viernes, 29 de junio de 2007

De estreno








El pasado 16 de Junio, en la sala "Aires" de Córdoba, tuvo lugar la presentación de este libro: "CREADORES III/CRIADORES III".

Entre más de un centenar de artistas de España, Alemania, Portugal, Brasil, Méjico, Cuba, Argentina, Francia, Mozambique, Isarael, Angola,

Rusia, tengo el honor de encontrarme. Participo en este volumen como: Pintora, poetisa y cuentista.

Es mi deseo compartir con todos vosotros, amigos que me visitáis la alegría de este nacimiento que, aunque se trata de un "nacimiento por encargo", léase, previo pago de su importe, no por ello me resulta menos querido.
Espero que disfrutéis con la lectura del relato y del poema y que, mis balbuceos como pintora autodidacta, os resulten agradables a la vista.


La mina
Juana Castillo Escobar

Todas las mujeres de la comarca, las pupilas entenebrecidas, aguardan nerviosas, en silencio. Una de ellas mira ausente, el cabello encanecido por las pavesas que vuelan y nublan el cielo del valle, más sombrío de lo habitual. La bocamina exhala grises volutas. Desde su veta reventada aún llegan los estertores de la explosión. Al cabo, empieza el movimiento: las cestas suben ahítas de espectros envueltos en mugre, sangre, sudor y muerte.
Ella busca con ansia a su recién estrenado marido. La pena le rasga las entrañas, que ya no están vacías. Él no aparece. Alucinados, los trabajadores que pueden hacerlo por sí mismos huyen del pozo. Otros, salen sobre las espaldas de sus compañeros. Y, otros, son transportados en pedazos dentro de las carretillas.
El llanto, el clamor de las mujeres ante la masacre, crece y se difunde a través del bosque renegrido y solitario. Ella, enloquecida, cree oír fragmentos de diálogos, conversaciones grabadas en su mente que le hacen llorar de rabia, dolor, desesperanza e impotencia. Dejemos el valle -le pidió no hace mucho-. La mina cerrará. Moriremos con ella. Mujer, hablas de lo que no entiendes. Yo soy feliz aquí. La mina está a pleno rendimiento. En sus entrañas hay… ¿Por qué no le respondió a tiempo? ¿Por qué dejar las cosas para una mejor ocasión? Ahora es tarde para decirle: En mis entrañas crece tu semilla, pero no conoces ni conocerás su existencia. Das por hecho que no entiendo nada de nada porque soy mujer. Pero supe desde siempre, desde la noche negra de los tiempos, que la mina en todo momento cobra su tributo, no mira a quién le pasa la factura ni la cantidad de sangre que recolecta. ¡La odio! Es cierto que la mina lo da todo, pero también lo absorbe todo. ¡Ogro que se alimenta de carne humana! ¡Siempre fue mi rival! ¡No ha parado hasta hacerte suyo pero, mi hijo, no lo será jamás! La mujer, con el cabello cubierto de pavesas, abre sus ojos del color del plomo derretido. Con ellos encharcados mira a su alrededor: el espectáculo es dantesco ante él decide emprender su camino a la ventura y la libertad. Irá lo más lejos posible de la mina, en busca de un cielo luminoso bajo el cual criar a su retoño.


Son los ojos

Juana Castillo Escobar


Son los ojos dos espejos
Por donde se nos escapa el alma.
Son los ojos dos cerezos
En los que nuestra fruta está colgada.

Son tus ojos y los míos
Dos lagunas en calma.
Son tus ojos, cielo mío,
El lugar en el que reposa mi alma.

Dos espejos son tus ojos
En los que me veo reflejado.
Son tus ojos los cerrojos
Con los que me tienes encerrado.

Son tus ojos y los míos
Dos sabios que charlan.
Son tus ojos y los míos
Dos palomas que se abrazan.

Dos luceros son tus ojos
Que alumbran en tu cara.
Son tus ojos dos luceros
Que al brillar dan esperanza.
Son tus ojos y los míos
Dos amantes que se aman.
Son tus ojos y los míos
El huracán y la calma.

