jueves, 22 de mayo de 2008

Una imagen, un poema

Mal de amores
Óleo de Julio Romero de Torres (1874-1930)

Amor callado, amor secreto
(Quinteto)

Juana Castillo Escobar ®



Amor callado, secreto.
Amor sincero, amor puro.
Amor que, de tan discreto,
Se sumerge en el oscuro
Piélago de lo inconcreto.

Amor callado, sincero.
Amor tan puro: divino.
Amor celoso, ligero.
Amor secreto, de niño.
Amor, mi niña, te quiero.

Amor que rompe el corazón.
Amor, que tan bien guardado,
Se nos anubla la razón
Por ser, amor, ansiado
De nuestro árbol primer botón.

Amor callado, sincero.
Amor tan puro: divino.
Amor celoso, ligero.
Amor secreto, de niño.
Amor, mi niña, te quiero.



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Este poema forma parte del cuaderno semi-inédito y al que da título: "Amor callado, amor secreto".
Está registrado en el Registro de la Propiedad Intelectual de Madrid con el núm. Expediente: 12/RTPI-009387/2005 - Núm. Solicitud: M-008993/2005 - Ref. Documento: 12/062132.4/05 - Fecha: 1 de Diciembre de 2005 - Hora: 11,59 - Y publicado en el Libro de Poetas 2007


viernes, 9 de mayo de 2008

Para todas las madres que pelean con uñas y dientes por sus hijos.

Pintores africanos - Maman et Moi II - Johanna

La Madre
Juana Castillo Escobar ®

No puedo resistirlo por más tiempo. Mis entrañas se revuelven porque, aún a pesar de haberlo parido hace apenas veinte años, lo siento dentro de mí tan vívido como cuando no era nada, como cuando pasó a ser feto, como cuando lo parí entre dolor y sangre, como cuando se lo llevaron y sentí, de pronto, olor a muerte, sabor a hiel...
Cuatro, vinieron cuatro hombres. Uno gordo, era el que llevaba la voz cantante; tres flacos y mal encarados, todos envueltos en abrigos grises de paño grueso, las solapas amplias, alzadas para no dejar ver bien sus rostros en los que el odio estaba tallado como sobre duro granito. Cuatro hombres grises, con botas militares, echaron la puerta abajo, mientras dormíamos, sin avisar, y lo agarraron por los hombros, a mi niño, y lo arrastraron delante de mis ojos, lo secuestraron...
Él sabe que yo estoy con él. Yo le guardo. Yo sé lo que él sabe. Yo conozco dónde está. Yo siento en mis carnes sus padecimientos, me llegan como si fuese a mí a quien torturan con saña. Porque yo sé, una madre sabe cuándo y cuánto están dañando a su hijo que es carne de su carne.
No aguardaré mucho más. En cuanto caiga la noche, envuelta en su negro manto, cubierta por mi rebozo, volaré hasta él.
Esos cuatro no me conocen, no saben nada de mí. En cuanto tenga ocasión extenderé mis alas oscuras y, una vez águila, llegaré a su celda y lo libertaré. Juntos remontaremos el vuelo, escaparemos por el hueco tuerto de la vieja ventana.
Locos, se volverán locos cuando lo busquen en la celda. Locos, todos ellos están locos y más que lo estarán. No podrán explicar a sus superiores cómo han perdido a uno de sus reclusos. Yo les daré motivos para patear. ¡Que pateen las paredes de la prisión hasta que sus pies se conviertan en muñones! Yo, la madre águila, les daré a probar hasta que se harten de la taza del dolor.


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Nota.- Este relato aparece publicado en la página web de la revista http://www.margencero.com/ en el espacio "Personajes Secundarios, segunda entrega", desde el 26 de Mayo de 2005. El cuaderno al que pertenece, VEINTIDÓS HISTORIAS DE MUJER Y UN RETRATO, está Registrado en el Registro de la Propiedad Intelectual de Madrid con el Núm. Expediente: 12/RTPI-006595/2005-12-07 - Ref. Documento: 12/040455-2/05 - Núm. Solicitud: M-006285/2005-12-07 - Fecha: 16 de Agosto de 2005 - Hora: 12,36