viernes, 18 de junio de 2010

Lectura en el acto de presentación de la antología "Entre gozos y rebozos. Nostalgias del campo"

Yo no pude asistir al acto por varias razones: distancia, gastos, trabajo... Pero mi querida amiga y editora, Susana Arroyo, me envió una de las lecturas, la redactada por Rosalinda Saavedra, que dio paso a la presentación de la antología de relatos breves en la que participamos varios autores, así como también varias fotografías que publicaré con posterioridad. El título de mi trabajo aparece en negrita.
ENTRE GOZOS Y REBOZOS. NOSTALGIAS DEL CAMPO.

Estamos aquí reunidos para ser testigos de la aparición de un nuevo libro de la Editorial Palabras y Plumas. Es un orgullo para nuestra universidad ver realizado el proyecto, por tercera vez, de dos maestras de Letras Hispánicas: las doctoras Linda Dabbah y Susana Arroyo. Ante todo queremos expresarles a ellas nuestra admiración por este trabajo que representa un sinnúmero de horas dedicadas al fomento de la creación literaria, al análisis del material que debe editarse y a su publicación. Estamos seguros de que el mejor homenaje que pueden recibir es tener en sus manos esta nueva publicación, producto de su esfuerzo, esfuerzo que ha contribuido a que muchos talentos vean plasmado en papel el producto de su imaginación, de su creatividad y de su calidad literaria. El haber hecho realidad lo que todo escritor anhela: ver su obra impresa, nos pone de manifiesto la calidad humana y su entrega como maestras de Linda y Susana, ya que dedican su energía y su tiempo a promover y a descubrir talentos que quizá nunca conoceríamos.

Esta nueva edición titulada Entre gozos y rebozos. Nostalgia del campo es una compilación de 40 cuentos en los que precisamente está presente el campo. Seguramente, cuando se convocó a los escritores, se les pidió que los hechos que se cuentan en la narración tuvieran ese escenario, y en casi todos, de una u otra forma, ya sea sólo como referencia, nos sentimos dentro de un paisaje rústico mexicano: milpas, mangales, el río, los cerros, flores silvestres, borregos, el granero, las cabras.

Es muy interesante leer las pequeñas notas que vienen en el libro acerca de los autores publicados en esta edición, porque nos damos cuenta de que no sólo aparecen autores mexicanos de diferentes lugares de la república, tenemos cuentos de cuatro españoles, dos ingleses, dos chilenos, dos argentinos. O de autores mexicanos que viven en algún país remoto. En cuanto al género de estos escritores llamó la atención lo equitativo de la selección, ya que tenemos composiciones de 20 mujeres y 18 hombres. Hacemos notar que a dos autores se les publican dos cuentos: Alberto Buzali y Diana Castilleja.

Casi todos estos escritores son muy jóvenes, la edad promedio de todos ellos está en los 35 a 45 años de edad, los dos extremos corresponden a un escritor inglés, el Dr. Gurney, quien tiene mi edad (lo admiro muchísimo) y una bebé jalisciense de 16 años, Rocío Ramírez, que escribe cuentos fantásticos y está preparando ahora una trilogía y novelas para jóvenes.

Llama la atención que los casi 40 escritores que publican en esta edición, no todos son egresados de las carreras de Letras o de carreras afines como la de Comunicación. Figuran también quienes son egresados de la carrera de Arquitectura, Veterinaria, Medicina, Ingeniería química, Ciencias Políticas, un escultor, una pintora, una chelista. Esto me hace recordar la pregunta que le hice a una de mis alumnas cuando me enteré que era doctorante en Química ¿y tú, qué haces aquí?... Pues sí, el gusto por las letras y la vena de escritor no es exclusivo de quienes estudiamos Letras.

Muchos de ellos tienen altos grados académicos como maestría y doctorado. Algunos ejercen como profesores de materias como Literatura española e Iberoamericana, dirigen talleres literarios, participan en diversos proyectos de educación o en medios de comunicación como radio y televisión.

Muchos han ganado premios literarios nacionales e internacionales o han sido finalistas en concursos literarios y algunos de los que aquí encontraremos han publicado libros de poesía y teatro y ya publicaron otros cuentos en anteriores publicaciones de esta misma editorial, como Recuentos Urbanos.

Me dio mucho gusto encontrarme con producciones de alumnos del SUA y reconocer a tres que fueron mis alumnos como Mónica Pavón, Maribel Delgado, Rebeca Mata. No cabe duda de que en esta universidad y en el SUA, Linda y Susana han encontrado una cantera de escritores que, sin el apoyo de ellas, no habrían logrado que sus obras se publicaran, ambición muy legítima de todo escritor.