Son tus ojos y los míos
Dos espejos que se encaran.
Son tus ojos, cielo mío,
Donde se te refleja el alma.





Nota.- Si estáis interesados en ver el vídeo de la presentación id a: http://www.youtube.com/watch?v=s3JR4OrKmUA

http://www.youtube.com/watch?v=vFtrsZ_aKjU

sábado, 23 de junio de 2007

Un poema para el día de San Juan

Anochecer en el Puerto de la Cruz, Tenerife



LA MAÑANA DE SAN JUAN

Juana Castillo Escobar


La mañana de San Juan
Te pedí que saliéramos
Juntos a pasear
Por la orilla de la mar.

Por la orilla del mar, mi niña,
Juntos paseamos los dos.
Cogiditos de la mano
Hacíamos un hueco al amor.

La mañana de San Juan
Juntos salimos a pasear,
Cogiditos de la mano,
Por la orillita del mar.

Era tu risa, mi niña,
Tan clara como la mar,
Y tus labios, tan jugosos,
Que sentí la necesidad
De besarlos ardoroso…

Y me invité a besar tu boca, niña,
En la orilla del mar,
Una mañana embrujada,
La mañana de San Juan.

Nada más comenzar a reír, mi niña,
Te besé con pasión, y tú, asustada,
Quisiste huir de mí cual potrilla desbocada.
Corrías, saltarina, niña,
Por la orillita de un mar en calma.

Por la orilla de la mar
Te pedí
Que saliéramos a pasear
La mañana de San Juan.

Cuando te alcancé, niña, pude conseguir
Robar de tus labios otro beso,
El segundo que te pedí.
Un beso con sabor salado como la mar.

Sueño ahora con los besos que te di
A la orillita del mar
Cuando, solos los dos,
Jugábamos a amarnos
La mañana de San Juan.


Jueves, 25 - Domingo, 28 de Agosto de 2005 - 13,49 p.m.
Nota.- Este poema forma parte del cuaderno, inédito en parte, titulado: "Amor callado, amor secreto". Registrado en el Registro de la Propiedad de Madrid. Núm. Expediente: 12/RTPI-009387/2005 Núm. Solicitud: M-008993/2005. Ref. Documento: 12/062132.4/05. Fecha: 1 de
Diciembre de 2005. Hora: 11,59.

lunes, 18 de junio de 2007

De regreso al Cuenta Cuentos






LA HABITACIÓN DEL DESEO
Juana Castillo Escobar

La habitación del deseo aguardaba tras de aquella puerta cerrada. Desde niña llamó mi atención cada vez que, junto con mis padres y hermanos, visitábamos el viejo caserón de la abuela.
Debí comenzar este relato, cuento, escrito, o como queramos llamarle, con una variante de esa frase: la habitación de mis deseos, de mis anhelos, de mis interrogantes, del misterio… Porque, para mí, aquella habitación cerrada a piedra y lodo, era un acicate para mi fantasía, siempre viva y dispuesta a ver cosas donde no las hubiera, a inventar historias, a buscar explicaciones a lo que no las tenía.
Recuerdo que los veranos, durante los meses de descanso, cuando el colegio cerraba sus puertas y nos trasladábamos al pueblo, en el viejo caserón mis sueños eran especiales: siempre estaban llenos de magia y ternura, de hadas y duendes, de hermosas princesas y valientes caballeros capaces de vencer dragones, ogros y seres inmundos, sólo por conseguir los favores de su amada. Todos estos personajes vivían para mí, al otro lado de aquella puerta, dentro de la habitación cerrada a la que nadie daba ninguna importancia y yo, en cambio, rendí culto desde los años más tempranos de mi niñez.

