domingo, 24 de enero de 2010

Un micro relato para comenzar el año

Creación de Adán - Miguel Angel Buonarroti
DISCREPANCIAS ®
Juana Castillo Escobar


Brotaba pintura de entre sus dedos cuando bajó del andamio. Las voces de Julio II y sus ayudantes llegaban nítidas hasta la bóveda en la que llevaba trabajando dos largos años. El Papa se dirigía, a grandes zancadas, hacia el centro de la capilla.
- Maestro Buonarroti -gritó de forma imperativa-, bajad.
Y Miguel Ángel, lanzando el pincel en el cubo, descendió por enésima vez las escaleras que lo separaban de la sala. Se restregó los dedos y las manos en el delantal para que la pintura no gotease. Con una voz dulce, pero en la que se traslucía la impaciencia, preguntó:
- ¿Qué se le ofrece ahora a vuestra Santidad?
- Esto no avanza. No lleva el ritmo adecuado. Su costo se eleva...
- No es un trabajo fácil, Santidad. Vos mismo lo comprobáis hasta siete veces al día, no descanso ni para comer...
- Quisiera abrir la capilla en Semana Santa para oficiar en ella las ceremonias de la Pascua. Quisiera verla acabada antes de morir...
- Eso no está en mis manos, señor, sino en las de Él -y Miguel Ángel miró hacia el techo de la capilla Sixtina.
Julio II siguió el movimiento de los ojos del pintor. La Creación aumentaba día a día. El Papa, después de mover la cabeza, aplacando el tono de voz, confesó:
- Son hermosos. Demasiado. Esos cuerpos... ¿El pueblo y las generaciones venideras entenderán el mensaje o tan sólo verán la voluptuosidad que se desprende de ellos?
- No soy adivino, Santo Padre. Pero, ¿cómo cubrir a Adán o a Eva? Aún no existía nada, sólo el cuerpo. Belleza en estado puro, Santidad, a imagen de Dios... Eso es lo que vos enseñáis. Lo que enseña la Iglesia. Repito: ¿cómo cubrirlos? En el cielo, que se sepa, no existen rebaños de ovejas a las que poder esquilar, lana que se pueda tejer y preparar con ella telas con las que ocultar su desnudez.
- No, si a mí me parece bien. Vos sabéis, maestro, que soy gran amante de las artes...
- Para las que sí tenéis capital pues vuestra colección privada crece...
- Ese es otro tema.
- En el Belvedere he podido contemplar estatuas antiguas. La de Apolo, la del Laocoonte...
- Busqué la financiación -dijo Julio II en tono evasivo.
- Ya, publicando una indulgencia... A cambio de dinero, el paraíso.
- Bien, Buonarroti, no interrumpiré por más tiempo vuestro trabajo. Procuraré calmar mi impaciencia... La próxima vez espero que seais vos quien venga a visitarme para decirme que el trabajo está listo.
Julio II tomó el pico de su capa, lo envolvió en el antebrazo derecho y abandonó la sala acompañado por sus ayudantes dejando tras de sí un aroma a piel curtida y a incienso. Entretanto el pintor observó la bóveda.
- Aún queda demasiado por hacer -se dijo y subió rápidamente las escaleras. Una vez en lo alto del andamio se miró las manos. La pintura que le brotaba entre los dedos ya estaba seca.

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Nota.- Este relato está registrado en la antología que lleva por título: "El giraldillo (Veintiún relatos y un poema)". Núm. Expediente: 12/RTPI-004170/2006 - Núm. Solicitud: M-004098/2006 - Ref. documento: 12/029101.3/06 - Fecha: 24 de Mayo de 2006 - Hora: 12,22.
Estuvo publicado en My Space desde el 5 de febrero de 2006 hasta el 2008 en el que lo borré. Conservo los comentarios que añadiré, no deseo perderlos.