martes, 25 de noviembre de 2008

Relato de crudo invierno

Muñeca de escayola imitando a porcelana,
trabajo artesanal realizado por Juana Castillo Escobar.
(Pintura de cara, manos y piernas al óleo; cuerpo y traje cosidos a mano)
Vestidas de azul ®
Juana Castillo Escobar


De forma invariable, como de costumbre, aquel año nevó la noche de Reyes. Cuando las hermanas Montalto despertaron, el campo que circundaba la casona apareció pintado de blanco. Alegres, vestidas de azul, corrieron hasta la sala, la gran sala donde aguardaban sus regalos. En torno al descomunal abeto las cajas, envueltas en papeles de vivos colores y cerradas con grandes lazos, mantenían en su interior el secreto de sus deseos, que eran justamente lo que les habían pedido. En la chimenea crepitaba un alegre fuego. Y, en toda la casa, se podía sentir su calor, también el agradable aroma a resina quemada. Fuera, Hugo deambulaba por la hacienda. Para él, un año más, los Reyes le habían olvidado. Al menos, en ningún rincón de su casucha, encontró nada. Tal vez, a la noche, cuando sus padres regresaran de su trabajo en la casona, le traerían algo. O, tal vez, sus Majestades habían perdido algún detallito en la casa de los señores, aunque fuera un coche viejo o un balón usado... Hasta él llegaron las risas y los animados cánticos de las cuatro hermanas. En aquel momento debían jugar al corro. Estaba seguro. El muchacho, como pudo, trepó por el roble que crecía junto a la casona. Desde él podría ver a las niñas y confirmar su teoría. Escondido entre las deshojadas ramas, mojándose con la nieve que las cubría, las contempló embobado. Jugaban, como él las imaginó, en torno al gran abeto. Cantaban felices:



"Tengo una muñeca
vestida de azul
con su camisita
y su canesú.
La saqué a paseo..."



- Hoy no podremos salir de paseo -exclamó la segunda hermana con tristeza.
- Quizá sí. Si nos abrigamos bien, a lo mejor nos dejan jugar un ratito en la nieve. Haríamos una batalla formidable. Pediremos que nos acompañe Elsa, la hermana del jorobadito, si no tiene cosas que hacer en la casa.
- Mira, Leonor -dijo la pequeña-, ahí está Hugo, en el árbol, espiándonos como siempre. Las cuatro se acercaron a la ventana. La entreabrieron un poco y, desde el alféizar, comenzaron a sonreír al muchacho. Después le fueron enseñando sus regalos de Reyes. Hugo, sin inmutarse, las observaba. Las niñas cantaron:

"Tengo una muñeca
vestida de azul.
Anda, Hugo, dinos:
¿Qué tienes tú?"


Después, rieron. Como él continuaba callado fueron más allá en sus vejaciones. Una de ellas, la pequeña, le sacó la lengua; la segunda también. La tercera le hizo burla: dejó la ventana unos segundos, al cabo volvió cojeando, se asomó a ella, ahora llevaba un almohadón en su espalda que imitaba la incipiente joroba del chico. Leonor, la primogénita, reía las gracias de sus hermanas. Cansada de tanto mutismo le increpó:
- ¿Acaso te has convertido en pájaro para estar ahí subido? Como sigas espiándonos me chivaré a mis padres. Ellos se lo dirán a los tuyos para que te riñan. Y, si continúas, les pediré que tú y tu familia seáis expulsados de la hacienda por muy contento que esté mi padre con el tuyo por ser tan buen ojeador y chófer. O mi madre con los servicios de la tuya, y de tu hermana. Se quedarán todos sin empleo. También tu hermano, el pastor...
Dicho esto hizo una bola con la nieve depositada sobre el zinc de la ventana y la lanzó, con tal fuerza, que el muchacho perdió el equilibrio y cayó pesadamente al suelo. Las demás hermanas reían. Él, dolorido y despechado, intentó levantarse y salir corriendo. Deseaba desaparecer. Ellas cantaron de nuevo:


"Tengo una muñeca
vestida de azul,
y un sirviente cojo, jorobado y loco:
Hugo, dinos,
¿qué tienes tú?"