-… toc, toc, toc.
Golpeé con los nudillos sobre la puerta de cuarterones gruesos y negros. Hasta mi nariz llegó el aroma a cera con la que la abuela pulía muebles, puertas y todos los objetos de madera de la casa, suelos incluidos. No obtuve respuesta. Llamé con más fuerza, con insistencia… La puerta giró sobre sus goznes, sin hacer ruido, y quedó entreabierta ante mis ojos expectantes. Avancé un par de pasos, después reculé y volví a mi posición inicial en el pasillo: un hálito frío me envolvió al abrirse la puerta, un olor a moho, naftalina y flores muertas se escapó de aquel cuarto condenado. Fue algo parecido a lo que sentí al entrar en una iglesia del norte: frío, miedo y humedad; era como zambullirme en un bosque húmedo y helador pero que me atraía como canto de sirena.
- ¿Hay alguien? –Pregunté con un hilo de voz cuando conseguí avanzar de nuevo. Metí la cabeza por el hueco de la puerta, bien asida al tirador de bronce, con una mano, y a la madera del dintel con la otra. Repetí mi pregunta-: ¿Hay alguien ahí?
Hubo un siseo. Noté como si corriesen seres minúsculos por el fondo del cuarto. Mis ojos se fueron acostumbrando poco a poco a la oscuridad del interior, me pareció adivinar la figura de una mujer vestida completamente de blanco, de la cabeza a los pies; también distinguí el respaldo de un sillón enorme, su silueta me recordó al trono del padre de “La Bella Durmiente” y que yo estaba harta de ver dibujado en mi libro de cuentos. Había muebles apilados, estantes, un aparador enorme con un espejo cuya luna era de color negro y, sobre la cual, el polvo dejó una pátina blanca borrada a retazos y en el que adiviné el reverbero, más que ver, de un fanal con flores secas.
Entré. El corazón galopaba en mi pecho, era un potro joven y desbocado, pero, por eso mismo, no le hice ningún caso. La puerta se cerró a mi espalda sin apenas hacer ruido. Respiré profundamente, para apartar el temor… Lo que hice fue atraer el polvo hasta mi nariz lo que me llevó a estornudar de forma ruidosa al menos cinco veces seguidas. Entonces escuché una vocecilla que dijo a mi lado:
- Salud y bienvenida.
Di un respingo. Me puse en guardia: hacía karate en el cole y, de forma inconsciente, abrí las piernas, flexioné las rodillas, y alcé mis brazos en actitud defensiva.
Hubo risas, de nuevo noté carreras en el interior de la habitación, sentí un revoloteo en torno a mi cabeza. Oí con total nitidez junto a mi oído:
- No somos tus enemigos, Betty. Todo lo contrario…
- ¿Dónde…? ¿Dónde estáis? ¡No os veo! ¿Quiénes sois? ¿Cómo sabéis mi nombre?
Las preguntas salían de mi boca a borbotones. Los brazos dejaron de taparme la cara. Puesta en jarras miré en derredor. Entorné los párpados para intentar ver algo más. De pronto se encendió una lucecita sobre mi hombro. Giré la cabeza: a la altura de mis ojos revoloteaba ¿una mariposa de luz? ¿Qué era aquello? Un cuerpecillo sonrosado sostenido por unas alas transparentes, nacaradas, que despedían destellos irisados a su alrededor.
- Hola… ¿Quién…, quién eres?
- Pues…, en realidad…, nadie…
- ¿Cómo puedes ser nadie? Vuelas… Hablas… Brillas…
- Ahora sí, pero es gracias a ti.
- ¿A mí? ¿Por qué?
- Por atreverte a traspasar la puerta.
- ¿Sólo por eso?
- Sí. Has sido muy valiente.
- ¿Valiente al entrar en esta habitación?
- Sí. Hace años que no nos visita ningún niño. Sabemos que estáis en la casa. Os oímos gritar a la hora del baño. Nos encanta escuchar vuestras risas… Pero no veníais a vernos…
- ¿Veros? ¿A quienes? ¿Sois más?
Entonces aquella mariposa de luz se hizo un poco más grande. La vi mover la cabeza asintiendo.
- Pero…, pero… ¡Eres un hada! –Logré exclamar entre balbuceos.
- Sí.
- ¿Y no tienes nombre?
- No. El último que me pusieron se me olvidó. Además, cada niño que traspase la puerta deberá bautizarme de nuevo. ¡Cada uno tiene sus gustos!
- Bueno, entonces te llamaré… Espera que lo piense… Te llamaré… Hada de Luz. ¿Qué te parece?
En lugar de responder su brillo se acrecentó. Fue como si, de repente, se hubieran encendido todas las estrellas del cielo para iluminar una noche oscura. Sonreía. En su carita redonda, de luna llena, brillaban sus ojitos negros, dos bolitas de azabache en medio de unas mejillas sonrosadas.
- ¿Vives aquí sola? –Le pregunté.
- Sí y no –fue su respuesta que me llegó acompañada por un guiño pícaro.
- No entiendo.
- Yo vivo en ese fanal –dijo a la par que se volvía hacia la cómoda, enorme y oscura y me lo indicaba con su dedito-, entre esas rosas desecadas. Pero hay duendecillos que viven entre las juntas del parquet, hadas que van y vienen, viven en el mundo exterior porque han encontrado una salida a través de ese cristal roto del ventanuco que está en lo más alto del techo. De vez en cuando tenemos visita…
- ¿Visita? ¿Quién os visita?
- La dueña de la casa. Viene aquí a descansar. A veces se sienta junto a la ventana, en ese sillón enorme, se queda transpuesta y luego, digo yo, viene también a inspirarse…
- ¿A inspirarse?
- Sí, de vez en cuando la vemos escribir. Nosotros revoloteamos a su alrededor y nos sonríe…