Pues bien, como decíamos en un principio, el escenario en estos cuentos es el campo, sobre todo el campo mexicano, pero también el campo inglés, el campo chileno. La temática es muy variada y los recursos estilísticos también lo son.

Hay cuentos que nos indignan porque lo que sucede ahí es indignante: que Gaudencio tenga que enfrentarse a un coronel que no sólo se queda con sus tierras sino con su hija de 12 años, en el cuento de Diana Castilleja Lo único que tienen es nuestro miedo. O el abuso del dueño de una hacienda que viola a una niña de 8 años en Finca La firmeza de José Alberto Rojas. Cuentos llenos de realismo, perfectamente escritos, que nos presentan la desgracia de los campesinos que por tratar de mejorar son explotados o violados.

Otros cuentos nos trasladan a esos lugares pequeñitos, sencillos, de personas ingenuas que nos muestran sus costumbres: en El tío Víctor de Walter Islas, gustamos del paisaje semiárido de una región de Guanajuato: mezquites, huizaches y un riquísimo desayuno que nos abre el apetito: carne asada con huevos y jamón, salsa verde y unas riquísimas tortillas, ¿quién no se ha deleitado con esto? O la simpática historia del chico capitalino que viaja a Pajacuarán y lo visten de judas: calzón de manta, paliacates, un chirrión, pero se le olvidaron los huaraches y todos se ríen de él porque llevaba unos tenis, en el cuento Con tenis de Alfredo Romo. Además de adentrarnos en las costumbres y ceremonias de estos pueblos recogemos muchas palabras del español de México.

Algunas narraciones están saturadas de simbolismo como Un ave fénix escrita por Diana Ferreyra, donde el fuego es como un símbolo de purificación. Y Mónica Pavón nos habla de Cortamortaja que es un pájaro que según la tradición preludia la llegada de la muerte. En Pasado de una imagen falsa de Rocío Ramírez, una mujer evoca su pasado en una casona de campo, se reconoce en ella pero su narración es un lamento,

Y la soledad que han tenido que vivir algunas mujeres por cumplir con la misión de cuidar a su madre y no casarse en La hija un cuento también muy bien logrado de Maribel Delgado. Y no hubo boda ni nietos para los padres que se quedaron en el pueblo, pero sí hijos ajenos que cuidaron y que, con gratitud, no se olvidan de la nana, en Desde entonces, de Rebeca Mata.

Pero también existe la queja del campesino que quisiera una vida diferente, venir a la ciudad, conocer el mar. Ahí tenemos Pío Pío escrita por Marcia Espinosa, con un lenguaje muy chileno y La milpa y el mar, de Araceli Ríos, que nos presenta el anhelo de muchos campesinos por pasar al otro lado, campesinos que no han salido nunca de sus lugares de origen y no conocen el mar.

También nos sorprenden los desenlaces trágicos como los que encontramos en los cuentos Esperanza y sus Joaquines de Sharyn Bistre, Cumpleaños de madre y Misericordia de Alberto Buzali, En busca del agua de Juana Castillo, El último vuelo de Miguel Peraza y de Miguel Schirripa El cazador. En ellos la muerte, por amor, por el vacío de vivir o por la maldad de algunos seres humanos, es el epílogo de estas narraciones.

En algún libro leí que admiramos a los escritores porque dicen lo que hubiéramos querido decir nosotros. Es lo que me pasó con el cuento María Luisa escrito por Marcela López Salgado, pues seguramente a muchos de nosotros nos ha pasado alguna vez que nos saluda un alumno y tenemos que hacer esfuerzos por recordar cómo se llama. En este cuento, la autora narra en primera persona lo sucedido a una maestra rural que llega después de mucho tiempo a un lugar y se presenta una alumna que la saluda con mucha deferencia. Ella intenta reconocerla, algo le dicen sus facciones, pero por más esfuerzo no logra ubicarla y ponerle nombre, hasta que la alumna se despide de ella y le dice que si no la recuerda, que sí hay esperanza, que ahora camina; entonces se hace la luz y la maestra abraza a su antigua alumna que conoció paralítica pero que ella le dio ánimos al decirle: Vas a caminar, vas a ser grande. Y efectivamente esas palabras de aliento lograron que la chica se esforzara por vencer su enfermedad.

