paro y no cobran ni eso,

- no concibo que, con esos sueldos desorbitados, tengamos que pagarles:

         * vacaciones

         * desplazamientos

         * comilonas

         * coches

         * casas

         * seguratas


- no concibo que se les dé dinero a los bancos para “sanearlos” (dinero que es de todos los españoles, nuestros ahorros) y lo quiten de:

         * educación

         * sanidad

         *investigación

         * obras sociales

- no concibo que los políticos, además de cobrar unos sueldos desorbitados, cuando abandonan la política, si han estado en ella un mínimo de 7 años pueden mantener su sueldo al 100%, mientras que el resto tiene que jubilarse con sueldos de miseria y deben trabajar hasta los 67 años, ¡hasta los 67 años! ¿Cómo es posible? ¿Un albañil, un minero, están a esa edad ágiles como para llevar a cabo su trabajo? ¿Por qué un empleado de banca, por ejemplo, se puede jubilar con cincuenta y pocos años?, ¿acaso el levantar papeles o teclear en el ordenador le puede partir la espalda o hacerle enfermar de silicosis? A la vista de esto me pregunto: ¿en qué momento podrán los jóvenes conseguir su primer empleo? ¿A los 35 años? ¿A los 40? ¿Algún día alcanzarán un puesto acorde a sus cualidades?

- no concibo que, según una noticia escuchada ayer mismo -22-V-2012-, el gobierno admite que las grandes superficies permanezcan abiertas hasta las 12 de la noche… ¿Para qué? ¿Para que los ladrones puedan robar más y mejor? ¿Para que los que tienen dinero puedan ir de compras sin cargo de conciencia y salir de las grandes superficies cargados de paquetes? A esas horas nadie los verá, claro, porque los trabajadores no rentistas duermen para madrugar y poder enfrentarse a su trabajo al día siguiente. ¿Para qué esta ampliación de los horarios? Si no hay dinero, ¿para qué mantener abiertos unos centros que lo que harán será gastar energía? (Agua, electricidad, la paciencia de sus trabajadores… Añadir que acabarán con los pequeños comercios de barrio a los que les resulta imposible competir con esas grandes superficies que, entre otras cosas, quizá ni tan siquiera den más empleo, sino que abusarán de sus trabajadores-esclavos a los que les doblarán los horarios pero no los sueldos que seguirán siendo ínfimos).

Y repito, ¡también estoy indignada! Vivo en un barrio de clase media trabajadora. Puede ser que alguien tenga un status un poco más elevado que el resto, pero son pocos (o al menos eso me parece).
Debo contar que, en mi barrio, una entidad bancaria les quitó la casa a un matrimonio de ancianos de 83 y 81 años de edad (creo que era así poco más o menos) porque la pusieron como aval para una compra que iba a efectuar uno de sus hijos quien, al verse en el paro, no pudo acabar de pagar la hipoteca y se la cobraron dejando en la calle a estas dos personas, a estos ancianos. ¡Horrendo y cruel! Tienen los bancos más casas obtenidas a través de este método que arenas el mar, pero eso a ellos no les importa. Los sueldos de sus directivos están blindados, tienen dinero para sus comilonas y mariscadas cada vez que se reúnen, buenos coches, buenos trajes… Lo que suceda fuera de sus despachos y de sus vidas no les atañe. Pero ellos juegan con nuestras vidas y nuestro dinero. Nos están llevando a la ruina.

Y reitero: ¡yo también estoy indignada! Indignada porque esto lo vi con mis propios ojos el pasado día 14 de mayo. Salí por la tarde a dar un paseo con mi marido. Íbamos por una calle secundaria, de las poco transitadas, además, y sobre todo, es una calle de las que no tiene árboles de los que sueltan pelusilla que me hace toser, estornudar y asfixiarme. Bien, íbamos charlando, digo, cuando me fijé que en la acera de enfrente un hombre joven –de unos 35 años poco más o menos-, tenía a su lado un carro de la compra, él estaba inclinado sobre el contenedor de basura. Escarbaba en busca de comida… El contenedor se encuentra frente a un colegio de párvulos y escuela infantil y bajo las terrazas de casas digamos que de “gente bien”. No sentí asco al verle escarbar, sentí dolor, pena, desesperación. ¡Hasta qué punto no habrá llegado él para verse obligado a rebuscar en la basura!
Supongo que no es la primera vez que busca comida en ese contenedor, o en otros de los alrededores. Lo digo porque iba bien pertrechado con su carrito de la compra. Tal vez del colegio se deshicieron de comida (al día siguiente, 15 de mayo, era fiesta en Madrid) o bien la que sobró ya preparada, o bien comida que estaba a punto de caducar. Quizá los de las casas hicieron lo mismo: tirar a la basura comida o, a punto de caducar, o esa que dice “consumo preferente…”. Y, aunque algunas personas lo estén pasando mal, la crisis haya pasado como la guadaña de la muerte por encima de sus sueldos dejándolos en los huesos, debe de ser que, para otros, tienen la bolsa bien repleta (¿quizá se dediquen a trabajos poco recomendables, vergonzosos e, incluso, peligrosos para la salud ajena? y, en cuanto hay un par de días de fiesta abren las maletas, guardan la ropa de playa o de montaña o de nieve y, como durante ese fin de semana hizo buen tiempo… ¡toda la familia a pasarlo fuera de Madrid! Por eso hay que vaciar el frigorífico que, a la vuelta, ya compraremos más… Bueno, al menos hay alguien que se lo agradece y llena su carrito de la compra en el supermercado de los contenedores.
¡Qué mal repartido está el mundo!
Pero que sepan: los indignados somos muchos y, aunque sea sentados, enmudecidos, como Gandhis modernos, podemos conseguir mover la palanca hacia el lado de la justicia y la equidad. Al menos así lo quiero creer porque también yo soy una indignada.

Madrid, martes 22-V-2012 – 20,30 p.m.

Nota.- Este artículo, con algunas modificaciones y añadidos, lo envié a Daniel Dragomirescu, redactor jefe de la revista Horizont Literar Contemporan (HLC) para su posible publicación. Daniel me respondió ayer 30-VII-2012:
Hemos publicado el sumario de HLC 4/2012:
http://contemporaryhorizon.blogspot.com
La revista estará disponible a finales de Agosto o principio de Setiembre.
Un gran saludo fraterno!
Daniel Dragomirescu, editor HLC

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