Ese era mi sueño de niña. Un sueño persistente, con ligeras variaciones, que me duró hasta bien entrados los once años.
Luego llegó la pubertad. Con ella cambios y complejos. La habitación continuaba siendo la misma: una puerta cerrada tras la cual crecían mis deseos. Deseos de crecer, de hacerme mayor, de convertirme en una joven delgada y bonita, alguien capaz de interesar a un caballero y que éste estuviera dispuesto a darlo todo por mí.
Murió la abuela.
Dejamos de veranear en el caserón. Hubo una época en la que mis sueños se fueron esfumando como la bruma después de una mañana de niebla.
Mis hermanos se casaron.
Crecí. También mis complejos pero, al final, encontré a alguien que me quiso, como me dijo la abuela antes de dejarnos: “Serás feliz. Llegará alguien que te quiera por lo que vales, por lo que eres y no por cómo eres, eso le dará igual. Haz caso de una vieja que te quiere y conoce bien”.
He sido madre. He vuelto al caserón de la abuela, en el que ahora vive mi madre, con mi marido y mi hija. La puerta de la habitación de los deseos continúa cerrada, ¿acaso importa? María, nuestra hija, con su media lengua pregunta: “¿Qué hay detás?”, entonces yo me siento en la mecedora, la acurruco junto a mi corazón y le cuento historias que por la noche, y cuando nadie me ve, escribo sentada en el viejo y enorme sillón de la abuela. Hada Luz me acompaña para iluminar los momentos en los que la inspiración se vuelve esquiva.
La habitación del deseo está al otro lado de la puerta de la fantasía, pero no necesito traspasarla, ella viene a mí cada noche. Es una cita no acordada a la que no falto por nada del mundo.

Madrid, 18 de Junio de 2007
19,01 p.m.

Más relatos con la misma frase ver en: http://cuentacuentos06.spaces.live.com/?owner=1

domingo, 17 de junio de 2007

Veletas y poesía








EL GIRALDILLO


Juana Castillo Escobar


Gira, gira, el giraldillo.
Gira y gira sin parar.
Gira, gira, el giraldillo.
El giraldillo no hace más que girar.

Gira la veleta,
Figura de mujer alada,
Que persigue, pizpireta,
Su acomodo en la balconada.

Gira, gira, el giraldillo.
Gira y girar sin parar.
Gira, gira, el giraldillo.
El giraldillo no hace más que girar.

Gira la veleta,
Niña, como ella giras tú.
Yo te aconsejo, coqueta,
Que no pierdas la juventud
Girando sin una meta.

Gira, gira, el giraldillo.
Gira y gira sin parar.
Gira, gira, el giraldillo.
El giraldillo no hace más que girar.