La pequeña gritó:
- Loco, loquito. Algún día serás mi paciente. Estás enfermito... -de nuevo Hugo pudo oír las risas de las cuatro hermanas ya en la calidez del salón.
En el Psiquiátrico Hugo observa a través de la ventana enrejada que da al patio, éste parece una enorme pizarra pintada con tiza. También hoy debe ser el día de Reyes, pero tampoco le traerán nada esta vez. Todos piensan que está loco. ¿Porque se pasa la mayor parte del tiempo cantando "Tengo una muñeca"...? ¡Que piensen lo que quieran, a él le da lo mismo, en el sanatorio está caliente y atendido! A través de la puerta escucha la inconfundible voz del doctor. Pasea por el corredor con alguien a quien le va explicando:
- En este ala se encuentran los enfermos con cargos penales, señorita Montalto. Se trata de esquizofrénicos, paranoicos, oligofrénicos… Han llegado hasta aquí tras haber cometido alguna falta grave que, por otro lado, no la llevaron a cabo de forma voluntaria ni premeditada sino que todo es achacable a su mal.
Hugo sonríe con perversidad. "Señorita de Montalto. Señorita de Montalto. Yo conocí a cuatro señoritas de Montalto y por ellas estoy aquí..."
- ¿Podría ver a este enfermo? ¿Cómo se llama?
- Aquí son sólo números. Este es el 634.
- ¿Por qué está aquí?
- Violación.
A través de la gruesa puerta ambos doctores escuchan la salmodia de Hugo, que no acaban de entender. Él canta:


"Tuve cuatro muñecas
vestidas de azul
violenté a las cuatro
por cantarme:
Hugo, dinos,
¿qué tienes tú?
Ahora tengo a la más pequeña
que doctora es,
dijo que me curaría
entonces de aquí pronto saldré."

_______
Nota.- Este relato está publicado también en la página Web: http://www.estandarte.com/ y forma parte del cuaderno titulado "Relatos para las cuatro estaciones -Invierno-". Presentado en el Registro de la Propiedad Intelectual el 16 de agosto de 2005, nº M-006286/2005. La matriz de inscripción definitiva: nº de asiento registral 16/2008/2297, de fecha 13 de marzo de 2008.



jueves, 20 de noviembre de 2008

Día de la Infancia

Foto obtenida en Internet
En el Día Internacional del Niño, y porque no todos viven felices, muchos sufren y no conocen lo que es ser niño, por eso, y sin ánimo de aguaros el día, me pregunto:

¿Infancia feliz? ®
Juana Castillo Escobar


A tí, niño querido,
Tierno infante, o ya mocito.
A tí, querido niño,
Quiero rendir homenaje
A tu dolor,
Con infinito cariño.
Quiero cantarte a tí,
Niño somalí,
Muchacho peruano,
Chileno, brasileño,
Dominicano,
Hindú, judío, palestino o iraquí...
O gitanilla del suburbio de Madrid.
¿Qué más da vuestra raza,
El entorno,
El lugar de nacimiento
Si todos "gozáis"
Del mismo sufrimiento?
Con el corazón desgarrado
Por vuestra infinita tristeza,
Esta que os escribe
Os quiere recordar
Dejando sobre el papel la impronta
De vuestra infelicidad.
Niños del Tercer Mundo,
Nombre horrible inventado
Por los que todo tienen
Atado y bien atado.
¿Cómo os podría ayudar?
Cobijo quisiera ofreceros,
Un techo bajo el que descansar
Sin sobresaltos,
Sabiendo que mañana
Podréis desayunar,
Por ejemplo.
Daros todo mi cariño,
Amparo, consuelo…
Creo que, con saberos queridos,
Todo se os haría más vivo.
Ahora, unos morís,
A otros, os matan,
Otros aprendéis la maldad
De vivir entre "las ratas".
¡No hay derecho!
¡No hay justicia!
Este Primer Mundo,
Que de los demás se olvida,
Debería de acordarse
De cuando él también padecía.