Y por fin EL REBOZO. ¿Cómo iba a faltar una prenda tan mexicana, tan distintiva de la mujer, en estas narraciones con nostalgias del campo...? Si hasta en Pedro Páramo, Juan Preciado cuando llega a Comala nos cuenta “al cruzar una bocacalle vi una señora envuelta en su rebozo que desapareció como si no existiera”. En algunos cuentos de este libro, las señoras no desaparecen, se nos aparecen con esta prenda, que sirve de cuna y de mortaja a un recién nacido que no se logró, en Rebozo de esposa de Becky Rubinstein. Es también la prenda que se lleva la muchacha campesina que la emprende a la ciudad para trabajar al servicio de una casa: “metió en su maleta un vestido de domingo, un rebozo y unos zapatos nuevos” en el cuento de Rebeca Mata. Y aparece otro rebozo de la “muy indina, que ya estrenaba el par de aretes, que ya el rebozo, que ya la enagua floreada” en La traición, de Martha Madrigal, un mini cuento narrado en estilo directo, coloquial, que nos enternece. O el rebozo de hilo blanco de la tía de Pedacito de corazón en el cuento ya mencionado de Maribel Delgado, que da pie a que la sobrina rememore su vida de solterona.

Están por otro lado también los cuentos que tratan de recuperar escenas y paisajes de la infancia: El granero y el templo, El viejo y solitario banco de madera, El oro de San Agustín, cuentos muy bien escritos por Raúl H. Fierros, José Ma. López Brene y Beatriz Ramírez, respectivamente, en los que además se oye el lamento de tiempos idos.

Y así podríamos seguir señalando características en cuanto al fondo, al asunto, de algunas más de estas producciones, también muy valiosas, pero el tiempo no nos permite reseñar cada una de ellas, por esto sólo hemos querido poner de relieve la temática que en lo general se maneja en los cuentos de esta compilación.

Para hablar de la forma literaria de estas obras, me gustaría recordar algunos conceptos acerca de las características del cuento, tomados de Cortázar y de algunos otros autores. Ellos nos dicen:

Un cuento tiene una estructura de hechos entrelazados; todos los elementos que lo forman están relacionados en una estructura centrípeta; poseen una unidad de efecto, característica que comparten con la poesía; están escritos para ser leídos de principio a fin, o como diría Edgar Allan Poe: de una sentada.

Sin embargo, la brevedad del cuento no implica superficialidad. Y aquí vienen las paradojas:
- El cuento es una síntesis viviente y a la vez una vida sintetizada, una fugacidad en una permanencia, dado que el género se mueve en un plano donde se desencadena una batalla entre la vida misma y la expresión escrita.
- Los personajes se muestran por medio de la acción y la acción es controlada por medio de los personajes.
- Un cuento breve debe ser extenso en profundidad y debe darnos la experiencia de un significado.
- La ficción es un arte que demanda la más estricta atención a lo real.

El cuento parte de la noción de límite, del límite físico en primer lugar. El cuentista se ve precisado a escoger y limitar una imagen o un hecho que sea significativo. El personaje debe estar dotado de una personalidad; en los buenos cuentos la personalidad de los personajes es lo que crea la acción de la historia y existe cierta tensión en su desarrollo que debe manifestarse desde las primeras palabras. Pero lo más importante: no hay leyes para escribir cuentos, sólo se deben tener en cuenta ciertas constantes que le dan estructura.

¿Se sujetan los cuentos de esta edición a los cánones anteriormente señalados...? Por supuesto que sí. En esta selección tenemos muchos personajes perfectamente dibujados. La acción se desarrolla en un espacio físico que en este caso es el campo. El lenguaje es coloquial, en muchos casos utilizando giros propios del habla rústica de la gente sencilla del campo. En todos ellos se nota una prosa bien cuidada y el tema concentrado al máximo que pone a prueba nuestra manera rutinaria de leer pues, en algunos casos, tenemos que seguir buscando el sentido.

Sólo me resta felicitar a todos los escritores que han participado en esta antología, deben sentirse muy orgullosos de haber sido seleccionados para aparecer en esta publicación. Estoy segura de que para muchos el ver publicada su obra les servirá de estímulo para crear muchas más y seguir deleitando a muchos lectores.

También quiero agradecer a Linda el que me haya concedido el honor inmerecido de estar este día en esta presentación. Fue para mí un gusto enorme leer cada uno de los cuentos que forman esta antología, adentrarme en cada uno de los hechos que ahí se narran, sentirme testigo de muchas desventuras, de amores realizados, de desesperanzas y de hechos ingenuos y divertidos. Que su editorial, su trabajo y su entusiasmo, siga sirviendo de canal por el que muchas personas, en especial nuestros alumnos de la Facultad y del SUA, encuentren la oportunidad de ver realizados sus esfuerzos como escritores.
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