miércoles, 30 de mayo de 2012

Reflexión XVII sobre "Perlas de Luna", el poemario y su autora


Portada del libro de poemas Perlas de Luna

XVII

Hace más de un año que no “reflexiono”. De todos modos, este escrito no sé si debería de estar en este bloque o en el titulado “Conversaciones con mi padre”. Bien, es igual.

Quizá lo publique en el blog “Perlas de Luna”, es una forma de darme a conocer a quienes me visitan y, entre otras cosas, es también la manera de dar paso al libro de poemas que lleva ese mismo título.
¿Por dónde empezar?
En mi cabeza estaba todo muy estructurado, muy lúcido e, incluso, bonito pero ahora...

Ahora han pasado 10 días, hoy es 30 de mayo y debo continuar con esto sí o sí. Me explico: como digo más arriba, de manera sutil, esta reflexión deberá ir al blog “Perlas de Luna”, título que puse al libro de poemas auto publicado por mí y que, poco a poco, sale a la luz.
La primera salida de casa del poemario fue el pasado viernes, 4 de mayo; salió para tomar parte en una jam session poética en La CABA (La Casa Autogestionada del Barrio de Aluche) donde los poemas tuvieron –aunque sea yo, la autora, quien lo diga- una grata acogida.




Su segunda salida tendrá lugar el próximo viernes, 22 de junio, a las 19 horas. En esta ocasión será la biblioteca “Ángel González”, sita en la calle Granja de Torrehermosa, nº 2*, donde el libro, más que el libro, de nuevo los poemas, los compartiré con el público, que espero sea mucho, al menos el suficiente para no verme sola leyendo a las paredes.

He de añadir la advertencia que me hizo ayer la directora de la biblioteca: al ser este un edificio público, del ayuntamiento, solo puedo presentar el libro, pero no venderlo. Es decir, si alguien desea tener un ejemplar de “Perlas de Luna” deberá solicitarlo, bien por correo a la editorial** o comprarlo directamente en su librería, o, podrá pedirme que se lo envíe yo por correo certificado… Eso ya queda a gusto del lector amigo.

 Y no era esta, en el fondo, mi reflexión de hace unos días. Lo que quise escribir, poco más o menos, era sobre mi  persona; sobre el por qué escribo…
Decir que siempre me gustó hacerlo, desde la edad en la que todo es, en un principio, oralidad. Aprendí con los cuentos narrados por mis tías abuelas, bueno: cuentos, canciones, obras de teatro (sobre todo el Tenorio que, una de ellas, se sabía de cabo a rabo y me lo recitaba sin parar). De ahí nació mi amor por las historias y la poesía. En un principio, cuando solo sabía hablar, me volvía a contar aquellos cuentos parada frente a la luna del armario ropero –enfundada previamente en un refajo de mi abuela y unos tacones de mi madre, para mí enormes ambas cosas-, y los dramatizaba en una mezcla de historias, hacía voces distintas, tan pronto era la princesa con voz de pito, como el caballero de voz gruesa; tan pronto me desmayaba frente al espejo, como blandía una percha de aquellas de madera, antiguas, que más parecían una tizona que otra cosa y, montada con mucha dificultad –mis piernecitas eran las de una niña de, poco más o menos, dos o tres años- a horcajadas sobre una silla, con una cuerda de las de saltar en torno al respaldo y bien asida a este remedo de rienda, trotaba sin moverme del sitio sobre las baldosas del salón, para esto ya me había convertido en el príncipe de la historia con lanzar por todo lo alto los tacones y perder la falda –o refajo- en el breve camino del armario a la silla.
Después llegó la época del colegio, de los primeros palotes, de las primeras letras, entonces es cuando aquel teatro en solitario quise que se convirtiera en una historia escrita y, aún sin saber, hacía que emborronaba las páginas de un libro imaginario que luego le contaba a mi muñeco que pasó de ser “mi niño” a ser mi alumno porque, otra de mis grandes ilusiones, además de la de escribir, fue la de enseñar: ser maestra.
No me convertí en ninguna Margarita Xirgú por el aquello de mis representaciones teatrales a dos voces, tampoco me convertí en profesora ni soy una Gloria Fuertes o Almudena Grandes (con quien tengo muchos puntos en común: infancia vivida en el mismo barrio de Madrid, estudios en el mismo instituto, formamos parte de una misma antología: “Antología de cuentistas madrileñas”…), pero trato de subir poquito a poco los peldaños de esta ardua escalera que es la literatura. Más que la literatura debería decir que, lo que es arduo de subir, son los peldaños tan enormes que imponen las editoriales para publicar a los autores primerizos o emergentes o desconocidos. No son peldaños, son abismos difíciles de atravesar a no ser que tengas las amistades oportunas y que, gracias a ellas y a su “empujoncito”, se consiga llegar al paraíso soñado por todo escritor: que le publiquen y ser leído, porque un libro cerrado es como un muerto en su caja, puede que alguien se acuerde de él durante un tiempo, tal vez alguien no le olvide jamás, pero para la gran mayoría cada vez se sumirá en el olvido y, sobre todo, si se le conoció poco, una vez finado, se le conocerá aún menos porque, como es lógico, lo que no se conoce no se busca, no se echa en falta,  no interesa, finito...
Lo mejor para acabar esta reflexión es hacerlo con una frase de  Mariano José de Larra:
“Escribir en Madrid es llorar, es buscar voz sin encontrarla, como en una pesadilla abrumadora y violenta”... Pero yo, que soy bastante cabezota, sigo buscando esa voz aunque me cueste hallarla.
 

*Lugar de la presentación:
Biblioteca “Ángel González”
Calle/ Granja de Torrehermosa, nº 2
Autobuses: 25 – 39 - 121 – 131 – H
Metro: Campamento.

** Venta del libro en:
Editorial “Cultiva Libros”
Librería Cultivalibros
C/ Palos de la Frontera, nº 25
 28045 - Madrid
www.cultivalibros.com

  

**También podéis adquirir el libro a través de mi correo:
castilloescobar.juana@gmail.com

Para saber más:

http://www.facebook.com/pages/Perlas-de-Luna-el-poemario/132281940178356

Madrid, 20 - 30 de mayo de 2012