Madrid, 25 de Octubre de 2005

Nota.- Este poema nació de una proposición hecha por Rafael CORTES MINUTTI, artesano de México que se dedica a construir veletas. Me pidió que participase con un relato, o un poema, que más tarde serían leídos y estudiados en la Universidad autónoma de México. El relato, titulado: "El giradillo, amor a primera vista", lo podéis leer en la página web: http://www.margencero.com/ en la revista conmemorativa del 5º aniversario. El poema está registrado en Madrid y forma parte de un cuaderno titulado: "El giraldillo (veintiún relatos y un poema). Registro de la Propiedad Intelectual, 24-V-06, nº M-004098/2006.

martes, 12 de junio de 2007

Un mar de poesías

El Atlántico en la isla de Tenerife







LA MAR OCÉANA
Juana Castillo Escobar


El mar, océano, bate contra negras rocas de lava.
Embravecido,
Sabedor de su poderío,
Estalla esmeralda para, más tarde,
Convertirse en inocua espuma blanca.

Ruge el mar y espanta
Todo temor conocido.
Él es el amo.
Señor de lo humano y lo divino.

Verde océano.
Movimiento constante de envite y retroceso.
Penetras en la playa, la lames, la besas
Y, cual infiel amante,
Oh, verde océano, huyes…
Para regresar con más fuerza
Si cabe.
Y la playa, amante fiel,
Sus brazos te abre
Para cobijarte un instante.

Lunes, 29-VII-2002, 9,50 a.m.

Nota.- Este poema forma parte del cuaderno inédito titulado: "Poemario - Cuaderno del Puerto de la Cruz, 2002".








Esculpiendo poesía

Escultura en bronce. Autor: Lorenzo Quinn
JUNTO A TÍ
Juana Castillo Escobar


Tus dedos vagorosos
Recorrieron con suavidad mi piel,
Su blando terciopelo logró avivar
De mi dormido deseo la llama
Aquel día junto al mar.
Y junto a ti,
Sentados frente al mar,
Volví a sentir
Cuánto se puede querer.
Y junto a ti
Noté cómo mi sangre hizo latir
De nuevo mi corazón
Añoso y roto por el dolor.
Y tu piel de espuma
Mezclada con mi piel,
Tus manos suaves,
Tus ojos color de miel,
Tus cabellos al viento cual abundante mies
Bombearon nueva ilusión,
Trayéndome el deseo de otro amor.
Tus dedos vagorosos,
Con suavidad,
Recorrieron mi piel desatendida años atrás
Haciéndola vibrar.
Tocaron mi corazón dormido
Y lo consiguieron despertar.
Y ahora aquí,
A tu lado, frente al mar,
Es mi deseo siempre vivir
Mecida por su espuma y tu mirar.
Y junto a ti,
Cerquita muy cerca de tu piel,
Fundidos en un solo sentir
Hasta la eternidad quiero vivir
Recalada frente al mar.
A tu lado vivir
Cerca de tu mirar
De ojos profundos y amantes
Que me encuentran sin llamar.
Y junto a ti,
Muy cerca, cerquita de ti,
Fundida con tu piel,
Color de miel,
Quiero vivir, amor, una eternidad sin fin.


Jueves, 28 de Julio de 2005 - 13,25 p.m.


Nota.- Este poema es una ligera variación del que forma parte del cuaderno, en parte inédito, titulado "Contigo somos tres -Poemas para canciones" y registrado en Madrid en el Registro de la Propiedad Intelectual.

jueves, 7 de junio de 2007

El poema que dio título al Blog


PERLAS DE LUNA

Juana Castillo Escobar


Perlas de luna llora la niña
Por un amor que la olvidó.
Perlas de sangre llora contrita
Porque su amante la abandonó.
Lágrimas que son perlas
Resbalan por sus ebúrneas mejillas.
La niña llora en silencio
Su soledad infinita.
Perlas de luna llora,
Llora perlas de sangre,
Perlas escapadas de las ventanas del alma,
Perlas etéreas que se funden con el aire.
Llora perlas de luna la niña
Mas su amor ya ni lo sabe.

Martes, 27-III-07 – 11,39 a.m.

Nota.- El presente poema forma parte del cuaderno inédito titulado: "Poemas en Madrid - 2007".