martes, 3 de marzo de 2009

Para tener un buen comienzo de semana y de mes

Imagen obtenida en Internet
¿Cuántos tantos?
Juana Castillo Escobar
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- Gol, gol, gol, goool -gritaba Herminia fuera de sí.

Tenía la cara roja por el esfuerzo y se mesaba los cabellos de placer. Saltaba eufórica. Su equipo había resultado ganador. Eso significaba: ¡Que pasaría a las semifinales! El triunfo era algo cantado. Este año, estaba segura, obtendrían la copa; es más, se la merecían después de tanto tiempo en dique seco.

Herminia bailaba llena de gozo en torno a la mesita baja de cristal y hierro negro. El bol de las palomitas se bamboleó y éstas acabaron desparramadas por el salón, pero eso no tenía la menor importancia. Ella se movía ante el televisor y en torno a la mesita como los indios ante las hogueras. Adoraba aquel aparato que le mostraba, aunque empequeñecidos, a sus dioses: once tíos buenos en calzón corto y sudando la camiseta. Aún danzaba cuando escuchó el llavín en la cerradura del apartamento.

- ¡Qué pronto ha dado la vuelta! -Exclamó con disgusto-. Debería de haber tardado un poquito más. Aún me falta por ver el partido que retransmiten por la...

No pudo acabar la frase. Miguel la observaba desde la puerta del salón.

- Pero, ¿qué te ocurre? -preguntó muy extrañada-, ¿te sucede algo? Tienes un color de cara...

- Nada, nada -respondió él con esfuerzo. Luego se refugió en el dormitorio.

Herminia tomó el mando a distancia. Olvidó a su marido. Ahora tenía que buscar el canal por el que retransmitían el encuentro. Este internacional. En diferido. ¿Qué importaba? Como le quedaban unos minutos recogió del parquet, con mucho cuidado, las palomitas que no estaban pisadas. Ya no le quedaba tiempo para ir hasta la cocina, preparar en el micro otra tanda..., no, no tenía tiempo. ¿Lo mejor? Después de soplarlas las fue colocando en el bol. Se arrellanó en su "rinconcito" del sillón, como solía llamarlo y, palomita va, palomita viene, se dispuso a disfrutar del segundo partido de la jornada.

De tanto como se ensimismó llegó a olvidarse por completo de Miguel quien, en el cuarto, boqueaba como un pez. Trataba de desembarazarse del jersey que ella le tejió mientras veía el pasado mundial, con los colores de su equipo, como era de esperar. Pero, ¡ay!, el cuello, demasiado estrecho, le ahogaba. Miguel tiraba de los faldones de la prenda, de atrás hacia adelante, pero no conseguía quitárselo.

- Gol, gol, goool -chillaba de nuevo Herminia.

Mientras él se batía con el suéter, pensaba con tristeza:

- Está visto que no quiere dejarme escapar. Soy su prisionero. ¿Por qué mi esposa no será una mujer normal a quien le guste ir de compras, ver tiendas, pintarse las uñas..., incluso cotillear con las amigas? Al menos, y no creo que sea pedir tanto, debería echar un vistazo a la labor... cuando la hace. Pero no, se emboba ante los jugadores. Jalea todos los goles y, para mayor recochineo, es lo único que comenta con las amigas. Ante ellas presume de conocer a tal jugador, a no sé qué entrenador, al presidente de tal club... ¡No lo entiendo! -Miguel, desesperado, acabó lanzando un grito casi animal-: Herminiaaa... ¿cuántos tantos deberé meter esta noche para que me hagas un poquito de caso?

Del salón tan sólo llegó una respuesta:

- Gol, gol, gol, goool, gooool, goooool...

_______
Nota.- Con este cuento participé en el II Concurso de Relatos para leer en tres minutos "Luis del Val", convocado por el Ayuntamiento de la Villa de Sallent de Gállego. Según carta enviada por dicho ayuntamiento en fecha 23/3/05, nº de Registro de salida 458 este relato fue seleccionado y publicado en una antología titulada "Relatos para Sallent".

Este relato estuvo en my space "PuRo CuEnTo" desde el 5-XI-04 hasta el 30-I-09 en que lo retiré.


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