Viernes, 11 de Junio de 1993 - 10,40 a.m.
Este poema forma parte de una antología titulada "Contigo somos tres",
poemas para canciones 1ª parte, aún inédita. Lo tengo también publicado en "My space" y en el blog "Pluma y Tintero".

domingo, 16 de noviembre de 2008

Recuerdos

Attitude - Margot Fontein y Rudolf Nureyev
Foto obtenida en Google
En el principio (un pedacito de historia) ®
Juana Castillo Escobar

Entonces lo comprendí todo… En el principio fue el verbo. Amar es el origen. Amaron y nací. Me dieron amor y amé lo que ellos amaban: los buenos libros, la escritura, nuestra casa. La casa de mi niñez, antigua, anclada en el Barrio de Maravillas, en una calle tan estrecha y corta que semeja la añosa arteria de una anciana acartonada y seca. Hoy las piedras de sus muros están grises, encanecidas por el tiempo, pero pervive hermosa en mis ensueños. Recuerdo con todos mis sentidos su portal pequeño; la escalera oscura, con peldaños tan ajados y chirriantes que daban paso a una extraña música cada vez que bajaba corriendo; la vivienda amplia, como casi todas las de la zona. La vida se hacía en la cocina; el hogar, aún de carbón y leña, en el invierno arrojaba gratos aromas a resina; el fregadero y su grifo de latón que, de tan brillante, parecía de oro; el único aparato de radio descansaba sobre uno de los basares y amenizaba las tardes y los días trayendo las pocas noticias que llegaban del exterior, música de los cincuenta, sainetes, zarzuelas, Matilde Perico y Periquín.... A través de su ventana nos llegaba el dulce olor a pan y a masa para bollos que fabricaban en la tahona del piso bajo. El paisaje que nos brindaba era el de un patio estrecho, gris y desconchado, pero con vistas al cielo. La única nota de color estaba en los balcones con sus macetas en las que claveles, geranios de olor, hierbabuena y albahaca esparcían su aroma por la casa a la llegada del buen tiempo. En el invierno la fragancia era especial pues los armarios roperos, hacia Noviembre, guardaban entre la ropa blanca, membrillos envueltos en papel de seda junto con bolsitas rellenas con espliego y romero. Ahora, lejos de esta casa infantil, revivo costumbres, leo, escribo, veo crecer a mi hija… regreso, en fin, al origen: evoco y amo pues en el principio fue el verbo. Amar está en el principio, cuando amas es cuando lo comprendes todo.
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Nota.- Este relato está publicado también en www.margencero.com y pertenece al cuaderno "El giraldillo (veintiún relatos y un poema)" registrado en el Registro Territorial de la Propiedad Intelectual con el nº de asiento registral 16/2006/5098, de fecha 30 de agosto de 2006.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Un poema solidario

Auguste Rodin - Mano de Dios, 1898



… Y te entrego mi poema, Colombia ®


Recibí la llamada a la solidaridad
De un pueblo hermano que agoniza
Bajo la bota del opresor que aterroriza,
Mata, viola, destruye todo cuanto a su paso halla:
Todo lo que no se adecua
A la norma establecida
Hay que sacarlo de esta vida, no interesa, es morralla.

Desde la lejanía escribo mi poema,
Tiendo mis manos vacías
De odio
Y las dejo volar a través de valles y montañas,
A través de pedregales, ríos, lagos y pastizales,
En el deseo de que atraviesen el océano y lleguen
Hasta Colombia, hermana, de corazón y de sangre,
De parecidas costumbres y lenguaje.

Apóyate en mis manos, hermano,
Y en otras manos que, como las mías,
Se abren para curar heridas,
Restañar la sangre vertida,
Apaciguar tensiones…

Aunemos nuestras fuerzas,
Unamos nuestras voces:
Gritemos en un poema: no a la guerra,
No a las masacres, no a las minas…
Y sí a la comprensión, a la solidaridad, al amor global.

Globalicemos el amor:
Reguemos el orbe todo con este sentimiento,
Dejemos que su semilla arraigue
En forma de poemas, de manos tendidas…
Dejemos que hable el corazón,
Que la fuerza de su voz acalle el estruendo de las armas,
Si Gandhi lo consiguió
¿Por qué no conseguirlo ayudándonos tan sólo
Con nuestra voz?
¿Con la voz de un puñado de poetas locos?




® Juana Castillo Escobar
Madrid, 15 de Marzo de 2008 – 22,18 p.m.
Poema enviado a "Poetas del Mundo" en solidaridad con el pueblo colombiano.
http://www.poetasdelmundo.com/verInfo_europa.asp?ID=3486